Cómo fue y qué pasó en la emotiva misa que organizó Peralta en Santa Cruz
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Militantes y seguidores de "Lupo" en la puerta de la gobernación donde se ofició la misa.
Siguió Soto: "Que el Señor a vos Néstor te recompense por todo lo que hiciste. A través de esa manera de ser supiste comprender a cada uno de los que tuvieron contacto con vos acá, a cada uno de los que fueron tu pueblo, a cada habitante y a todos los que nos diste esa fuerza que dice: 'Vamos, para adelante'".
Los que no cruzaban los brazos, sacaban pañuelos del bolsillo: los de traje y los de uniforme laboral. La luz tenue ayudó a disimular los rostros de tanta tristeza. El nudo en la garganta se convirtió en piedra.
Soto buscó descomprimir lo sellado a presión, como el féretro que lo trasladó 5 mil kilómetros en tres días. "Entonces, que nosotros podamos regar en este mundo haciendo el bien, construyendo, sigámoslo en las cosas buenas que él hizo, y como dije antes, y como dije siempre, y por eso rezamos, y hacemos misa de difuntos: que el Señor le perdone sus pecados, que bastante habrá tenido, eh?".
Fue inevitable: ese pedido despertó el asombro. Un giro de la mirada a la derecha, otro a la izquierda. Algunos levantaron la pera al cielo, movieron los labios y alzaron el ceño para preguntarse ¿Qué quiso decir?. Soto dijo lo que dijo.
Y continuó con una confesión. "Él me decía: '¿Sotito sabés para dónde voy a ir yo, no?' Por eso me pedía esa agua bendita, que me pedía mucha, pero para todo el resto también pedía".
En el final, Soto lo perpetuó como el santo de los regalos de Navidad. "Pidamos que el Señor recompense todas las cosas buenas que hizo. Todos hemos recibido mucho de él, en todos los pueblos. ¡Qué hermoso era cuando era gobernador verlo llegar a los pueblos!. Que lindo que era eso, no?. Uuu, cuando venía él y parecía que venía Papá Noel. Siempre nos traía soluciones, siempre nos llevaba cosas. Así que por él rezamos".
Durante la oración, funcionarios, empleados estatales, dirigentes, militantes, vecinos, curiosos y periodistas acreditados no salieron de la extrañeza por las palabras. A los pocos minutos, la improvisada capilla ardiente quedó vacía. Todos se fueron al cementerio. El cuerpo de Kirchner estaba por arribar a su ciudad natal.




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