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• Fernández Díaz, Jorge («La Nación»). BUENO. Tiene que lidiar, tardíamente, con el ya saturado tema por la prensa de la ausencia del presidente Néstor Kirchner durante 4 días en inexplicable silencio ante la tragedia de República de Cromagnon el 30 de diciembre. Zafa bien de lo ineludible. Incluye una originalidad -de ser cierta-sobre el conocido tema de la obsesión del santacruceño por su imagen y con lo que publica el periodismo: dice que hasta gobierna con la televisión prendida en el despacho presidencial. Refuta, con buena argumentación, el ataque de Kirchner al periodismo por las críticas por su ausencia en el desastre e incluye estos párrafos: «Parte (el Presidente) de un concepto que hoy está de moda en el marketing, 'hay que producir' la realidad. Desde el laboratorio mediático se planifica qué sucederá, cómo se actuará y qué discurso se desparramará sobre el público. Pero lo de República de Cromagnon sorprendió a los laboratoristas al borrar la Operación Navidad, las planificaciones de salón. Tranquilo, porque tenía editado el fin de año, el Presidente quiso hacer la plancha hasta el canje de deuda. No percibió la magnitud del impacto que la tragedia tenía en la opinión pública y renunció a bajar al campo de batalla a arremangarse y participar personalmente. Nunca Kirchner fue tan inocente de algo como en la tragedia de República de Cromagnon». Conceptos claros y fuertes del columnista dominical.
• Laborda, Fernando («La Nación»). PRESCINDIBLE. También analiza el drama mortal del recital pero en conceptos muy simples. Compara mal esta tragedia con la de Atocha (sólo se igualan por la cantidad de víctimas) en España al referirse el entonces presidente José María Aznar a un posible atentado del ETA. Lo compara con un agrandamiento de una referencia crítica a los bomberos que fue un episodio menor no comparable a ETA y rápidamente descartado aquí porque la obligación (de los dueños) era pedirles a bomberos una nueva inspección que antes se hizo y estaba vencida, además de haber cambiado el recinto los decorados. Aznar, además, no recibió buena información mientras que a Santa Cruz llegó completa. El real ejemplo mundial comparable, como sostuvo desde el primer día Ambito Financiero, fue el caso del actual presidente de Rusia Vladimir Puttin que mantuvo por 5 días -con más razones de estrategia política internacional que Kirchnersu silencio al hundirse el submarino Kursk con 118 víctimas. Habla de la nueva designación como secretario de Seguridad de la Municipalidad porteña del hábil y hasta ahora desperdiciado «Juanjo» Alvarez, pero con conceptos que no se acercan a la nota del columnista de este diario Carlos Pagni sobre tal designación.
• Van der Kooy, Eduardo («Clarín»). REGULAR. Sale de la opacidad de sus últimas columnas dominicales con un análisis más profundo que el resto. No aporta información nueva sobre la tragedia de República de Cromagnon (la mejor nueva información la trajo este fin de semana la revista «Noticias» con los momentos, paso a paso, que protagonizó Néstor Kirchner en Santa Cruz durante su desconcierto de cuatro días sin querer interrumpir, pese al desastre, su planificado descanso).Van der Kooy deja ideas para meditar.»El primer período de Kirchner es de transición donde la prioridad radica en la sutura de los tejidos sociales destruidos por aquella gran crisis (2001).» Es cierto -aunque profetiza que ganará un segundo período en 2007-que el gobierno De la Rúa y esa crisis dejaron la necesidad de una recomposición urgente institucional -hoy relajada salvo la recuperación del rango presidencial, dice correctamente el columnista en tácita referencia al mandatario de la Alianza y al aletargado presidente designado Eduardo Duhalde -que suprima males reiterados (por caso que Aníbal Ibarra haya designado a un amigo y una recomendada de su hermana Vilma Ibarra para jefe de Seguridad y jefa de inspectores municipales que, aunque estos últimos fueran corruptos, tenían experiencia). Optar entre novatos o corruptos es dramática alternativa en las instituciones del país para evitar masacres como las de República de Cromagnon. Critica al Presidente por su injustificada embestida contra la prensa y habla de «una medianía de Aníbal Ibarra» que confirma con Pablo Lanusse en una horrorosa intervención en Santiago del Estero, demostrando que ser «fiscales» no aporta funcionarios positivos a la administración pública (y la Capital Federal se salvó de que ganara Mauricio Macri porque éste hubiera traído a otro fiscal como Carlos Stornelli). Pero dice bien el artículo que Kirchner no pudo haberle reprochado a Ibarra por «la demora en responder a las necesidades de los familiares y de las víctimas». Al menos hoy Kirchner no puede criticar eso, cuando es soberbio y no acepta que está aprendiendo a gobernar, con algunos enfoques muy malos.
• Verbitsky, Horacio («Página/12»). PRESCINDIBLE. Este columnista también se extiende en corolarios sobre la tragedia de República de Cromagnon. Aporta un reportaje al adjunto de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Atilio Alimena. Allí se consignan datos ya publicados por la prensa, como el informe que ese funcionario realizó en mayo pasado, sobre las violaciones a las normas que se cometen en los boliches de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, lo más llamativo de Verbitsky ayer fue un largo recuadro de apología al nuevo secretario de Seguridad municipal, Juan José Alvarez, escrita en primera persona y dedicada a quienes lo acusan de tener responsabilidad en la muerte de los piqueteros Kosteky y Santillán. Se enfervoriza Verbitsky en favor de Alvarez esta vez, a diferencia del 12 de setiembre pasado. Ese día guardó silencio a pesar de que su diario, «Página/12», dedicó la tapa al nuevo funcionario de Ibarra, acusándolo de ser, como ministro de Seguridad de Duhalde, un operador de negocios de la empresa Ciccone Calcográfica, impresora de los documentos que emite la Policía Federal.
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