La CGT completó ayer la que sus dirigentes consideran la movilización sindical más numerosa desde el retorno de la democracia, llevada a cabo con una inédita unidad de sus sectores, sin incidentes y con el triple objetivo de erigirse como actor central en un acuerdo social, escudero de Alberto Fernández para lo que resta de gestión y malla de contención contra los proyectos opositores para flexibilizar las leyes laborales. De paso, la central pudo exhibirse ante el Gobierno como factor de apoyo desprovisto de los condicionamientos que un sector del oficialismo mostró el domingo en la primera -y más espontánea- marcha por el Día de la Lealtad peronista. Anoche en la cúpula de la organización daban por sentado una inminente convocatoria desde el Ejecutivo para coparticiparla de decisiones de política económica y, a mediano plazo, un posible entendimiento multisectorial para después de las elecciones de noviembre. El empoderamiento de la CGT ya había comenzado a insinuarse inmediatamente después de la derrota electoral del FdT y más aún con la llegada al Gabinete de Juan Manzur, un dirigente en todo alineado con las estructuras más clásicas del peronismo. La marcha de ayer sólo terminó por convencer a los dirigentes de que podrán avanzar en esa línea por derecho propio.
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El grado de cohesión interna que mostró ayer la central obrera fue inédito. Además de los gremios que integran la actual jefatura, los denominados “gordos” de los grandes sindicatos de servicios (Comercio, Sanidad) y los “independientes” de buen diálogo con todos los gobiernos (construcción, estatales de UPCN, Obras Sanitarias), hubo concurrencia activa por parte de los Camioneros de Hugo Moyano y sus organizaciones afines, embarcadas en el proceso de reincorporación a la CGT en noviembre, de la Corriente Federal de Trabajadores (bancarios, gráficos, entre otros) y del rubro industrial.
Estuvieron a la cabeza de la convocatoria al Monumento al Trabajo los cotitulares Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (estaciones de servicio) junto al propio Moyano en un anticipo de lo que se prevé, será la nueva jefatura colegiada desde el 11 de noviembre. Como adelantó este diario, todas las negociaciones están encaminadas para que el nuevo trío quede conformado con Daer, Pablo Moyano (número 2 de Camioneros) y Antonio Caló (metalúrgicos). También acudieron movimientos sociales afines al Ejecutivo, nucleados en la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), cuyas columnas permanecieron sobre la avenida 9 de Julio.
Con la memoria fresca para los organizadores de la marcha de una convocatoria de 2017 en que la cúpula fue hostigada por un sector de los concurrentes y que terminó con el robo del atril que habían ubicado en el escenario y la fuga de los dirigentes, en esta ocasión no hubo discursos y sólo se dio a conocer un documento basado en el slogan de la jornada: “por el desarrollo, la producción y el trabajo”. “La Argentina y nuestro Gobierno afrontan una instancia decisiva para superar la crisis económica y social heredada y agravada dramáticamente por los efectos de la pandemia. La CGT es la reserva desde donde el Movimiento Nacional puede reconstruir el tejido social y fortalecer la política como herramienta transformadora”, destaca el documento. El texto llama a “poner en marcha políticas que sienten las bases de la transformación económica y social de nuestro país” y concluye: “Es tiempo de Justicia Social, compromiso irrenunciable y militante del Movimiento obrero argentino”.
La carta pública señala que “el peronismo debe promover la alianza entre la producción y el trabajo, única fórmula que garantiza un crecimiento sostenible con justicia social” y añade que “para lograrlo es imprescindible profundizar el diálogo social institucionalizado como instrumento necesario”. Vuelve sobre la necesidad de una convocatoria a un acuerdo económico y social, siempre declamado desde la campaña electoral pero hasta ahora puesto en marcha escasamente, al señalar que esa instancia debe “elaborar en conjunto los consensos que nos permitan poner el empleo productivo en el centro de las políticas públicas para superar la situación que hoy margina a los sectores más desprotegidos, que profundiza las desigualdades sociales y condiciona el crecimiento uniforme y equitativo de nuestro país”. De paso les advierte a los empresarios sobre la necesidad de “un compromiso de responsabilidad social que le cabe a los sectores de mayor concentración económica” y “la reconstrucción de un Estado presente, regulador de la economía y promotor del desarrollo económico y social”.
Anoche un jerárquico de la CGT sacaba pecho con el resultado de la convocatoria al señalar que la del día anterior había estado signada por dirigentes como Amado Boudou o Hebe de Bonafini pero sin raíz en las grandes estructuras del peronismo como el caso de la central sindical. Además la movilización del domingo había dado pie a que algunas personas vandalizaran el homenaje a las víctimas del covid erigido en el centro porteño mediante piedras acumuladas. Y que, a diferencia de aquella, la marcha de ayer había tenido un carácter de apoyo a Alberto sin fisuras.
En esa línea a última hora juzgaron que había sido adecuado no escuchar a sectores del oficialismo que les habían pedido a los gremialistas unificar las convocatorias en una sola el mismo 17 de octubre. Quedó en evidencia, así, la capacidad de la CGT de ordenar un acto masivo en este caso para respaldar al Gobierno, una facultad que la central obrera también le disputa a La Cámpora.
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