Gobierno alimenta cumbre sindical-piquetera como parte de su "plan relanzamiento"

Política

Una foto de la CGT, la CTA y las organizaciones sociales forma parte de los planes de Alberto Fernández para el marco de los anuncios pospandemia.

La ilusión de Alberto Fernández de un sindicalismo unificado y en comunión con las organizaciones sociales recobrará un lugar destacado en los pasos que planifica el Gobierno para la pospandemia. Se trata, en principio, de una foto en preparación con la CGT, las CTA, los dirigentes que lideran los movimientos de excluidos y hasta empresarios del sector pyme que impulsa el Ejecutivo en el contexto de un eventual plan de relanzamiento de la gestión que incluirá el cierre del capítulo con los acreedores externos de la deuda y el anuncio de las demoradas 60 medidas de impulso de la economía. Incluso comenzó a circular la denominación “Multisectorial por la Producción y el Trabajo”.

Con reparos, todos los protagonistas están al tanto de los deseos del mandatario por las gestiones discretas de los funcionarios con los que tienen más diálogo. Para esta semana, incluso, se prevé un primer encuentro formal entre la “mesa chica” de la CGT y referentes del denominado “trío de San Cayetano” que incluye a los principales líderes sociales bajo el paraguas de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). El propósito será afinar una agenda común que no escapará a los temas obvios en la crisis: todos ellos relacionados con la necesidad de crear nuevos puestos de empleo y proteger los existentes así como de estimular la industria nacional.

El objetivo unionista no es nuevo en la agenda de Fernández y no por eso se mostró, hasta ahora, menos quimérico. Los afanes por fusionar la CGT con la CTA de los Trabajadores, expuestos por el jefe de Estado en el arranque de su gestión, chocaron de inmediato con la oposición férrea de la casi totalidad de la cúpula de la central tradicional. Misma suerte corrieron los planes de cobijar bajo el ala de Azopardo 802 las estructuras piqueteras. Fallas de fábrica que, sin embargo, no deberían impedir al menos ejercicios gestuales a gusto de Fernández.

Tanto los “gordos” de la central obrera como los líderes sociales que admiten las cumbres inminentes se ocupan, no obstante, de diferenciarlas de la alianza que expuso días atrás Gerardo Martínez (canciller de CGT y líder de Uocra) con Juan Grabois (CTEP) y Pablo Moyano (Camioneros). Es que en un contexto de compartimentos estancos entre sindicatos tradicionales, gremios alternativos y piqueteros, fluyen a su vez otras subdivisiones que responden más a las internas de las propias organizaciones participantes. En este caso se trata de una iniciativa casi autogestionada por Martínez que, a espaldas de la CGT, armó su propio porfolio con dos pesos pesados que gustan, y no casualmente, de cortarse solos. Con ellos presentó un megaplán de empleo e inversiones con reconversión de los planes sociales que agradó al Gobierno pero que de momento parece muy lejos de cristalizarse.

A diferencia de aquella entente, la que comenzará a tomar forma esta semana surgirá a pedido del Ejecutivo y tendrá el patrocinio de Héctor Daer, número uno de la CGT y el hombre de más confianza de Alberto Fernández en el sindicalismo tradicional. El jefe de Sanidad encabeza la central con mandato vencido –prorrogado hasta entrado 2021 por la extensión de los plazos administrativos derivada de la cuarentena- desde el sábado, cuando llegó a su fin la gestión de cuatro años de la conducción que arrancó como triunvirato y mutó a dúo con el barrionuevista Carlos Acuña, y cruzada por una de las crisis más severas de los últimos años. Casi un tercio del Consejo Directivo electo en 2016 no llevó a término su administración por renuncias que arrancaron con Pablo Moyano y siguieron con uno de los triunviros, el portuario Juan Carlos Schmid.

Además, la dispersión se hizo moneda corriente con grupos que se autoadjudican poder de veto per sé como los propios “independientes” entre los que se cuentan Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez (estatales, UPCN) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), el camionero Hugo Moyano y sus seguidores, el eternamente sinuoso Luis Barrionuevo (gastronómicos) y la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) que reparte su jefatura entre el bancario Sergio Palazzo, el piloto Pablo Biró y el gráfico Héctor Amichetti.

Pero incluso en ese contexto la CGT todavía es una luz que atrae de modo casi hipnótico tanto al docente Hugo Yasky (CTA de los Trabajadores) como a los piqueteros más reivindicativos. Todos ellos se han referido por años a la central mayoritaria como “la burocracia sindical” y denostado a sus sempiternos líderes pero en el último tiempo, y más desde el arribo de Alberto Fernández, acudieron prestos a las mesas que tenían a los “gordos” como invitados de privilegio. El encandilamiento no es mutuo: puertas adentro de Azopardo los dirigentes suelen referirse a sus pares de CTA como “zurdos” y a los dirigentes sociales como “cirujas”, pero el pragmatismo que los caracteriza debería bastar para concederle al Presidente, al menos, una foto con ellos en el salón Felipe Vallese.

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