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Jorge Telerman y Jorge Bergoglio
«La Nación».
«La Nación».
Celebra el columnista el ocaso de Guillermo Moreno y aporta un detalle poco conocido hasta ahora: que las críticas de Felipe Solá al secretario de Comercio obedecen a que su delegado en el Mercado Central fue víctima de una pateadura de activistas identificados con el «morenismo». ¿Habrá algún fiscal que haga, aunque fuera de oficio, la denuncia por esta agresión?
VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».
También se enoja el columnista del monopolio -adonde tenían terminal las facturas presuntamente truchas de Sol Group- con las denuncias de Alberto Fernández. Se disgusta también con que se los compare a Kirchner con Hitler y al jefe de Gabinete con López Rega. Para hacerlo, dice, hay que saber historia; como no llega a ninguna conclusión es legítimo que un lector se pregunte con quién es injusta cada una de esas comparaciones.
El resto son admoniciones: que Telerman no debería tomar en bromas las denuncias como la de Sol Group porque ponen el dedo en la honestidad de su administración, que no se les debe atribuir un rol político a los movimientos de Jorge Bergoglio y que no se quede tan tranquilo Mauricio Macri porque este affaire de Sol Group puede salpicar a algún legislador de su bloque.
Aporta un dato interesante: que el tedéum del 25 de Mayo no lo oficiará en Mendoza el titular del obispado local, Jorge Arancibia. Su colega columnista dominguero Horacio Verbitsky (ver aparte) agrega que lo reemplazará el titular de la diócesis de San Rafael, el ultraconservador Eduardo Taussig, quien seguramente se hará un plato ante el Presidente que habrá preferido quedarse en Buenos Aires.
Sobre la cumbre Lula-Kirchner informa que el presidente argentino le expuso su proyecto de Cristina candidata, algo que Kirchner les niega a sus conciudadanos. Seguramente en el estatuto imperial de Brasil figura enterarse de los proyectos de sus súbditos antes que el público.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».
En otra carta pública con instrucciones para el Príncipe a quien sirve, Verbitsky le recomienda a Kirchner que no se deje llevar por el temperamento en sus peleas con Jorge Bergoglio. Como en otras columnas y algún libro, Verbitsky se ensaña con el primado de la Argentina, a quien le atribuye querer usurpar la soberanía popular que ungió al Presidente para imponer la voluntad divina. Debería ilustrarse un poco más el columnista ya que Bergoglio le explicaría que para los jesuitas el dictamen «vox populi, vox dei» no es una metáfora, es un programa.
Cuando explica su actitud, Bergoglio suele recordar que la misión de la Iglesia -para la Compañía de Jesús- es rescatar la soberanía popular cuando ha sido usurpada como ocurre en la Argentina por la crisis de los partidos y las demás instituciones políticas.
Se enoja Verbitsky con la Iglesia como si fuera una señora y habla de ella como de una asociación ilícita dedicada a proteger a curas menoreros y torturadores. Se ensaña con el primado al calificarlo de «misógino» y oportunista al rodearse de rabinos e imanes, como si buscase enjuagar su intolerancia.
La columna termina pareciéndose a aquellos folletos anti-Iglesia que distribuía antaño el Partido Comunista derramando insultos hacia los curas, los obispos y sus feligreses. Casi una anécdota que oculta lo poco razonable que tiene la entrega de Verbitsky de ayer: el consejo de que sería mejor menos pirotecnia desde el gobierno contra la Iglesia, menos fricción y más indiferencia.
El error del columnista es creer que el Presidente tiene un programa «secularizador» o que lo mueven convicciones cuando ataca a Bergoglio. Es una práctica habitual de los gobiernos plantear debates en torno a convicciones (religión, aborto, pena de muerte) porque saben que dividen a las formaciones políticas adversarias. ¿O acaso no usó Kirchner de mensajero en 2004 a Juan Carlos Blumberg para que le llevase al Papa una carta aclarando que ni él ni su esposa la senadora apoyan la despenalización del aborto? Frente a esto, lo de Verbitsky en queda hojarasca de domingo.



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