11 de febrero 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
MORALES SOLA, JOAQUIN
«La Nación»


Un fantasma recorre los panoramas políticos del domingo que pasó: los efectos negativos que puede tener la actividad de Néstor Kirchner sobre el naciente -con tumulto- mandato de su señora. Este analista, como sus colegas de otros diarios, manifiesta dudas sobre los beneficios de esa hiperactividad en gestiones chavistas, telefonazos a funcionarios del gobierno y el uso hasta de la residencia de Olivos para publicitar acuerdos como el que trenzó con Roberto Lavagna.

Como los demás columnistas de ayer -y como siguiendo la misma fuente- Morales Solá destaca que Néstor Kirchner es un caso raro de presidente argentino, ya que dejó el cargo con más apoyo del que tenía cuando asumió. También como el coro de comentaristas, se extraña por la oportunidad de que el ex presidente se lance ahora a la captura formal del PJ nacional, cuando hace varios años que permanece desactivado por orden expresa del gobierno peronista. No debería llamar la atención si se tiene en cuenta el diagnóstico poselectoral que ha hecho el ex presidente sobre los efectos del festival de listas «colectoras» en la provincia de Buenos Aires. Allí el peronismo se fragmentó en centenares de listas que han desarticulado el sistema de poder provincial, han dejado multitud de agraviados y heridos de diversa consideración que pueden lesionar las chances del oficialismo en las elecciones de renovación legislativa del año que viene. Si no se tiene en cuenta este diagnóstico, no se entiende este afán pejotista que tiene hoy el ex presidente.

Tampoco hay que entusiasmarse mucho con este proyecto, que reemplaza graciosamente y sin que haya mediado explicación alguna de Kirchner al que había anunciado la creación de un nuevo movimiento de centroizquierda que superaría al PJ histórico. La necesidad electoral que enfrentará el gobierno el año que viene parece haber convencido a Kirchner de que debe resignarse a mantener la misma sociedad que lo llevó a la Presidencia: el peronismo de Buenos Aires, que antes respondió a Eduardo Duhalde y que, con los mismos nombres, acumula adhesiones verticalistas en la mejor tradición del viejo peronismo. En esa misma necesidad se anota la alianza con Roberto Lavagna, cuya actuación electoral el 28 de octubre pasado la eximió a su esposa de disputar la Presidencia en una segunda vuelta electoral de destino incierto.

Como no tiene en cuenta estos factores, el columnista cierra la nota con interrogantes que traslada al lector: dice que Lavagna no puede explicar su aventura radical, si después iba a volver con Kirchner. Hay una razón simple, la identidad ideológica entre radicalismo y duhaldokirchnerismo, acuñada en los años de debate contra el menemismo. Es lo que explica el otro enigma que plantea Morales Solá, por qué la UCR se colgó de los faldones de Lavagna en la última elección. Otra explicación de política básica: el principal activo de Kirchner, contra lo que dijeron durante la campaña, se lo aportó Lavagna como ministro de Economía: Kirchner podrá ser lo que sea, pero no es necio. Nunca renunciaría a sumarlo en la hora de la mejor conveniencia.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


También desvelado por la sombra que proyecta Néstor sobre Cristina de Kirchner, este columnista señala algo novedoso del acuerdo con Roberto Lavagna: el suicidio político de este economista que hipotecó -o entregó directamente- lo que tenía de capital político en esta borocoteada.

Quienes creen que los políticos son unos aventureros, traidores, oportunistas, ventajeros, mentirosos, autistas, etc., encontrarán pruebas en este acuerdo que, hasta que se conozcan más detalles, es realmente entre dos personas. Nadie creerá que Lavagna le acerque ahora votos al kirchnerismo; le sirve más a Kirchner porque le da la oportunidad de mostrar su método de captura de voluntades ajenas, basado sobre la legitimidad de sus adversarios.

Sojuzga a los propios, los echa de su lado, los combate y cuando están desangrados los vuelve a aceptar mirando a la tribuna con gesto de ¿vieron cómo les va a los que pretenden independencia? Lavagna es otro ejemplo como tantos se cuentan en el kirchnerismo desde que era gobernador de Santa Cruz. Ninguno de estos retornados al redil kirchnerista después de recibir este trámite de deslegitimación vuelve jamás a levantar cabeza.

Van der Kooy señala otro ángulo interesante desde el cual mirar el operativo de captura formal del PJ: dominar al peronismo tumultuoso que puede complicarle la gestión a su esposa. Por eso el proyecto de «reorganización» con lista única de amigos excluirá a muy pocos para complacer a todos en la misma foto. Acertado este argumento, ya que responde a la vieja creencia de Néstor Kirchner de que en la Argentina es más difícil vérselas con el peronismo que con el gobierno del país. Es uno de los ejes de su gobierno y explica muchas de sus decisiones políticas y aun administrativas.

WEINFELD, MARIO.
«Página/12».


La misma letra pero con otra música: lo que a otros les preocupa (cómo Néstor Kirchner ejerce un gobierno que compite con el de su esposa) para este columnista del diario más amigo del gobierno, le parece un festival de agudeza, ingenio y talento del ex presidente. Dice que el peso específico de Kirchner y del PJ es incomparable con cualquier otro protagonista de la política. ¿Qué pensará entonces un Juan Mussi o un Hugo Curto, que creen que la maquinaria de la administración la mueven ellos junto a Julio De Vido y José López? ¿Qué pensará

Cristóbal López, que logra un decreto publicado en día feriado que lo obliga a poner más tragamonedas y por más tiempo en Palermo para atender las necesidades del público lúdico?

Frente a esos portentos de la política criolla, Kirchner es para este columnista inflamado de oficialismo «potente, desequilibrante y en plena acción». Sobre el PJ, se entusiasma con que será un «gran atril» para Kirchner en el futuro. Con tanto adjetivo abre también la posibilidad de que todo esto no salga tan bien, y le traslada sus dudas al lector: «Los dilemas se irán descifrando con el tiempo», remata hermético y como si entendiera menos que cuando comenzó a escribir su columna.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


También acumula el profesor especulaciones sobre la hiperkinesia del ex presidente Néstor Kirchner, pero tampoco se anima a esclarecer el rumbo. Cree sin embargo que Kirchner al ponera su esposa como sucesora y al pelearse su gobierno con el Vaticano y los Estados Unidos pareciera «que no reconoce fronteras constitucionales ni internacionales». «¿Nos hallamos entonces ante el despliegue tan ingenioso como inescrupuloso de una desmesura?», se pregunta de manera retórica este columnista que no está dispuesto a creer otra cosa. Exagera quizás cuando dice que si Kirchner no cambia de actitud, se salvará o se perderá la República; ésta ha resistido a embates mayores.

Dejá tu comentario

Te puede interesar