La odisea de los turistas

Política

Aunque la salida el jueves pasado y la entrada ayer a las principales ciudades del país, que movió alrededor de 5 millones de turistas, fueron una odisea para los viajeros (al punto que fue necesario levantar las barreras de peaje en algunos casos, para evitar que las colas tuvieran varios kilómetros de largo), la realidad es que, al menos en la Ciudad de Buenos Aires, la situación fue aún más compleja debido a los múltiples cortes que se dieron por las sendas maratones que se disputaron después de más de un año y medio (el Maratón y la 21 K), y que cerraron buena parte de la circulación en CABA, junto a otras marchas de protesta que obligaron a turistas y sufridos habitantes de la ciudad a dar vueltas interminables para intentar llegar a destino.

Obvio que esto no impidió cantidad de encuentros, infinidad de asados y comidas, en casas, quintas, paradores, playas, countries, y hasta terrazas de departamentos (al menos, hasta el sábado a la noche que el clima lo permitió), y a pesar de algunas medidas de fuerza de lanchas colectivas en el Tigre que comenzaron a las 0 hora del viernes y son por tiempo indeterminado, lo que impidió que muchos pudieran llegar a destino en distintas islas.

La medida del SOMU, como las de otros gremios particularmente activos en las últimas semanas, echa por tierra los intentos oficiales de “distender” la situación anímica de la gente, con miras a las elecciones del 14 de noviembre, en las que esperan al menos, achicar la diferencia que logró sacar la oposición en las PASO de septiembre pasado, y que no parecen tener cambios sustantivos con los avances positivos de la pandemia. “Es que el déficit y atraso en la vacunación la gente se lo facturaba al gobierno, pero la situación inversa está lejos de representar votos a favor”, reconocía un alto funcionario que echaba así por tierra la teoría de “una vacuna, un voto”.

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