Comentarios políticos de este fin de semana
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El Gobierno acelera a 2027 con el riesgo de que se corra el eje de la grieta: de "anti K" a "anti Milei"
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Berni no descarta ser candidato a gobernador: "Voy a estar donde el proyecto me necesite"
Roberto Bendini
«Página/ 12».
Tanto dato y tanta imaginación le impiden sin embargo al periodista contar qué pasó en esta historia que es una radiografía de cómo maneja el gobierno la defensa y la seguridad.
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
La entrega de ayer hay que archivarla en la carpeta «Mirá De Vido cómo te pego». Está dedicada a reseñar el retroceso de posiciones del ministro de Planeamiento en el nuevo gobiernocristinista que se muestra en estos hechos:en el último viaje a Brasil la presidente electa lo hizo moverse en un colectivo y no en un auto; Ricardo Jaime tiene los días contados (no dice por qué, salvo que a él le parece que tiene demasiadas denuncias); la esposa del ministro, Alessandra Minniceli, renunció al cargo en la SIGEN, órgano de control de la administración nacional.
Hay más voluntarismos que información en este diagnóstico, ya que De Vido ha reinado en el anterior gobierno sin depender del vehículo asignado, es el jefe de Jaime y su esposa estaba excusada de entender en asuntos de su marido.
De Guillermo Moreno afirma Morales Solá que salva el cargo porque Martín Lousteau habla bien de él (¿de quién habla mal el futuro ministro de Economía?), como si su estabilidad en el cargo hubiera dependido alguna vez de lo que otros dicen del secretario de Comercio, uno de los funcionarios más denostados de la gestión de Néstor Kirchner.
Porque contradice prejuicios muy usuales hoy en política, es acertado que el columnista recuerde que los Kirchner son muy críticos de Hugo Chávez cuando están a solas o con entornistas íntimos, pese a que en público le consientan más de un exceso.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
El profesor ensaya un capítulo de antropología política para intentar una hipótesis sobre las rabietas presidenciales. Cree Grondona que Néstor Kirchner sabe elegir a sus adversarios para gobernar; son dos: los militares y la gente de campo. Porque quiere mortificar a los primeros les entrega regalos y fotografías a las organizaciones defensoras de la Memoria. Para hacerlo con los segundos, les aumenta las retenciones a las exportaciones.
En ese rumbo de enojos con sectores de la sociedad el profesor advierte una pausa frente a otra corporación, la Iglesia, a la que intentaría halagar ahora con la salida de Ginés González García y recibiendo al secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone.
Como se trata de hipótesis, toda conclusión queda en suspenso. Como la atención del lector de la columna, que con todo derecho puede preguntarse: ¿y si fuera todo al revés, que por promover ciertas acciones Kirchner termina teniendo estos enemigos?
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Se deja llevar este domingo el columnista por su querencia rosarina (nació allí) y dedica largos párrafos a reseñar una charla entre el nuevo gobernador de Santa Fe y Cristina de Kirchner. Exagera un poco cuando dimensiona la importancia del encuentro, que no es otra cosa que una visita social en la que charlaron -él mismo lo relata- sobre las noticias del día.
Más importante es la otra reunión que cuenta, entre la presidente electa y su compañero de fórmula, Julio Cobos, quien le reclamaría cargospara sus correligionarios radicales K en repago del millón de votos que dice le aportaron a la elección del nuevo gobierno. De esa reunión saldría un cargo de secretario de Relaciones Institucionales de la Cancillería -un parquin coqueto para el derrotado candidato neuquino- y algunas posiciones junto a Julio De Vido para radicales mendocinos duchos en el tema energético.



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