Clásico: Lula sale a calmar a Chávez con más promesas
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Los miembros del Parlamento del Mercosur posaron ayer para la foto frente a la histórica Casa de Tucumán. Después, se reunieron en el Hotel Sol San Javier. Entre ellos estuvo el ex presidente de la Nación y ex gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá.
No juegan a favor en el ánimo de los legisladores -más preocupados por los comicios municipales de octubre- y de las entidades empresariales las habituales declaraciones inflamadas de Chávez -atemperadas en el último tiempo, aunque sólo hasta la próxima vez-, las dudas sobre su verdadera relación con las FARC y los cuestionamientos al real estado de la democracia en Venezuela, atizadas la semana pasada por el veto de la Asamblea Nacional chavista a numerosas candidaturas de opositores -algunos muy importantes- para las elecciones regionales de noviembre.
¿Qué lleva a Lula y a Chávez a mantener forzadamente las formas? Por un lado, ninguno quiere patear la mesa del Mercosur con una ruptura que provocaría inevitablemente una crisis. Según fuentes de la Cancillería brasileña, consultadas por Ambito Financiero, eso complicaría a Lula en su relación con su Partido de los Trabajadores, sobre todo cuando, apenas pasen los comicios municipales, deba abocarse a la designación de su delfín para las presidenciales de 2010. Una distinción que podría recaer en la mencionada Rousseff, como para prolongar el feminismo político inaugurado en la región por Michelle Bachelet y continuado por Cristina de Kirchner.
Además, el Planalto no quiere poner en juego los 4.000 millones de dólares del comercio bilateral, que explican un tercio del superávit global brasileño, justo en momentos en que el pago de servicios financieros y las remesas que giran las empresas extranjeras radicadas en Brasil revierten ese resultado favorable y redundan en un déficit de cuenta corriente cada vez más marcado y preocupante.
Por último, indican esas fuentes, la contención de Chávez sigue siendo uno de los modos en que el brasileño renueva ante EE.UU. su cada vez más indisputado liderazgo regional.
¿Y Chávez? Para él, el Mercosur es crucial en su intento de traducir petróleo caro en poder dentro de la región y en legitimidad fuera de ella. Y, acaso lo más importante, una reivindicación del carácter democrático de su gobierno que le brinde un escudo contra eventuales intentonas golpistas o las invasiones estadounidenses que cruzan sus pesadillas en las noches de Miraflores. Hay que recordar, en ese sentido, que el Mercosur fue su carta internacional salvadora en el golpe de abril de 2002, cuando los Estados Unidos de George W. Bush, la España de José María Aznar y el Chile de Ricardo Lagos coincidieron en su apuro por reconocer al efímero gobierno golpista.
Mientras, siguen mandando las promesas y el interés mutuo de posponer los temas más ríspidos. En setiembre Lula y Chávez volverán a mantener una de sus cumbres trimestrales, esta vez en Brasil. Probablemente allí vuelvan a ensayar su relación de amables desacuerdos.




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