3 de mayo 2002 - 00:00

Con el nuevo equipo, Duhalde ya desafía a los gobernadores

No termina de explicar Eduardo Duhalde a su entorno qué significado tiene el cambio de gabinete que dispuso el fin de semana pasado y que se consumará hoy con la jura de tres nuevos ministros: Alfredo Atanasof para la Jefatura de Gabinete, Graciela Camaño para Trabajo y Jorge Matzkin para Interior.

• La razón que ilumina más directamente estos movimientos tiene que ver con una urgencia: las leyes que exige el Fondo Monetario Internacional deben estar aprobadas la semana que viene. De lo contrario, es posible que no se pueda seguir pensando en este gobierno para mucho tiempo más. Ubicar a Matzkin en Interior y a la esposa de Luis Barrionuevo en el Senado permitiría destrabar la actividad parlamentaria. Cualquier pago es barato si lo que se compra es la supervivencia de la propia gestión.

• Es dudoso, sin embargo, que el efecto que se persigue se mantenga por mucho tiempo. Si la designación de la ministra fue una compensación a su disidencia y la de su esposo, acaso el gesto de Duhalde sea una convocatoria a levantarse en armas contra su gobierno para conseguir algo a cambio. Los nombramientos generarían, entonces, no más sino menos disciplina parlamentaria.

• Es probable que Duhalde haya pretendido otra consecuencia con sus nombramientos. El pase de Matzkin y Camaño al Ejecutivo se habría dispuesto pensando en los gobernadores más que en el Congreso. El Presidente quedó herido con la liga de mandatarios provinciales que, por enésima vez en su carrera, le hizo sentir el rigor del interior sobre el conurbano. No sólo lo sometieron a cumplir con los 14 puntos del documento elaborado por Juan Carlos Romero. Una vez que le aplicaron una especie de reprimenda, las provincias rechazaron, casi con la misma estridencia, cualquier compromiso de gestión con el gobierno. El cambio de gabinete es también una respuesta, incierta y defectuosa, a este desaire.

• Con Matzkin en Interior, Duhalde cree que podrá superar el trato considerado y afable de Rodolfo Gabrielli hacia los jefes de provincia. Para los duhaldistas el mendocino es, como todo aquel que pasó por ese cargo, un gobernador más. Es decir: un hombre al que inútilmente se lo puede convocar para dar una batalla o, por lo menos, para resistir una embestida. Es posible que Matzkin tampoco se muestre más agresivo, salvo que cambie un estilo de años, ya demostrado en su largo paso por la Cámara. Pero con el pampeano Duhalde cree estar comprando las maquinaciones y artimañas de José Luis Manzano, mentor eterno del presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda.

• La designación de Camaño es vista por varios hombres del entorno presidencial desde la misma perspectiva. Es cierto que el pase de esta diputada a Trabajo es la puerta para el desembarco de la CGT en el gobierno (los sindicalistas suelen acercarse durante el crepúsculo, cuando los presidentes están deprimidos pero todavía cuentan con la potestad de firmar decretos: lo hicieron con Carlos Menem, Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa). Aunque esta mirada sea injusta, porque la legisladora se ha ganado un perfil propio. Sin embargo, Duhalde no advierte tanto este aspecto de la operación como otra posibilidad: la de comprometer al temerario Barrionuevo, «ministro consorte», con la acción social del gobierno. Vista desde este ángulo, la llegada de este matrimonio a la proximidad de Olivos supone un proyecto, por lo menos en la fantasía duhaldista. Se trataría de adquirir al principal puntal del poder de movilización de Menem en sus mejores años (que los Duhalde sufrieron en carne propia) para desarrollar una política agresiva de cara al frente federal. Habría llegado la hora que temen varios mandatarios del interior: aquella en que Duhalde se sirve de los recursos del plan para jefes y jefas de hogar y de los u$s 1.000 millones que eventualmente pueda desembolsar el Fondo para asistencialismo, para construir una plataforma de poder capaz de dejarlo en la Rosada o de permitirle la consagración de un sucesor. La promoción de Atanasof, casi un interventor de Chiche Duhalde sobre el resto del gabinete, apunta a la misma pretensión. Suele pasar que algunos seres humanos imaginen sus hazañas más ambiciosas sólo para evadirse de las crisis más agudas.

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