CGT: la izquierda ironiza con el adelgazamiento de los gordos
Implacable a la hora de juzgar, aunque escuálida a la de lograr votos, la Izquierda Unida se abalanzó contra los "gordos" de la CGT, ahora unificada, y de la CTA de Víctor de Gennaro, alimentando sus argumentos con el oficialismo que caracteriza a las dos ligas sindicales. Esta fuerza con pocos votos sale ahora a sostener manifestaciones antisistema, como lo hace la diputada Vilma Ripoll cuando defiende a los atacantes de la Legislatura adonde ella tiene una banca y cobra un sueldo por aprobar leyes, y rechaza obviamente la idea de que los gremialistas se conviertan en una alternativa frente a los piqueteros. El punto de partida parece legítimo, más allá de lo extravagante de las soluciones que propongan, por la escasa capacidad de los sindicatos argentinos para admitir una democracia íntegra que renueve elencos. Veamos la publicación de "Alternativa Socialista" en su última entrega.
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• Vagones vacíos
El desprestigio alcanzado por estos dirigentes en el movimiento obrero de conjunto es superior al que tienen los propios políticos. Algunos de ellos, conscientes de esto, dicen en reuniones privadas que la CGT es como la locomotora de un tren, pero que arrastra vagones vacíos porque los trabajadores ya no se suben a ese tren. Mientras tanto, por abajo ha empezado, lentamente y todavía de manera incipiente, el surgimiento de nuevos dirigentes. Sobre todo en cuerpos de delegados o comisiones internas que rechazan a esos dirigentes que durante años han sido cómplices de todos los ataques que vienen sufriendo los trabajadores. Esta es otra de las razones de la unidad: enfrentar, prevenir y combatir a los dirigentes de base que surgen al calor de las luchas y la bronca. Muchos de ellos, peronistas honestos que repudian a las burocracias; otros luchadores independientes, y otros de izquierda.
Los trabajadores necesitan una central única, pero no es esta vieja CGT de los Gordos que se quieren mostrar adelgazados, ni de los viejos dirigentes como Moyano o Palacios que posan de duros pero que ya llevan años sin impulsar una pelea nacional por defender el nivel de vida de los trabajadores. Tampoco lo es la CTA que como última prueba ha dejado peleando solos a los trabajadores estatales de 19 provincias y acordaron un aumento salarial completamente insuficiente. Víctor De Gennaro se sigue considerando un aliado del gobierno.
La nueva central que necesitan los trabajadores tiene que construirse desde abajo, desde la renovación de los cuerpos de delegados y comisiones internas como en el Astillero Río Santiago, el cuerpo de delegados del subte, o desde las seccionales recuperadas para los trabajadores como la Unión Ferroviaria Gran Buenos Aires Oeste, para dar sólo algunos ejemplos. Una central que tenga como prioridad número uno la defensa incondicional de los trabajadores y no el sostén de un gobierno que ataca sus derechos.
Mientras luchamos por lograr nuevos dirigentes hay que exigirles a éstos que rompan su tregua con el gobierno y se pongan a la cabeza de los reclamos de los trabajadores.




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