15 de noviembre 2004 - 00:00

Complica a funcionarios una rara prohibición de mentir

Si la palabra de Néstor Kirchner tiene rigor, sus funcionarios deberán comenzar a medir con cuidado cada una de sus declaraciones. De concretarse la amenaza presidencial de echar a quienes « mientan», el gobierno se enfrenta al peligro de una inminente acefalía.

Los tropiezos de la última semana con, por un lado, el megaanuncio sobre China y, por el otro, la suba de jubilaciones (ambas informaciones, emanadas desde el Ejecutivo y luego desmentidas por el mismo Ejecutivo) empujaron a Kirchner a lanzar el ultimátum.

• Sugerencia

Desde Santa Cruz, el Presidente aseguró que los integrantes de su gobierno que «mientan» durarán «cinco minutos» en sus cargos y, acto seguido, les sugirió a los periodistas que hagan públicos los nombres de los funcionarios que, con reserva de fuente, les dieron la información.

Desde que asumió, el 25 de mayo de 2003, Kirchner estableció un cerrojo informativo. Y, para sostenerlo, entre otras medidas, hasta prohibió las reuniones de gabinete con el objetivo de mantener buena parte de la información oficial -o de los conflictosbajo su estricto dominio.

• Autoadvertencia

Por eso, es doblemente llamativa la referencia del Presidente: en esencia, el grueso de la información que trasciende surge, sino del mismo Kirchner, de voceros estrechamente ligados a éste que no arriesgan evaluaciones ni comentarios sin la venia presidencial.

Es decir: tomando como referencia lo ocurrido con el fallido megaanuncio de un acuerdo multimillonario con China, casi que la advertencia de
Kirchner es una para sí mismo. De hecho, fue el Presidente quien confió a sus íntimos que esa medida lo pondría a la altura de José de San Martín.

Incomodó a Kirchner que hasta los medios que hacen de la información del gobierno una Biblia cuestionaran las idas y vueltas de la última semana.

Mayor será la molestia cuando, como pronostican los analistas, las encuestas revelen que los fallidos anuncios sobre China y el aumento para jubilados terminarán por afectar la imagen presidencial.Y por eso, Kirchner buscósacarse de encima ese costocuando lanzó su amenaza.
«Yo no pongo las manos en el fuego por nadie y de los únicos que me siento empleado es de los argentinos», dijo en El Calafate, corriéndoles el cuerpo a sus voceros y sugiriendo que la « novela» sobre China fue un error de los medios de creer en fuentes que no son confiables.

A la distancia, la intimación a que los funcionarios mentirosos serán expulsados del gobierno hasta podría compararse con una recordada cita de
Carlos Menem: «Ramal que para, ramal que cierra». Traducido lo de Kirchner es: funcionario que miente, funcionario que se va.

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