"No aguantó los dos muertos". Así, crudamente, uno de los principales funcionarios del gobierno explicó la decisión de Eduardo Duhalde de adelantar los comicios de renovación presidencial. Después matizó la afirmación: «Si no lo determinaron esas muertes, por lo menos fueron el detonante». Dos personas fueron las que más gravitaron en la resolución. Hilda Chiche Duhalde y Carlos Ruckauf quien, como Raúl Alfonsín, es experto en fugas. La esposa del mandatario trabajó sobre su ánimo durante todo el fin de semana, angustiada por los episodios de Avellaneda, que terminaron con la vida de dos piqueteros. Como el Presidente manifestaría después delante de su círculo más íntimo, ella creyó que el conflicto callejero terminaba con el valor diferencial que podía ofrecer el duhaldismo como formación política: el control del conurbano. «Fue en nuestra provincia, no en otra, Eduardo», repitió la primera dama, para depresión de su marido. Fue decisiva, tanto como lo había sido cuando impulsó a su marido a hacerse cargo del gobierno en una Asamblea Legislativa. Ruckauf apeló a otros argumentos. La idea de que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional será muy trabajoso y desgastante, convicción que se formó con independencia de los datos pasablemente alentadores que aportó Roberto Lavagna después de su viaje a los Estados Unidos.
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Envuelto en este clima de opinión, el lunes Duhalde convocó a su despacho a Alfredo Atanasof, José Pampuro, Aníbal Fernández, Jorge Matzkin y Eduardo Amadeo. Para presentar la resolución aplicó un tono confesional. «Está prácticamente decidido y quiero comunicárselo. No quiero que haya filtraciones. Tenemos que pensar en un calendario electoral y anticipar la entrega del poder.» En rigor, ninguno de los que se habían sentado a la mesa se sorprendió demasiado. No bien regresó de su viaje a La Rioja, el 24 de junio, esos mismos hombres habían escuchado una propuesta similar, claro que expresada con menos pesadumbre.
La formulación de la idea desató un pequeño debate. Todos, salvo Pampuro -que tuvo un adelanto el sábado por la tarde, en Lomas de Zamora-, amagaron con objeciones. Pero Duhalde las refutó con una letanía testimonial: «Pocas cosas de las que vine a hacer se cumplieron. Pensé en un acuerdo con la producción, y el ministerio para hacerlo está vacante. Me habían prometido u$s 20.000 millones de afuera (se refería a las fantasías de Ignacio de Mendiguren) y no hay un peso. Pero lo peor es que venía invicto en materia de muertos y ahora tengo dos, que además son de la provincia». Como Ruckauf, Duhalde interpretó que los nubarrones comenzaban a confluir hacia él y pensó que corriéndose de la escena podrá evitar la tormenta. «¿Por qué se la van a agarrar con nosotros, los piqueteros o los que sean? Si nos estamos yendo y además, cada uno estará trabajando para su candidato», razonó uno de los contertulios de Duhalde, ayer, delante de este diario.
La conversación en la mesa presidencial se encarriló según dos temas. El primero fue el efecto de la decisión sobre la economía. Amadeo consideró que sería mejor hacer los anuncios dentro de un mes, cuando las negociaciones externas estuvieran más consolidadas. Lavagna, sin cambiar opiniones con el vocero, piensa parecido. Sólo que no pudo expresárselo a Duhalde antes de que anuncie internamente su determinación de alejarse en mayo del año que viene. El ministro de Economía había visitado al Presidente el lunes por la mañana. Le informó el resultado de sus tratativas con el Tesoro de los Estados Unidos, el Fondo y los bancos extranjeros.
«¿Quiere decir que hay acuerdo?», lo hizo concluir Duhalde. Lavagna: «Si tenemos en cuenta mis conversaciones con (Horst) Köhler y con (Paul) O'Neill, debería decirle que sí, que ya tenemos el acuerdo». Duhalde: «Entonces ¿podemos pensar en ir saliendo del gobierno?». En este punto de la conversación, Lavagna sobreinterpretó el sentido de la pregunta. Creyó que el Presidente quería conocer si hubo alguna recomendación externa para que se adelantaran los comicios y quiso descartarla con énfasis: «De ninguna manera eso tiene que ver con la negociación. Es usted el que toma esa decisión, que es una decisión política». Ayer Lavagna se arrepintió de esa respuesta, según le hizo saber al resto del gabinete. «Si hubiera sabido que él estaba tomando la decisión, le hubiera pedido más tiempo. Por lo menos que la comisión de notables terminara de formular el programa monetario, que tendrá un aval internacional del que carece cualquier otro país», lamentó el ministro de Economía. Ahora teme que, además, la percepción de un gobierno en retirada desate presiones sectoriales desproporcionadas sobre el Ejecutivo: seguro de cambio para la deuda externa privada, indexación de tarifas, demandas salariales son algunas de las plagas que imagina Lavagna.
En la conversación con sus principales colaboradores, Duhalde no había adelantado la opinión de su ministro. Más bien alentó a los otros cinco funcionarios a encontrar razones (coartadas) positivas del alejamiento. Se esgrimieron tres: que la negociación con el Fondo está encaminada, que la legislación sobre internas abiertas (que tanto favorece al peronismo) había sido aprobada en el Congreso y que el innovador programa para asistir a jefas y jefes de hogar funciona satisfactoriamente. Para que la puja política no complique la marcha de la economía, en la mesa del Presidente se imaginó convocar a un pacto preelectoral a los candidatos, por lo menos a los del PJ: que suscriban los 14 puntos del documento que adoptaron los gobernadores como consenso básico para llevar adelante en la futura gestión nacional.
Antes de que se disolviera la reunión, Duhalde pidió nuevamente discreción. Hasta insinuó que podría anunciar la salida adelantada el mismo lunes, pero lo convencieron de esperar 24 horas: «No podemos permitir que el mundo se entere por la televisión», le hicieron ver. Cuando Fernández sugirió alguna objeción constitucional, contestó: «Lo importante es tomar la decisión; ya se verá cómo se la lleva adelante según la ley». Comenzaron entonces las notificaciones. El propio Presidente convocó a Olivos, esa misma noche, a los presidentes de las cámaras, Juan Carlos Maqueda y Eduardo Camaño. Les resumió los argumentos del mediodía y les agradeció que se votara la ley de internas abiertas simultáneas: «Cuando la promulgue, lanzo el proceso electoral».
A partir del mediodía de ayer, los principales funcionarios del gobierno anticiparon lo que se anunciaría por la tarde en un discurso que ya a esa hora redactaba Luis Verdi. Un par de banqueros tuvo la primicia. Lavagna fue avisado personalmente y, de inmediato, comunicó la novedad al Tesoro de los Estados Unidos y a los organismos multilaterales. «Tuve buena recepción; todos entienden que la normalización política acompañará bien a la normalización económica», le informó a Duhalde. Ruckauf dio el parte ante el embajador de los Estados Unidos y los cancilleres de la región y de España. Entre el Presidente y Matzkin se repartieron la lista de gobernadores. Se les informó a todos lo resuelto y se convino en analizar más serenamente el juego hoy, cuando la mayoría de los jefes provinciales esté en Buenos Aires y se entreviste con Duhalde. Un colaborador le preguntó ayer al mandatario, en Olivos: «¿Qué van a hacer los gobernadores?, ¿se sumarán a la fecha nacional para los comicios provinciales?». Contestó: «Nadie moverá una ficha antes de ver quién es el candidato ganador en el PJ».
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