13 de marzo 2001 - 00:00

Cavallo y Álvarez cierran cumbre política

El gobierno latinoamericanizó ayer su proyecto de reforma política en el marco de un variopinto foro, al que asisten desde el sandinista Daniel Ortega hasta el uruguayo Luis Alberto Lacalle (partido Blanco), y que cerrarán hoy los locales Carlos Chacho Alvarez y Domingo Cavallo.

Casi a la misma hora que el cura Luis Farinello repartía no precisamente bendiciones sobre Fernando de la Rúa y su gabinete, el Presidente cortaba las cintas del debate inter-nacional en un hotel 5 estrellas de Puerto Madero.

En la competencia por despertar curiosidad, pudo resultar más atractivo el revival ideológico del prelado que la ceremoniosa discusión organizada por Federico Storani. El ministro del Interior imaginó que internacionalizar la reforma política que todavía no pudo votar el Congreso por desavenencias de la misma Alianza y oposición del PJ podría acelerar el paso cansino en el ámbito parlamentario.

La ausencia del peruano Alan García, uno de los favoritos del mailing de los Fredi boys, dejó sin foto de recuerdo a Chacho y defraudó a muchos asistentes que se quedaron en los '80. Algunos de ellos estuvieron a punto de sumarse al farinellismo, de no haber sido por el confort hotelero.

Frente a una platea más que colorida -Carlos Corach, el boliviano Jaime Paz Zamora, el radical Raúl Alconada Sempé y el intendente de Montevideo, MarianoArana-, De la Rúa repitió frases de circunstancia sobre la necesidad de «mejorar a los partidos políticos», incluida la reducción de gastos «para hacerlos más creíbles y así afianzar la democracia».

Antes de marcharse a la Casa de Gobierno, donde lo esperaban varios funcionarios para asumir funciones, escuchó a Storani, quien reclamó la búsqueda de «denominadores comunes para la política en América latina».

Luego de celebrar que
«no existan peligros de golpes de Estado», enumeró «otras acechanzas» para las democracias, por ejemplo, «el terrorismo, el narcotráfico, la falta de representatividad, la pérdida de prestigio y credibilidad de los partidos políticos produjo un deterioro del sistema democrático».

Evocando su pasado de joven rebelde, reaccionó como si quisiera frenar una fuga en masa hacia el Polo Social de
Farinello. «La gran falta de movilidad social, la pobreza y la marginación ponen en peligro la calidad de la democracia», sentenció el ministro del Interior.

Aníbal Ibarra, que pronunció uno de los discursos inaugurales, señaló «la falta de representación política de amplio consenso» como culpable de que América latina «no haya encontrado un modelo de desarrollo inclusivo». «Hemos ganado la ciudadanía política, pero hemos perdido la ciudadanía social», subrayó el jefe de Gobierno porteño con aire romántico.

Ibarra también se refirió a la crítica situación de los partidos políticos frente al descreimiento de la sociedad, y diagnosticó que existe «una suerte de universalización del desprestigio de la política». Y opinó que «ciertos aspectos burocráticos que regulan la actividad política se han vuelto estratégicos».

«Modernizar los procedimientos de la democracia para dotarlos de mayor permeabilidad social o revisar las formas de financiamiento de la actividad política para darle transparencia debería ser una tarea inmediata», reclamó.

En tren de halagar a
Storani (quizá, como una forma de contribuir a afianzar la Alianza), comentó que «las representaciones políticas que participan de esta reunión trascienden los encuadres ideológicos, y esto es bueno ya que existe la posibilidad de trazar una agenda de problemas comunes».

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