2 de agosto 2004 - 00:00

CGT: la izquierda ironiza con el adelgazamiento de los gordos

Implacable a la hora de juzgar, aunque escuálida a la de lograr votos, la Izquierda Unida se abalanzó contra los "gordos" de la CGT, ahora unificada, y de la CTA de Víctor de Gennaro, alimentando sus argumentos con el oficialismo que caracteriza a las dos ligas sindicales. Esta fuerza con pocos votos sale ahora a sostener manifestaciones antisistema, como lo hace la diputada Vilma Ripoll cuando defiende a los atacantes de la Legislatura adonde ella tiene una banca y cobra un sueldo por aprobar leyes, y rechaza obviamente la idea de que los gremialistas se conviertan en una alternativa frente a los piqueteros. El punto de partida parece legítimo, más allá de lo extravagante de las soluciones que propongan, por la escasa capacidad de los sindicatos argentinos para admitir una democracia íntegra que renueve elencos. Veamos la publicación de "Alternativa Socialista" en su última entrega.

Después de más de una década, volvieron a unificarse los dos sectores en los que estaban divididos los dirigentes sindicales del PJ. En sus primeras declaraciones, estos dirigentes aclararon que no van a enfrentar al gobierno de Kirchner y que le darán tiempo para que el gobierno defina si habrá aumento de salarios. Los trabajadores necesitan una central única para pelear por sus reclamos con mucha más fuerza. Pero esa central no es la que sale de esta «unidad».

Todos los medios reflejaron que detrás de la trenza por la cual se tejió este acuerdo estuvo la muñeca del gastronómico y senador nacional Luis Barrionuevo; algunos agregaron que participó también el radical experto en operaciones política, Enrique «Coti» Nosiglia, socio del gastronómico.

En los discursos y en las primeras entrevistas, Moyano y los otros dos secretarios generales destacaron la voluntad dialoguista de la CGT con el gobierno. Moyano declaró que no le habían pedido una cifra de aumento salarial al Presidente, ni siquiera le pusieron un tiempo para que les conteste. El único pedido concreto es que se reuniera la Comisión del Salario Mínimo.

Pero los salarios de los trabajadores de los sindicatos que se unieron en la CGT han perdido en los últimos años dos tercios de su poder adquisitivo. La mitad de todos los trabajadores del país cobran salarios en negro, y dos millones viven con menos de $ 150 por mes. Mientras que la flexibiliazación laboral y la multiplicidad de tareas han destruido viejas conquistas, situación esta que fue avalada por los dirigentes sindicales.

Estos dirigentes millonarios, responsables en complicidad con los gobiernos de haber dejado pasar la mayor desocupación de la historia del país, cuestionan hoy los métodos de lucha de los desocupados. En la primera reunión con Kirchner la conducción cegetista se limitó a escuchar de boca del Presidente la posibilidad de un «aumento» de $ 50, que después fue desmentido por el propio Presidente a pedido de su ministro de Economía. Es más, el propio Kirchner se ocupó de saludar la unidad de los sindicalistas porque serviría para «contener» la protesta social y en ese sentido el Presidente pretende que la nueva CGT desplace a los movimientos piqueteros.

El «combativo» Moyano y los representantes de los Gordos, Lingieri y Rueda, no se preparan para luchar por aumento salarial o condiciones de trabajo. Se preparan para sostener las políticas del gobierno.

• Vagones vacíos

El desprestigio alcanzado por estos dirigentes en el movimiento obrero de conjunto es superior al que tienen los propios políticos. Algunos de ellos, conscientes de esto, dicen en reuniones privadas que la CGT es como la locomotora de un tren, pero que arrastra vagones vacíos porque los trabajadores ya no se suben a ese tren. Mientras tanto, por abajo ha empezado, lentamente y todavía de manera incipiente, el surgimiento de nuevos dirigentes. Sobre todo en cuerpos de delegados o comisiones internas que rechazan a esos dirigentes que durante años han sido cómplices de todos los ataques que vienen sufriendo los trabajadores. Esta es otra de las razones de la unidad: enfrentar, prevenir y combatir a los dirigentes de base que surgen al calor de las luchas y la bronca. Muchos de ellos, peronistas honestos que repudian a las burocracias; otros luchadores independientes, y otros de izquierda.

Los trabajadores necesitan una central única, pero no es esta vieja CGT de los Gordos que se quieren mostrar adelgazados, ni de los viejos dirigentes como Moyano o Palacios que posan de duros pero que ya llevan años sin impulsar una pelea nacional por defender el nivel de vida de los trabajadores. Tampoco lo es la CTA que como última prueba ha dejado peleando solos a los trabajadores estatales de 19 provincias y acordaron un aumento salarial completamente insuficiente. Víctor De Gennaro se sigue considerando un aliado del gobierno.

La nueva central que necesitan los trabajadores tiene que construirse desde abajo, desde la renovación de los cuerpos de delegados y comisiones internas como en el Astillero Río Santiago, el cuerpo de delegados del subte, o desde las seccionales recuperadas para los trabajadores como la Unión Ferroviaria Gran Buenos Aires Oeste, para dar sólo algunos ejemplos. Una central que tenga como prioridad número uno la defensa incondicional de los trabajadores y no el sostén de un gobierno que ataca sus derechos.

Mientras luchamos por lograr nuevos dirigentes hay que exigirles a éstos que rompan su tregua con el gobierno y se pongan a la cabeza de los reclamos de los trabajadores.

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