Confesiones de Blejer a tres curiosos obispos
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Pusieron un rostro característico los obispos y Cafiero, no Angulo que es políglota. Blejer precisó: «Fue en ese momento y no antes del 'corralito', cuando la gente empezó a buscar las entidades más sólidas para sus ahorros porque advirtió el tembladeral y el gobierno, a pesar de las descompensaciones, por razones políticas decidió que ningún banco cayera. Así fue».
-Me dijo un banquero --señaló Angulo-que él ya nunca más le va a dar un préstamo a la Argentina.
-Bueno, replicó Blejer, comprendamos que ese hombre ya ha dejado de ser banquero. Si no se presta no hay negocio. Pero habrá que recuperar confianza, asegurar cobrabilidad y que la gente tenga fe para realizar depósitos. Una larga tarea.
Era el turno para las preguntas de Casaretto, quien, por alguna bendición celestial, quiso saber: «¿Y si viene un banco de afuera diciendo: 'Yo traigo plata'?» (no se refería, claro, al Banco Ambrosiano, ya que ciertas normas de lavado todavía se cumplen en la Argentina). Paciente, Blejer le contestó: «Es difícil que eso ocurra por ahora. Además, tantos medios angustian en el exterior mostrando imágenes patéticas de la Argentina. Habrá que esperar a que cicatrice la herida y luego ver, ya que la gente perdona (aquí parecía un católico) pero no olvida».
-La gente también olvida, aseguró Casaretto.
-No creo, coligió Blejer, es la tercera vez que se defrauda por lo menos. Piense en el rodrigazo, luego en el plan BONEX y ahora esto. Yo creo que tal vez perdone, pero será difícil que olvide.
Reconstrucción
Después hubo cierta versación técnica expuesta por Angulo, quien en voz alta reflexionó sobre la posibilidad de exigirles a los bancos extranjeros (habló del eufemismo «mejor respaldados») que traigan más rápido la plata que se llevaron. Intervino Reyna y le explicó que esos bancos «eran -según ellos mismos expresaban-ciento por ciento argentinos». Blejer igual convino en que a medida que se reconstruya el sistema, sería posible que los extranjeros comenzaran a capitalizar.
Casaretto planteó lo que anida en su cabecita de monje: «Ya que no funcionan los acuerdos con las corporaciones y no prospera la asistencia del FMI, ¿no sería bueno explicitar el mensaje y marcar el camino de que los argentinos nos tenemos que arreglar por nuestra cuenta?». Blejer le respondió: «Mire, tal vez se pueda vivir con lo de uno, pero la verdad es que sería catastrófico para el país. Y, especialmente, para los pobres. Si no logramos un acuerdo con el FMI, los pobres van a sufrir mucho más que ahora. Hay que entenderlo».
Casi sin pestañear, tal vez porque no escuchó lo que deseaba, Casaretto repitió lo que la Iglesia preventivamente anuncia hace varios años: «Sin plata para los pobres, habrá incendios. La burocracia inter-nacional -no se sabe a quién se dirigía, si a Blejer o a Angulose maneja con tiempos que no son los nuestros, no entienden la emergencia». Allí, entonces, hablaron varios sobre la ayuda externa, del club de amigos, de la troika europea, pero el tema de la urgencia nunca pudo figurar como prioridad. Se desvanecía la charla cuando Cafiero intervino por primera vez: «Es irritante -advirtió- el privilegio de varios que se escaparon del 'corralito', eso subleva a la población». Casi insinuaba corrupción, parecía una persona potenciada por lo que afirman en radio y TV los movileros sobre bancos y elegidos. Blejer, ajeno a ese espíritu de sospecha, le señaló: «No es demasiado importante eso, la Superintendencia se ocupa de esas filtraciones. Lo que importa es mantener el 'corralito'. Es marginal eso de los que se anotan con más de una cuenta o aquellos otros que fuerzan devoluciones por enfermedades inexistentes. Es parte del sistema, pero no es substancial». Cafiero no dijo nada más quizás porque él se refería a presuntos evasores, de apellidos tradicionales, sobre los que escribió y denunció pero hasta ahora nadie probó. Blejer no estaba, por lo visto, en esa pavada de izquierda.
Cordiales y contentos quedaron todos, el bien común prevalece en esos encuentros, también la vocación de servicio de sus integrantes (porque se supone que nadie está remunerado, son aportes que todos realizan fuera de las horas de trabajo. ¿O no?). Lástima que los no creyentes en estos esfuerzos contagien su escepticismo.



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