C omenzará a desperezarse del sueño veraniego el Congreso esta semana, aunque las sesiones se retomarán recién el jueves 3 de febrero para terminar de sancionar las cuatro leyes más importantes que quedaron pendientes desde diciembre. Ayer, la actividad se centró en el Senado, no por trabajo sino ante la expectativa de que Néstor Kirchner firme hoy el decreto de convocatoria a sesiones extraordinarias. Para alimentar la posibilidad de la toma inminente de esa demorada decisión -se sabe que Kirchner quiere al Congreso funcionando sólo lo imprescindible-en el bloque PJ estuvieron pendientes de la reunión entre el Presidente, Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, y Carlos Zanini, jefe del área legal y técnica. Kirchner definió allí los alcances de la convocatoria que, hasta ayer, tenía sólo como temas seguros la ley que modifica el marco regulatorio y la comercialización del gas licuado de petróleo en garrafas, y la modificación a la tasa especial del gasoil. Pero en esa lista deberán ingresar también los demorados pliegos para el pedido de acuerdo a la designación de Darío Alesandro como embajador en Cuba y de Rafael Romá en Paraguay.
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La sesión en esa Cámara esta prevista para el jueves 3 a las 15, siempre que antes se conozca el decreto convocando a sesiones extraordinarias, de lo contrario los legisladores deberán esperar hasta el 1 de marzo. En Diputados se espera la misma medida, pero para habilitar la votación de un tema casi imposible, por la división entre y dentro de los bloques, el proyecto que establece la figura del donante presunto -revirtiendo la situación actual donde dona órganos quien lo establece previamente o por decisión de su familia-y la desfederalización del delito de narcotráfico para casos menores, un proyecto pedido por Felipe Solá que quedó preso en el Congreso de su interna con Eduardo Duhalde.
De todas formas, ¿son ésas las preocupaciones reales que recorren los todavía medio vacíos pasillos del Congreso? Por importante que parezcan esos temas, las elecciones legislativas de este año les ganan por lejos en la lista de prioridades. Elisa Carrió y la radical Margarita Stolbizer, por ejemplo, ya pusieron en la mira -nuevamente el conocido peligro peronista de quedarse con los tres senadores en algunas provincias -dos por la mayoría y uno por la oposición-yendo a elecciones con el peronismo dividido, ya sea a propósito para la ocasión o como correlato de sus rencillas internas, lo que a los efectos prácticos es lo mismo.
Carrió ve el riesgo de que hasta en la provincia de Buenos Aires un PJ llegando a las urnas con dos o más listas se quede con los tres senadores y viole, de esa forma, el espíritu de la reforma constitucional de 1994, o lo que es igual, el pacto de Olivos que elevó un senador por distrito para abonar el acuerdo con el radicalismo. Algo similar denunció Stolbizer, y que podría repetirse con mayor certidumbre en provincias como La Rioja, con los Menem, por un lado, y Jorge Yoma, por el otro, o en Misiones por la división entre Ramón Puerta y Carlos Rovira.
Es sólo el inicio del ruido electoral en el Congreso este año que, aunque con lógicos temores de aumentar la hegemonía peronista en los poderes del Estado, deja de lado problemas complejos que vienen postergándose en leyes clave sin votar. El marco regulatorio del gas licuado de petróleo figuraba en el temario de la última sesión posible de 2004, pero no se pudo votar porque el justicialismo no tenía asegurados los dos tercios de los votos que eran necesarios para imponer su sanción original sobre las modificaciones de Diputados.
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