26 de marzo 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Eduardo Arnold y George W. Bush
Eduardo Arnold y George W. Bush
VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


El acierto de este panorama es ser el único del domingo que pone la mirada en la herida más dolorosa para el gobierno, la insoluble crisis en Santa Cruz. Néstor Kirchner tiene lo que tiene por la leyenda que forjó de correcto administrador de su provincia. El trámite de la localización y repatriación de los fondos acumulados en el exterior y los incidentes del año pasado en Las Heras y la semana anterior en Río Gallegos hieren ese perfil del Presidente, que no puede asegurar la tranquilidad en el patio propio.

Como en otras crisis, esta vez vuelve a pagar el Presidente -y el conjuntoconsecuencias de medidas propias tomadas sin reflexionar sobre sus efectos.

El salariazo docente prometido desde la Capital Federal para reforzar la candidatura del ministro de Educación golpeó en una decena de provincias -que son las que pagan los salarios que aumentan verbalmente desde Buenos Aires-con reclamos de mejoras más allá de disponibilidad de fondos.

También aquel aumento concedido a los petroleros privados con cargo a la baja del Impuesto a las Ganancias y con el forzado apoyo de las empresas que pagan esos sueldos, gatilló demandas de equiparación en este club del salario alto que conforman, frente al resto del país, petroleros, docentes y empleados públicos de Santa Cruz.

Por más que Kirchner se enoje desde la tribuna contra las «extorsiones» que dice sufrir de esos quejosos, se sabe que el Presidente desde hace una semana ha dictado una virtual y secreta intervención del distrito, en cuyo gobernador suplente nunca confió mucho y sobre cuya oposición tiene las peores prevenciones.

No le falta razón, claro, para sospechar de sus adversarios: el diputado -ahora opositor después de ser su vicegobernador- Eduardo Arnold saca provecho de esas protestas contra la administración delegada del Presidente; la Iglesia local ha puesto a sus párrocos y obispos en la vereda de enfrente y aquí Kirchner-también vuelve a pagar la desidia en no resolver las relaciones con la cúpula católica. Congelada como otros tantos conflictos, la puja con la institución que conduce Jorge Bergoglio acumula agravios -como la exaltación de Ginés González García a una candidatura porteña atada a su prédica pro abortista-y se vuelve también contra él a la hora de buscar alguna salida a esta odiosa crisis santacruceña.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Descubre el columnista el « pankirchnerismo» como proyecto presidencial para permitir que el Presidente pueda jugar a ganador y en varios tapetes a la vez. No es novedad que los presidentes -lo hacía Carlos Menem-descrean de la utilidad del propio partido una vez que se alcanzó el poder. Les sobran además las ofertas de amistad que les acercan gobernadores, legisladores e intendentes para reforzar su administración con más eficacia que la propia tropa.

La novedad de este « pankirchnerismo» es que a diferenciade lo que hacía Menem no existen partidos políticos, organizaciones que han quedado reducidas al rol de mesas de habilitación -no selección-de candidaturas. Jugar en todos los tableros le permite además satisfacer desde un más que pobre poder político real a quienes quieren jugar en política con fondos públicos, sea para ganar o para perder.

Es bueno que Grondona recuerde algunas aristas de Kirchner como político, por ejemplo su escaso carisma para atraer a las masas, algo raro en un dirigente populista (ya lo revelaba el magro resultado de la elección de 2003). Eso se traduce en la forma de hacer política que para el kirchnerismo es una faena que se ejerce en el universo cerrado de la dirigencia.

Es imposible encontrar actos partidarios del oficialismo en los que participen ciudadanos que no tengan sueldos, celulares, custodios y autos pagados por el Estado. Hacer política es una forma más de ser funcionario desde una vitrina frente a ciudadanos ñata contra el vidrio que lo que esperan, cuanto más, es que les abran una puerta para estar del otro lado.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


No aporta mucho el panorama de ayer, que se limita a reproducir y glosar la queja del subsecretario Nicholas Burns por la actitud del gobierno argentino de consentir, cuando no apoyar, el acto anti-Bush de Hugo Chávez hace tres semanas. Esa actitud de Washington, entiende Morales Solá, perjudica al país porque le resta apoyos en algunos trámites como el auxilio que podría venir para la renegociación de la deuda con el llamado Club de París. No consigna, sin embargo, que para Néstor Kirchner ese no parece ser un problema grave. Para un gobierno que se precia de haber renegociado el conjunto de la deuda heredada con quitas de 75% y que pagó su liberación de la sombra del FMI con u$s 10 mil millones que son del conjunto del país, este problema parece menor.

Si además está a diez meses de terminar su mandato, puede pensar -como tantos otros asuntos-que tienen que arreglarlo los que vengan. Esa negociación se haría, además, ante una nueva administración pos-Bush en el gobierno de los EE.UU.

Profundizar un poco más en estas actitudes del gobierno requiere analizar las razones para irritar en el discurso -no en los hechosa la administración de ese país. Kirchner-cree que la impopularidad de Bush por la cruzada a Irak dentro y afuera de su país lo habilita a aprovecharlo en la opinión pública argentina, que rechaza ciertos símbolos sin que él pueda hacer nada para remediarlo. Es lo mismo que hace Chávez cuando califica de «cadáver político» a Bush. ¿Qué presidente no lo es cuando falta un año para dejar el gobierno sin posibilidad de reelección? Sólo en países en donde los mandatarios atornillan la legalidad en su favor para perpetuarse en el cargo es posible reírse de una incidencia normal en una democracia -tanto que se considera que enriquece al sistema eso de que alguna vez un presidente se vaya a la casa-.

Remata su análisis reproduciendo las desmentidas del gobierno sobre una presunta intención de comprar un porcentaje de acciones de la empresa Repsol YPF. Ese proyecto, como confirma Morales Solá, existe en el gobierno y lo sabe la petrolera española desde hace casi un año, cuando lo reveló este diario. Para un presidente que se gastó u$s 10 mil millones del Tesoro público nada más que para que no se dijera que lo vigilaba el FMI (con el agravante de que renunciaba al prestamista externo con la tasa más barata por el dinero), ¿cómo no se gastaría, por decir, u$s 3 mil millones para proclamarla renacionalización de YPF, como émulode la nacionalización que anunció el gobierno peronista en 1974 pintando las estaciones de servicio con la bandera nacional? No le costaría nada -propio, claro, porque administra plata ajena-y contaría con otra bandera de campaña para el oficialismo, operación proselitista que se completa con las presiones a la Justicia para que acelere la iniciación de los juicios a ex militares y ex policías acusados de delitos aberrantes en la represión clandestina de las guerrillas. Ir a las urnas con la banderita de YPF y con militares entrando a los juzgados cree el gobierno le haría recuperar el aire en una elección que se parece cada día menos a un paseo.

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