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Foto Ignacio Petunchi.

"Dicen que ustedes vienen a respaldar los problemas legales que yo tengo. No estoy implicado en ningún tema de corrupción. Si tuviera un problema tengo las suficientes pelotas para defenderme", bramó Moyano desde el escenario montado sobre la 9 de Julio. Y más tarde, agregó: "No tengo miedo de ir preso. Estoy dispuesto a ir preso. No tengo miedo que me maten, estoy dispuesto a dar la vida por los trabajadores".
Asimismo, el camionero dijo que "la política económica que se lleva adelante es para perjudicar a los que menos tienen". "Esta movilización multitudinaria, conformada por distintos sectores políticos y sociales, venimos con un solo objetivo, es decirle al Gobierno, señor presidente no siga llevando adelante políticas que hambrean a la parte más sensible de la sociedad", agregó.
Luego, advirtió: "No vinimos a amenazar al Gobierno, no somos antidemocráticos ni desestabilizadores, somos hombres y mujeres que venimos a decirle que dejen de aplicar políticas que hambrean a los que menos tienen".

El encargado de abrir el acto, que se adelantó para antes de las 15, fue el triunviro de la CGT y líder del gremio de Dragado y Balizamiento, Juan Carlos Schmid, quien leyó un documento con los seis principales reclamos contra el Gobierno. Debajo del escenario, unas 400.000, según los sindicalistas, escuchaban el acto.
Las organizaciones gremiales del transporte, en su momento clave para paralizar el país, los grandes sindicatos de servicios, como Comercio de Armando Cavalieri, y los independientes de Obras Sanitarias (José Luis Lingeri), Upcn (Andrés Rodríguez) y la Uocra (Gerardo Martínez) decidieron darle la espalda a los Moyano.
También se bajó de la marcha el gastronómico Luis Barrionuevo, quien dio a entender, a través del triunviro de su máxima confianza, Carlos Acuña, que si bien hay argumentos para marchar, la convocatoria parece más ajustada a la inquietante actualidad judicial del camionero.
La partición de la CGT en dos grandes bloques de apoyo o rechazo a la movilización profundizó hasta el límite la grieta que ya se insinuaba luego del último paro general, al punto que el propio triunviro Juan Carlos Schmid admitió hace algunos días que "el ciclo de los tres secretarios generales de la central está prácticamente agotado".




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