26 de noviembre 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Roberto Bendini
Roberto Bendini
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


El columnista-asesor del gobierno se toma una pausa en sus trajines como historiador eclesiástico para ejercer su oficio de vocero del oficialismo. Da, con voz autorizada, algo de sentido a la astracanada que terminó con el despido del director de inteligencia del Ejército, Osvaldo Montero, desde la óptica del oficialismo.

Verbitsky atribuye la trama a intenciones del propio jefe del Ejército, Roberto Bendini, de desestabilizar en el cargo a la ministra de Defensa, Nilda Garré.

Según lo cuenta el columnista, Bendini apostó a que ese puesto lo ocupase el ministro Aníbal Fernández, molesto por el acoso que haría Garré sobre Bendini por proteger a militares implicados en atrocidades del pasado. Cita incluso una frase dicha por ese jefe militar al estadista de Quilmes: «Vos tenés que ser nuestro ministro». Para eso, operadores en medios ligados a Bendini serían quienes fabricaron lo que considera una patraña, según la cual habría pinchaduras telefónicas hechas por la SIDE de llamadas de Montero a funcionarios de Interior.

Verbitsky niega que la SIDE haya intervenido y la salida de Montero la explica por pertenecer al círculo de los protegidos de Bendini, junto con los generales Roberto Fonseca (secretario del Ejército) y el jefe de Planeamiento, Jorge Teresa. De todos ellos el columnista ventila el prontuario: Fonseca habría dado a los diarios la información sobre las pinchaduras, Teresa habría sido condecorado en los años 70 por haber participado de procedimientos con bandas de la ESMA. Palacios y Fonseca habrían participado en la desaparición del cadáver de Mario Santucholuego de que se exhibiera en el «museo de la subversión» de Campo de Mayo, hecho que dice probó con fotografías entregadas a la Justicia el ex jefe Martín Balza.

Esta banda, entorno de Bendini, se habría juramentado para hacerla caer a Garré en Defensa, cuyo desempeño defiende Verbitsky como nadie -es, claro, un ministerio que con esa ministra reporta directamente al CELS, ONG que anima Verbitsky y que se encarga de hacer el « veraz» de cada designación-.

Tanto dato y tanta imaginación le impiden sin embargo al periodista contar qué pasó en esta historia que es una radiografía de cómo maneja el gobierno la defensa y la seguridad.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


La entrega de ayer hay que archivarla en la carpeta «Mirá De Vido cómo te pego». Está dedicada a reseñar el retroceso de posiciones del ministro de Planeamiento en el nuevo gobiernocristinista que se muestra en estos hechos:en el último viaje a Brasil la presidente electa lo hizo moverse en un colectivo y no en un auto; Ricardo Jaime tiene los días contados (no dice por qué, salvo que a él le parece que tiene demasiadas denuncias); la esposa del ministro, Alessandra Minniceli, renunció al cargo en la SIGEN, órgano de control de la administración nacional.

Hay más voluntarismos que información en este diagnóstico, ya que De Vido ha reinado en el anterior gobierno sin depender del vehículo asignado, es el jefe de Jaime y su esposa estaba excusada de entender en asuntos de su marido.

De Guillermo Moreno afirma Morales Solá que salva el cargo porque Martín Lousteau habla bien de él (¿de quién habla mal el futuro ministro de Economía?), como si su estabilidad en el cargo hubiera dependido alguna vez de lo que otros dicen del secretario de Comercio, uno de los funcionarios más denostados de la gestión de Néstor Kirchner.

Porque contradice prejuicios muy usuales hoy en política, es acertado que el columnista recuerde que los Kirchner son muy críticos de Hugo Chávez cuando están a solas o con entornistas íntimos, pese a que en público le consientan más de un exceso.

GRONDONA, MARIANO. 
«La Nación». 


El profesor ensaya un capítulo de antropología política para intentar una hipótesis sobre las rabietas presidenciales. Cree Grondona que Néstor Kirchner sabe elegir a sus adversarios para gobernar; son dos: los militares y la gente de campo. Porque quiere mortificar a los primeros les entrega regalos y fotografías a las organizaciones defensoras de la Memoria. Para hacerlo con los segundos, les aumenta las retenciones a las exportaciones.

En ese rumbo de enojos con sectores de la sociedad el profesor advierte una pausa frente a otra corporación, la Iglesia, a la que intentaría halagar ahora con la salida de Ginés González García y recibiendo al secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone.

Como se trata de hipótesis, toda conclusión queda en suspenso. Como la atención del lector de la columna, que con todo derecho puede preguntarse: ¿y si fuera todo al revés, que por promover ciertas acciones Kirchner termina teniendo estos enemigos?

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín». 


Se deja llevar este domingo el columnista por su querencia rosarina (nació allí) y dedica largos párrafos a reseñar una charla entre el nuevo gobernador de Santa Fe y Cristina de Kirchner. Exagera un poco cuando dimensiona la importancia del encuentro, que no es otra cosa que una visita social en la que charlaron -él mismo lo relata- sobre las noticias del día.

Más importante es la otra reunión que cuenta, entre la presidente electa y su compañero de fórmula, Julio Cobos, quien le reclamaría cargospara sus correligionarios radicales K en repago del millón de votos que dice le aportaron a la elección del nuevo gobierno. De esa reunión saldría un cargo de secretario de Relaciones Institucionales de la Cancillería -un parquin coqueto para el derrotado candidato neuquino- y algunas posiciones junto a Julio De Vido para radicales mendocinos duchos en el tema energético.

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