Congreso-Gobierno: disputa por bolsillos estatales activa fanatismo para la tribuna

Política

Mientras el sector privado se asfixia, la discusión por una baja de sueldos públicos busca desplazar del centro de atención no sólo al escenario de la salud, sino también a la colosal militancia -actuada, en muchos casos- blindada por los gobiernos de los últimos años en distintos organismos e instituciones.

Mientras gran parte del mundo inicia una frenética carrera para amortiguar las brutales consecuencias que trajo el coronavirus Covid-19, el Congreso y defensores oficiales y extraoficiales del Gobierno nacional activaron una insólita puja por los bolsillos estatales, situación que se da también en provincias y municipios. El oportunismo de la guapeza artificial para no cambiar nada desvía dos focos de atención de corto y mediano plazo: el escenario de salud frente a una pandemia y la continua asfixia hacia el sector privado mientras se mantiene una colosal militancia -actuada, en muchos casos- blindada por los gobiernos de los últimos años en distintos organismos e instituciones.

En las últimas horas, opositores y oficialistas del Congreso se cruzaron para ver quién impone el mejor proyecto o idea para bajar salarios legislativos o, para ganar adeptos, en los tres poderes del Estado. Mientras tanto, se mantienen fieles los pagos con aplausos para los siempre olvidados médicos -fuerzas de seguridad, etcétera- y todo el personal que sigue de tareas en plena cuarentena, como por ejemplo, parte de la denostada “Justicia”. Para una parte de ellos apareció un exiguo paliativo, al igual que para la clase baja del país.

También se escuchan cacerolas. Lo cierto es que, días atrás, los diputados de casi todas las bancadas acordaron aumentarse subsidios personales y, tras las primeras críticas, aclararon que los mismos serían destinados a la lucha contra la pandemia. El Senado, mientras tanto, mantiene perfil bajo y especula con las decisiones de la Cámara baja para no esquivar dardos, pero promesas de revisiones dejan aún mucho que desear. Ni hablar de curiosas designaciones en despachos y bloques.

Si hay algo que sobra en el Congreso y en la Casa Rosada es plata. El poder legislativo, por caso, tiene colosales estructuras con controles suaves y criticados, siempre, por lo bajo. Las “roscas” para integrar o manejar las comisiones que controlan la Biblioteca del Congreso, o la bicameral de inteligencia -fondos reservados- son botines preciados por las principales bancadas. También lo son los “grupos de amistad”, que pasan muchas veces desapercibidos y derivan en conexiones de todo tipo y tenor. A todo esto deben sumarse los viáticos y los famosos “contratitos”. La rama sindical, por supuesto, está en sintonía.

Durante un año y medio, el kirchnerismo abrazó en su campaña a las pequeñas y medianas empresas laceradas por la entonces “recesión macrista”. Como primera medida, en diciembre pasado, gatilló un festival de impuestos disfrazados de “emergencia solidaria” y congeló jubilaciones que lejos están de ser como las de “privilegio”, que fueron olvidadas hasta hace semanas atrás, con un proyecto descremado sancionado por el Congreso.

A la hora de buscar beneficios para el sector privado, el Gobierno todavía no le encuentra la vuelta y prefiere ubicar a cualquier comercio y empresa como “los que ahora tienen que ganar menos”. Por ende, la supuesta recesión quedó en el olvido. El Congreso, por su parte, sólo emite iniciativas sueltas -algunas, originales e interesantes- desde distintos bloques -incluido el propio oficialismo, que se despertó de la siesta- y sólo se une, como lo hará en los próximos días Diputados -tomaron la posta el titular de la Cámara baja, Sergio Massa; y el jefe de Juntos por el Cambio, el radical Mario Negri-, para discutir eventuales bajas de salarios en ese poder. El Senado no quiere quedar detrás y ya mira de reojo para actuar, pese a quejas varias.

Como ocurre cada vez que se dan estos debates -nunca son serios, sino superficiales y no se llega al fondo real de la discusión-, quienes pierden y quedan en el ojo de la tormenta del fanatismo son los trabajadores “reales” en estados nacional, provinciales o municipales. Son, en su gran mayoría, segundas y terceras líneas de diferentes gobiernos, o agentes de organismos que ganaron concursos o realizaron una carrera y cuentan, según sea el caso, con oficio o estudios suficientes para justificar su presencia y salario. A una parte de ellos hoy se les paga con aplausos; a otra, con cacerolas. El resto, mientras tanto, disfruta la histórica plancha.

Cita con Moroni

El Senado realizará hoy su primera videoconferencia para salir de la modorra. La comisión de Trabajo, que comanda el legislador oficialista Daniel Lovera -de extracto sindical-, intercambiará consultas con el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, tras la controversia por suspensiones y despidos. Aquí, el Estado tampoco se queda ausente, tras la desactivación por guerra política de centenares de agentes en el PAMI que maneja la camporista Luana Volnovich.

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