21 de agosto 2008 - 00:00

Como Saint-Exupéry, también Piazzolla tiene aeropuerto

La viuda de Astor Piazzolla, Laura Escalada, ayer con Cristinade Kirchner en el aeropuerto de Mar del Plata quefue rebautizado en acto al que concurrieron, además, DanielScioli y Florencio Randazzo.
La viuda de Astor Piazzolla, Laura Escalada, ayer con Cristina de Kirchner en el aeropuerto de Mar del Plata que fue rebautizado en acto al que concurrieron, además, Daniel Scioli y Florencio Randazzo.
Se los estudiará el día de mañana a los gobiernos Kirchner también por el empecinamiento en cambiar, no ya el futuro, sino el pasado. No sólo imaginan un pasado personal de insurgencia que nadie registró en su momento; también se entusiasman con actos que se presentan como únicos en la historia. Ayer Cristina de Kirchner dijo en Mar del Plata que nunca se le había puesto a un aeropuerto argentino el nombre de un artista y que dominaban en esas designaciones los de ex militares. Fue al rebautizar la estación aérea local con el nombre de «Astor Piazzolla». Las administraciones soviéticas hicieron fama en la corrección del pasado -con el cambio de los vientos- cuando modificaban las biografías en cada edición de la enciclopedia de la Academia de Ciencias. Fue una profecía de Orwell en la utopía totalitaria «1984», novela en la cual el Gran Hermano alteraba las historias en el diario de cada día, fantasía que actualmente facilita a escala personal el programa de computación Photoshop. Uno de los usos más frecuentes hoy es el de gente que borra de las fotografías digitalizadas a personas del pasado pero indeseables hoy; se trata de borrar al ex cónyuge, al ex socio, al ex amigo, pero conservar las imágenes del pasado como uno quisiera que hubiera sido. Como imaginan, entre otros, los Kirchner que se puede construir el pasado.

«Creo que es el primer aeropuerto que tiene el nombre de un artista en la República Argentina, o me equivoco, y me parece fantástico», dijo la Presidente ayer en el acto en el aeropuerto de Mar del Plata, adonde llegó junto a Daniel Scioli y la viuda del músico, Laura Escalada. «Yo nunca creí -agregó- que hubiera compartimentos estancos en las sociedades, que digamos un aeropuerto tuviera que tener el nombre de un militar, más allá del honroso nombre que lleva, del brigadier De la Colina, o que los artistas tuvieran que estar únicamente en el teatro o en un museo. Yo creo en las sociedades integradas, plurales. Me parece que tener el nombre de un artista de la valía de Astor, aquí en un aeropuerto internacional, como el de Mar del Plata, es un signo de incorporación a los cambios de los tiempos. Porque no solamente es la primera vez en nuestro país, pero no en el mundo, en muchos lugares se está adoptando esta fantástica costumbre de designar con artistas, que son los que expresan el sentir popular.»

Mal informada (por su responsabilidad o la de sus asesores) omitió, por ejemplo, que desde hace casi 20 años el aeropuerto de Viedma lleva el nombre de Antoine de Saint-Exupéry, autor de «El principito» (libro que si leyera la Presidente encontraría inspiración para sus discursos). Este artista vivió en el país, creó el correo aéreo en la Patagonia y amó a las argentinas, por lo cual merece por lo menos la nacionalidad honoraria. Murió peleando contra los nazis.

  • Olvido


  • Pero no es el único civil cuyo nombre se le puso en la Argentina a un aeropuerto. El de Córdoba lleva el del ingeniero Ambrosio Taravella, impulsor de la aviación en esa provincia, que fue a estudiar a Italia mandado por el entonces presidente Marcelo de Alvear. Quizás lo omitió la Presidente porque era apoyado por un gobierno radical. Pero también olvidó que el aeropuerto de Corrientes fue bautizado hace ya rato con el nombre de Fernando Piragine Niveyro, que fue gobernador de esa provincia por la UCRI de Arturo Frondizi, que llegó al poder después de firmar un pacto con Juan Perón. Piragine tiene un mérito agregado que debería conocer Cristina de Kirchner: cuando dejó la gobernación en 1963, ese correntino fue elegido diputado nacional y murió al año siguiente en su banca, mientras pronunciaba un discurso en defensa del destituido Frondizi. No es común que los legisladores argentinos caigan en combate; por eso solo hubiera merecido ayer una mención presidencial.

    Pero hay más: el aeropuerto de Mendoza lleva, sin que nadie lo discuta, el nombre del ex gobernador conservador Francisco Gabrielli. Su partido no gobierna esa provincia hace rato y hasta tiene un pasado de colaboración con gobiernos militares. Pero los mendocinos no piensan en bajar el retrato de Gabrielli.

    Como tampoco los jujeños, cuyo principal aeropuerto lleva el nombre de Horacio Guzmán, ex gobernador fallecido hace diez años, radical de origen y fundador del Movimiento Popular Jujeño y que también tuvo cargos con gobiernos militares.

    No le merecerá comentarios en contra a la Presidente que el aeropuerto de San Rafael, Mendoza, lleve el nombre del sargento ayudante Santiago Germano. Fue un militar, aunque subalterno, e hizo fama como artista; se dedicó en los años 30 a dar espectáculos de acrobacia aérea en la Argentina, Brasil y Uruguay junto a su partenaire Carola Lorenzini, otra artista cuyo nombre también está esperando un aeropuerto, pero que como consuelo ya designa una calle de Puerto Madero.

    De Piazzolla habrá recordado Cristina de Kirchner que en 1989 prometió irse del país si ganaba un presidente peronista. Ganó Carlos Menem, que gobernó tan del agrado del músico que se disculpó en público y regresó a la Argentina.

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