12 de diciembre 2000 - 00:00

Chacho Alvarez deja su encierro para disciplinar a los frepasistas

Carlos Chacho Alvarez volverá formalmente a la actividad política el próximo viernes, durante un encuentro reservado al que ha convocado sólo a dirigentes y legisladores nacionales y provinciales del Frente Grande. Será la rentrée del ex presidente a la terrenal vida partidaria que le deparó popularidad, tras haber intentado dos nuevas profesiones superiores sin demasiado éxito de taquilla.

Primero, ensayó el papel místico de «gurú» de una ONG, el Movimiento de Participación Ciudadana, y, más tarde, se atrevió a ponerse la toga para transformarse en catedrático de la Universidad de Quilmes.

Para no quebrar el bajo perfil que lo acompaña desde que renunció a la vicepresidencia, la agenda del reencuentro con sus seguidores se maneja con absoluta discreción. En parte porque no quiere una invasión de periodistas que lo obliguen a contestar sobre la gestión presidencial y, además, porque no estaba resuelta anoche la lista definitiva de invitados.

Curiosamente, el ex vice analizaba con sus adláteres la conveniencia de participar a Aníbal Ibarra y Graciela Fernández Meijide. La presencia de ambos podría alertar a los medios. Por razones muy diferentes, cavilaba sobre otros posibles convidados, los «rebeldes» del frepasismo. Los sindicalistas fichados en el FG, Alicia Castro, Marcela Bordenave, Eduardo Macaluse, Graciela Ocaña y Elsa Quiroz, estaban a punto de ser incluidos definitivamente en la lista negra.

Invitaciones imprecisas

El organizador temía que una reunión casi de amigos (aunque sea distanciados) pudiera convertirse en excusa para plantear rupturas en la Alianza. Para animarse, recordó que, antes del tratamiento del presupuesto 2001, los recibió a todos, sin discriminaciones, y pudo domesticarlos. Sin salir de la clan-destinidad -que sólo interrumpe para encontrarse con «movileros» confidentes en «Varela-Varelita», camino de la Casa del Frente-, hizo cursar invitaciones sin demasiadas precisiones: sólo se sabe que se trata de una cita a realizarse en «algún lugar del barrio de Belgrano», y que comenzará por la mañana del viernes. Sólo falta que distribuya un mapa para mayores datos. Una precaución para poder levantar el encuentro a último momento o cambiar de hora y ubicación.

Las dudas parecen atendibles, sobre todo porque, tarde o temprano, Chacho se topará con un rompecabezas ya difícil de volver a armar, tanto en el plano partidario como en Diputados.

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Los 7 «díscolos» del Frepaso siguen con sus deliberaciones aparte, en las cuales se rasgan las vestiduras por la política gubernamental. Si bien todavía no animan un subloque orgánicamente, Castro, Bordenave y compañía se mueven con auto-nomía. No obstante, concurren a las reuniones de la bancada que capitanea Alessandro.

*Gustavo Cardesa
, único diputado nacional del PI y animador del lote disidente encabe zado por la Castro, quedó consagrado el sábado pasado como nuevo titular de la fuerza que fundó el desaparecido Oscar Alende. Combativo dentro del bloque oficialista, terminó conteniendo a varios delegados, en especial del interior del país que, cuanto menos, querían montar un «piquete» en la puerta de la Casa de Gobierno. Cardesa, al igual que sus colegas del ala «rebelde», se conforma pensando que ésta será, a su juicio, la etapa «dura» de la administración nacional y que, en el mediano plazo, se pondrán en marcha las promesas de campaña. Utópicos pero algo precavidos, lo dicen en voz baja para no soportar las bromas de sus colegas justicialistas y del mismo radicalismo.

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La DC mantiene un diputado nacional en solitario, el porte-ño José Luis Lanza, beneficiado por la tracción de legisladores a funciones ejecutivas. Pero se ha tornado ingobernable. Con poco más de un año de gestión por delante, Lanza hace lo que puede en el bloque oficialista, mientras su partido ya resolvió eyectarse de la Alianza para encolumnarse detrás del padre Luis Farinello y mezclarse con un heterogéneo contingente, desde Hugo Moyano al guevarista Frente de la Resistencia.

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El socialismo democrático se adelantó a la democracia cristiana y, desde hace un par de meses, armó una bancada propia, por afuera de la aliancista. Alfredo Bravo, Héctor Polino y Jorge Rivas coquetean con Castro, la radical Elisa Carrió y los ultracríticos del chachismo. Ahora, mira también con simpatía al cura de Quilmes, mucho más cercano a los pobres que el «Varela-Varelita» de Alvarez, en el porteño barrio de Palermo.

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Sus primos hermanos del PSP, con Rubén Giustiniani a la cabeza, siguen en la órbita de Alessandro, aunque dieron muestras de las primeras discrepancias, durante el tratamiento del presupuesto 2001. Aunque los premiaron con cargos ( Dante Caputo en Ciencia y Técnica y Carlos Nivio en el escalafón de Trabajo) y tienen un intendente con proyección nacional, el rosarino Hermes Binner, sienten que no pueden acompa-ñar, sin restricciones, las directivas del gobierno nacional.

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