El documental
«Hechos,
no palabras.
Derechos
Humanos
en Cuba»
muestra una
realidad
muy
particular de
la isla: la
que cuentan
los funcionarios
castristas.
Recientemente, se estrenó en nuestro país un documental titulado: «Hechos, no palabras. Derechos Humanos en Cuba», realizado por una argentina, Carolina Silvestre, e inspirado en la teoría según la cual un plato de sopa bien vale la libertad. Con el mismo espíritu, el 10 de diciembre del año pasado, Día de los Derechos Humanos, Hugo Yasky, secretario general de la Central de los Trabajadores Argentinos, calificó de «burla» el cuestionar la vigencia de los derechos humanos en Cuba, donde -cree él- se puede cumplir el sueño de una vida plena. Es el eterno argumento de los defensores del castrismo: como en la isla se garantizan -según ellos- los derechos sociales o «derechos humanos de segunda generación», lo demás -los derechos «individualistas burgueses»- no importa; siempre y cuando no tengan que experimentarlo ellos en carne propia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El «reparto» de la película -y no es broma- está encabezado por Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, y Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Son en efecto 90 tediosos minutos de testimonios exclusivamente de funcionarios del régimen que refutan «calumnias» y exponen las ventajas de vivir en un régimen de partido único donde los candidatos a la Asamblea Nacional (que elige al presidente) se designan en plenarios barriales por voto a mano alzada. Esta «democracia de base» es supervisada por los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación Nacional de Agricultores, la Federación Estudiantil Universitaria y la Central de Trabajadores de Cuba. Es decir, todo el aparato paraestatal de control y encuadramiento de la población. Los cubanos van luego a las urnas para consagrar estas listas únicas prefabricadas. Es natural que, en los comicios del 20 de enero pasado, los hermanos Fidel y Raúl Castro hayan sido electos diputados por 98,3% y 99,4% de los votos.
En el film -que, para subrayarel retroceso ideológico, se exhibe en el cine Cosmos-, los disidentes son tratados de «mercenarios», en honor a la objetividad. Ahora bien, entre los guionistas de este documental apologético, figura Orestes Hernández, primer secretario de la Embajada de Cuba en la Argentina. Esto no sería un problema, puesto que Hernández vive en estos momentos en un país que, a diferencia del suyo, garantiza la libertad de expresión, por lo que está en su derecho de escribir todos los guiones que quiera. Pero la película fue producida, entre otros, por el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), organismo estatal, cuyas autoridades son designadas por el gobierno. Resulta, entonces, que el Estado argentino financia la propaganda castrista. Yasky no está solo.
Entretanto, bajo el lema «Por la libre orientación sexual y la identidad de género», tuvo lugar en La Habana, Cuba, un Congreso de Sexología. Y Fidel Castro, alejado de la función pública por enfermedad, está dedicando su convalecencia a estudiar una reforma del Código de Familia para permitir el cambio de identidad de género y las uniones homosexuales. Curiosa escala de prioridades, en un país donde no existe el derecho a la libre expresión, ni a la libre asociación, reunión o circulación.
Persecuciones
La Revolución cubana tiene además una larga historia de persecución a las personas por su condición sexual, «detalle» pasado por alto por todos los progresistas del mundo que asistieron felices al congreso y que por años omitieron denunciar este hecho. Es más fácil defender a los homosexuales allí donde no se los persigue, es decir, en las democracias capitalistas.
En las elecciones cubanas, cabe agregar, no hay listas opositoras porque, al parecer, a mayor diversidad de género, mayor uniformidad política. En concreto, esta «apertura» sexual, inversamente proporcional a la política, es otra maniobra de Fidel, pues nadie osaría defender esa causa en Cuba sin el visto bueno del régimen. Y esto sí que es una burla, considerando la no vigencia de otros derechos elementales.
A los defensores a distancia del régimen castrista les vendría bien recordar la reflexión del escritor Albert Camus, expulsado del Partido Comunista en 1939 por criticar a Stalin: «Las tiranías dicen siempre que son provisionales. Se nos explica que hay una gran diferencia entre la tiranía reaccionaria y la progresista. Habría así campos de concentración que van en el sentido de la historia. Pero si la tiranía, incluso progresista, dura más de una generación, ella significa para millones de hombres una vida de esclavos y nada más».
Dejá tu comentario