Contra Alfonsín, Moyano veló foto transversal de Kirchner
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«Se terminaron las presiones», dijo Kirchner, como orador final en la reapertura de los talleres ferroviarios de la empresa EMEPA, en Chascomús, porque «ahora tenemos un gobierno con fuerza, con independencia y con dignidad» se autoelogió el Presidente.
• Copamiento
«No puede ser que a cada paso se quiera condicionar la recuperación. Cuando empezamos a salir de la crisis llegan las presiones», aseguró apuntando contra el Fondo Monetario.
«Ellos tienen un buen nivel de vida y no entienden lo que están pasando sus hermanos», completó la idea y retomó un clásico: llamó a construir con «estos hierros viejos» una «esperanza nueva». Y agregó: «La deuda social se paga con trabajo, con justicia y solidaridad social».
Aplaudían, a su lado, Alfonsín -que aprovechó en los intervalos para hacer «pedidos» de obras y subsidios a todo el que le quedó a mano-, Solá, De Vido, el vice Daniel Scioli, la segunda bonaerense Graciela Giannettasio, y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada.
Solá, a su turno, elogió a Kirchner porque «en está fábrica en la que hoy estamos, de las que existen muchas en el país, hay trabajadores que no perdieron la memoria del trabajo ni el hábito por hacerlo, ni siquiera para buscarlo, a veces a través de la lucha».
En el acto se anunció el plan de obras para la industria ferroviaria que consiste en la remodelación y reconversión de 120 vagones de pasajeros y la puesta en valor de estaciones de la línea Belgrano Norte, que dará trabajo a dos mil personas en tres años.
Justo ayer, en Casa de Gobierno, el ministro del Interior Aníbal Fernández, había congregado a una delegación de radicales que simpatizaba con Kirchner y podrían -según la ilusión de algunos funcionarios-acoplarse a la transversalidad kirchnerista.
• Simbólico
Y Alfonsín, al menos en términos simbólicos, aparece como la figura clave para colectar el respaldo de la UCR. Aunque no es suficiente: previendo eso, días atrás, Federico Storani castigó a Kirchner diciendo que no cumple con las expectativas que genera.
Hay que empezar a leer debajo del agua para entender esos movimientos entre los radicales. En definitiva, Kirchner es partidario de desintegrar los partidos porque son un espejo de la vieja política. Su aliado Eduardo Duhalde dice algo parecido, pero actúa en otra dirección.
Lo cierto es que ayer Kirchner se topó con el «costado molesto» de los camioneros, a cuyo jefe -Moyano-él recibe con alfombra roja en la Casa Rosada que, con el griterío programado de los suyos, arruinó el acto de despedida de año que organizó Kirchner.




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