17 de abril 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez
Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez
MORALES SOLÁ, JOAQUÍN.
«La Nación».


Insiste el columnista en escribir, sin mucha información, sobre el conflicto con Uruguay por las papeleras de Fray Bentos. Se queja del gobierno argentino, antes que nada. Sobre todo por su escaso apego a las formas (tiene razón cuando dice que Aníbal Fernández se excedió con Tabaré Vázquez al decir que, carente de poder, obliga a hablar con la empresa Botnia).

Sin embargo, el principal déficit del enfoque de Morales Solá en la nota de ayer, como en tantas otras, es que ignora que el gobierno de Jorge Batlle y su sucesor, Vázquez, violaron el Estatuto de Administración del Río Uruguay. Ese acuerdo obliga a los dos países a consultarse recíprocamente cuando realicen obras que puedan afectar la salubridad del río. Uruguay no lo hizo. Por eso la Argentina recurre a La Haya: es el tribunal previsto en el Estatuto para cuando existan diferencias.

Estas son las reglas, más allá de la conveniencia política de cumplirlas o violarlas. Dicho de otro modo: en el caso de las papeleras, la ley está del lado de la Argentina (por eso es también grave el corte de los puentes, porque deja del lado de la legalidad a los que violaron las regulaciones).

Es cierto, Morales Solá descubre finalmente en esta nota que hay un villano que no es la Argentina: es la empresa Botnia, que había prometido suspender las obras y ahora incumplió esa determinación, desairando a dos jefes de Estado.


GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Pasa el domingo de Pascua como de compromiso Grondona, con su nota de ayer. Primero elabora una larga teoría sobre una supuesta peculiaridad de la Argentina: las críticas o temores sobre el gobierno se dicen en privado, no en público. En rigor, esta dualidad es una larga tradición, comprensible en un país con rasgos autoritarios: ¿quién hablaba abiertamente contra Juan Perón en los 50? ¿Quién contra los sucesivos militares? Hasta Domingo Cavallo, irascible como Kirchner, obligaba a cierta clandestinidad de quienes opinaban en contra en los 90.

Grondona afirma que en los cenáculos donde se critica el gobierno se mencionan dos temas. Pero en vez de proponer dos cuestiones secretas, habla de tópicos que son el pan de cada día para medios de comunicación, economistas, opinólogos. Los dos « talones de Aquiles» de Kirchner son, confirma Grondona, la dificultad del oficialismo para crear un clima de inversión y la rienda suelta que ha dado a las puebladas y movilizaciones ilegales. Grondona pronostica que estos dos problemas afectarán gravemente el segundo mandato de Kirchner. Pero, al hacerlo, deja caer otro pronóstico más resignado: habrá, según él, un segundo mandato de Kirchner.


VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


El aporte de este columnista se concentra en un dato interesante que aparece sobre el final de su panorama: el vicariato castrense tiene en la Argentina 140 capellanes para atender a 45 mil uniformados de las Fuerzas Armadas. La información la emplea el gobierno en su debate con la Iglesia acerca de la necesidad de modificar el acuerdo que tiene la Argentina en torno al obispado castrense. Es cierto que un mundo en donde se cierran capillas y parroquias por falta de sacerdotes esa relación de uno por cada 320 hombres es una exageración que tiene interés en modificar no tanto el gobierno como la propia Iglesia.

Tras un repaso de lo ya conocido del temperamentopresidencial (que concentra decisionesen un pequeño grupo, que no lo quiere a Oscar Parrilli, que mira encuestas y toma decisiones para halagarlas, que se equivoca más de lo que se admite, etc.) intenta acercar información acerca de lo que va a hacer el gobierno en la guerra de los precios de la carne. Adelanta lo obvio, que se va a revisar la prohibición de exportar porque no soluciona el alza de los precios al público como sí lo haría modificar el límite de peso para la faena (sigue fijado en 280 kilos y todos los expertos piden que se lo libere). Es difícil, recuerda Van der Kooy, convencerlo al Presidente cuando se aferra a un prejuicio como éste.

Sobre el encuentro Kirchner-Bergoglio se atiene a una versión oficial sobre que fue un operativo sorpresa del Presidente que armó y resolvió en total soledad. No ocurrió así; se sabe que participaron funcionarios de la Cancillería como el ministro y el secretario de Culto, el secretario del Episcopado y una congregación religiosa, cuyo interés unánime era mostrar al cardenal junto al Presidente.


VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


El columnista dedica el servicio del domingo a castigar a Julio De Vido por sus andanzas en el mundo empresario. Se ríe Verbitsky del interés que muestra el ministro en promover la llamada «burguesía nacional» al inaugurar una cámara de empresarios del área energética «flanqueado -dice- por flamantes accionistas de compañías de servicios públicos privatizadas en la década anterior».

El desvelo de los gobiernos de esta década por fomentar la creación de un empresariadonacional no es algo fútil ni deja de tenersentido como forma de evitar la desnacionalización de las empresas, algo que sucedió en los años 90 en todo el mundo y que ha desequilibrado el sistema de decisiones de muchos países. La Argentina ha sufrido ese proceso y los gobiernos desde 1999 trataron sin suerte de apoyar a algunos empresarios que les prometían encarnar esa «burguesía nacional». Lo que parece surgir son beneficiarios de subsidios como en la actividad del transporte, que se benefician por la transferencia de ingresos de un tesoro enriquecido por las retenciones a las exportaciones y el no pago de un segmento de la deuda, que se suma al beneficio de la que se renegoció.

Verbitsky critica sutilmente los empeños de De Vido y los descalifica haciendo una reseña del libro de Eduardo Basualdo « Estudios de historia económica» que, al analizar la economía del primer Perón, distingue entre tres tipos de empresariado: 1) el capital extranjero; 2) la burguesía nacional, y 3) la oligarquía diversificada, que son capitales extranjeros algunos de cuyos propietarios se instalaron en el país en el siglo XIX y pasaron a integrar las clases dominantes. Ejemplo de esta «oligarquía diversificada» serían los grupos Bunge y Born, Bemberg, Tornquist, que se diferencias tanto de las subsidiarias extranjeras como de las firmas locales. De la conducta de esos grupos, y no de las presiones del mundo del trabajo, dice el autor que provino la crisis de la economía de Perón antes de 1955. Un debate que no va a resolver una columna de domingo, pero que Verbitsky plantea con razón.

Esta hipótesis de tres ramas del empresariado lo usa el columnista para hacerle entender a De Vido (es decir a Kirchner) que están estrechando relación con la « oligarquía diversificada» y no con la «burguesía nacional» que, cree Verbitsky, todavía no aparece con este gobierno.

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