Clásico: Lula sale a calmar a Chávez con más promesas

Política

Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez arrastrarán a la Cumbre del Mercosur que se desarrollará entre hoy y mañana en San Miguel de Tucumán un cúmulo de desencuentros e incógnitas, resultado de una relación entablada más en términos de competencia que de la declamada hasta el cansancio solidaridad latinoamericana.

Pero la Cumbre de Jefes de Estado no será la caja de resonancia de sus diferencias, que ya tuvieron oportunidad de poner en negro sobre blanco en la reunión bilateral que mantuvieron el viernes en Caracas, en la que Lula da Silva sólo dejó promesas en el tema que más interesa al bolivariano: el aval del Congreso brasileño a la adhesión de Venezuela al bloque como miembro pleno. Tanto fue así que la necesidad de disimular hizo que la cuestión quedara sugestivamente relegada al último punto de la declaración que cerró dicho encuentro.

Pero en aquella visita de diez horas Lula no se privó de sugerir su incomodidad con el anfitrión: «Es difícil convencer a los empresarios brasileños para que hagan negocios con Venezuela», dijo a los periodistas, ante quienes citó las recurrentes nacionalizaciones de compañías en ese país como una de las principales fuentes de inquietud. Y, como si la cuestión le fuera ajena, volvió a criticar la falta de acuerdo entre Petrobras y PDVSA para incluir a la venezolana en la ya iniciada construcción de una refinería en Pernambuco.

  • Resistencias

    «Julio, agosto, setiembre... Más que eso no esperamos», había dicho hace un año Chávez, amenazando con retirar la candidatura de su país al bloque si la cuestión no se destrababa en los congresos de Brasil y Paraguay, que usaron como excusa el cierre de la cadena televisiva RCTV -y las polémicas que éste desató- para frenar una presencia no del todo deseable. Pasaron esos tres meses y nueve más, y la situación sigue sin resolverse, sobre todo en Brasilia, donde persiste la resistencia al ingreso de Venezuela, y no sólo entre los legisladores de la oposición.

    Será una más de sus promesas incumplidas, pero lo cierto es que el combustible bolivariano se ve obligado a esperar casi como una novia que conmina matrimonio a un solterón empedernido, mucho más por cierto que lo que imaginaba a principios de 2007, cuando la postulación venezolana llegó al Congreso brasileño. Apenas si en el encuentro presidencial de Caracas debió conformarse con una promesa de Lula de activar la cuestión en los próximos dos meses, para lo cual ensayará a regreso de la Cumbre de Tucumán un nuevo gesto simbólico: instruirá -una vez más- a su jefa de gabinete, Dilma Rousseff, y a su canciller, Celso Amorim, para que concurran al Congreso a convencer a los remisos.

    No juegan a favor en el ánimo de los legisladores -más preocupados por los comicios municipales de octubre- y de las entidades empresariales las habituales declaraciones inflamadas de Chávez -atemperadas en el último tiempo, aunque sólo hasta la próxima vez-, las dudas sobre su verdadera relación con las FARC y los cuestionamientos al real estado de la democracia en Venezuela, atizadas la semana pasada por el veto de la Asamblea Nacional chavista a numerosas candidaturas de opositores -algunos muy importantes- para las elecciones regionales de noviembre.

    ¿Qué lleva a Lula y a Chávez a mantener forzadamente las formas? Por un lado, ninguno quiere patear la mesa del Mercosur con una ruptura que provocaría inevitablemente una crisis. Según fuentes de la Cancillería brasileña, consultadas por Ambito Financiero, eso complicaría a Lula en su relación con su Partido de los Trabajadores, sobre todo cuando, apenas pasen los comicios municipales, deba abocarse a la designación de su delfín para las presidenciales de 2010. Una distinción que podría recaer en la mencionada Rousseff, como para prolongar el feminismo político inaugurado en la región por Michelle Bachelet y continuado por Cristina de Kirchner.

    Además, el Planalto no quiere poner en juego los 4.000 millones de dólares del comercio bilateral, que explican un tercio del superávit global brasileño, justo en momentos en que el pago de servicios financieros y las remesas que giran las empresas extranjeras radicadas en Brasil revierten ese resultado favorable y redundan en un déficit de cuenta corriente cada vez más marcado y preocupante.

    Por último, indican esas fuentes, la contención de Chávez sigue siendo uno de los modos en que el brasileño renueva ante EE.UU. su cada vez más indisputado liderazgo regional.

    ¿Y Chávez? Para él, el Mercosur es crucial en su intento de traducir petróleo caro en poder dentro de la región y en legitimidad fuera de ella. Y, acaso lo más importante, una reivindicación del carácter democrático de su gobierno que le brinde un escudo contra eventuales intentonas golpistas o las invasiones estadounidenses que cruzan sus pesadillas en las noches de Miraflores. Hay que recordar, en ese sentido, que el Mercosur fue su carta internacional salvadora en el golpe de abril de 2002, cuando los Estados Unidos de George W. Bush, la España de José María Aznar y el Chile de Ricardo Lagos coincidieron en su apuro por reconocer al efímero gobierno golpista.

    Mientras, siguen mandando las promesas y el interés mutuo de posponer los temas más ríspidos. En setiembre Lula y Chávez volverán a mantener una de sus cumbres trimestrales, esta vez en Brasil. Probablemente allí vuelvan a ensayar su relación de amables desacuerdos.
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