Comentarios políticos de este fin de semana
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Laborda Fernando, «La Nación». BUENO. A una columna preparada sin duda antes le agrega un muy elemental análisis de la masacre del barrio de Once. Acertado es haber citado la permanente inmadurez de los argentinos que los hamaca entre euforias y catástrofes, esta vez, físicas, y antes, económicas. Mejor está analizando que el año 2004 no debe provocar euforias que terminarán en desengaños (no en 2005, pero casi seguro en 2006, posterior a la elección de legisladores en octubre). Enumera Laborda bien los hechos que decepcionaron, más allá del casi 9% de crecimiento.
Morales Solá Joaquín. «La Nación». PRESCINDIBLE. No se sabe si este columnista se sigue llevando a las trompadas con la ciencia económica o si tiene compromisos con el ministro Roberto Lavagna. Que hable de lo bien «que se controló el gasto público» es una broma de mal gusto. No se lo controló desde una óptica muy kirchnerista: si entra más dinero del que gastamos (a raíz del excepcional momento externo, impuestos distorsivos que no prevén futuro y retenciones) andamos bien. Alguna vez a Kirchner se lo llamó «keynesiano», pero es una herejía sobre un economista hereje que aconsejaba ahorrar en épocas de bonanza para poder gastar en las otras, cuando sobrevengan las penurias. Este gobierno gasta y subsidia en épocas de buen ingreso, en lugar de consolidar el país. Salvado el amor por Lavagna, el columnista fustiga con más tino a Néstor Kirchner y sus fallas externas en imagen presidencial. Agrega una información grave: el presidente de Israel suspendió la visita al país por falta de una agenda adecuada y el maltrato que los israelíes vieron del presidente argentino a otros mandatarios visitantes. Es poco para salvar un comentario semanal.
Van der Koy Eduardo, «Clarín». PRESCINDIBLE. Sigue siendo imposible, como desde hace tiempo, aconsejarle al lector una columna de este periodista. No puede ser que hayan decaído tanto sus habilidades de prensa como que el feroz oficialismo del monopolio «Clarín» hoy lo ahoga. Habla de «buen desempeño de la economía» que es lo visible en la superficie, pero no de que así no tenemos futuro. Para colmo, se ve obligado a alabar sin que le acerquen información para justificar ser leído. «Clarín» en comentarios concluye los viernes con Marcelo Bonelli, que no puede llevar críticas a fondo, pero sabe y brinda buena información. Van der Kooy ya está equiparado a la insulsez eterna de Oscar Cardoso -capaz de opinar hasta del tsunami asiático y adjudicárselo a su odiado George Bush- o de Daniel Muchnik, que siempre opina lo obvio y más o menos 8 días después de sucedido. Claro, para opinar en el momento hay que saber.



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