La CCC, antes cercana al gobierno, volvió a movilizarse para pedir más planes sociales y la intermediación el Ejecutivo en un conflicto gremial que los enfrenta con Rodolfo Daer.
No logra Néstor Kirchner contagiar al maoísta Juan Carlos Alderete, líder de la CCC, con la bacteria oficialista que hace tiempo se autoinyectó Luis D'Elía: tras un largo silencio, ayer Alderete salió a la calle con 3 mil seguidores para reclamarle al gobierno un millón de planes.
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En dos ocasiones, Kirchner visitó el campamento de Alderete en La Matanza, llevando subsidios y planes de viviendas. Pero ni con eso consiguió amansar al piquetero que, aunque más moderado que Raúl Castells (MIJD) y Néstor Pitrola (Polo Obrero), se planta como oposición.
Reaparece el jefe de la CCC, con su mano derecha Amancay Ardura, en un momento extraño: por algunos días, una alianza estratégica entre Castells y Pitrola sacó de la mira al gobierno nacional para enfocarla hacia La Plata, luego de la decisión de Felipe Solá de dar de baja 22.500 planes sociales.
A raíz de eso, temporalmente, los grupos más combativos dejaron de asediar las oficinas nacionales y de saturar de marchas la Capital Federal. Con D'Elía aliado y Alderete recluido, sólo un puñado de agrupaciones menores alteraban a la Casa de Gobierno.
Pero esa quietud duró poco: esta semana, luego de un entredicho con Pitrola, Castells también volvió a movilizarse por las calles porteñas, esta vez junto a Nito Artaza y Alderete, anudando cuatro demandas -dos piqueteras, una gremial y otra política (para que no se reprivatice el Correo)-, reapareció con marchas y cortes de calles.
Varios motivos confluyeron para producir esos movimientos territoriales y las mutaciones en los pactos entre los grupos piqueteros:
. Alderete salió a pedir que otorguen 900 mil planes a beneficiarios que están en lista de espera y que se incrementen los subsidios a 300 pesos, pero se movilizó también para pedirle al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que desconozca una reforma estatutaria que operó Rodolfo Daer en el sindicato de la alimentación que, según el piquetero, impiden a su sector, la CCC, enfrentar en elecciones a la lista del actual titular de la CGT oficial. Con Tomada fuera del país, los recibió el secretario de Empleo, Enrique Deibe, que quedará a cargo del tema Daer en lugar de la viceministra Noemí Rial. Sobre los planes, Deibe los derivó a Balcarce 50: «La decisión es que no habrá nuevas altas ni aumento en el monto de los planes». Obviamente, sobre esta cuestión se fueron disconformesy planifican otra marcha para el 29 de marzo en conjunto con otras agrupaciones y la CTA de Víctor De Gennaro. En la misma línea, le piden al gobierno un plan especial para jóvenes desocupados, no sólo subsidios, sino también capacitación y formación.
. La investigación que inició la Justicia penal bonaerense para identificar a los piqueteros también produjo variantes. Aunque es, por ahora, una pesquisa preliminar -que ya permitió identificar a varios activistas-, la denuncia del fiscal Marcelo Romero, que profundizó Leandro Heredia, supone mayores riesgos para los grupos. Tras el sitio de varias horas al Ministerio de Trabajo, el gobierno nacional soportó el hecho y no hay, ni desde el sector político ni desde la Justicia, una actitud para frenar la avanzada piquetera. Eso marca una diferencia entre los riesgos que supone la protesta en uno y otro territorio. Hasta Juan Pablo Cafiero, ministro de Desarrollo Humano provincial, planteó ayer la incompatibilidad entre las «protestas piqueteras y el Código Penal». Igual, evitó coincidir con Chiche Duhalde que dijo que una «persona con capucha y un palo es un delincuente». «No hay que encender -se diferenció Cafiero-una polémica que no sabemos dónde termina.»
. También la política interna de los grupos piqueteros metió su cola. A raíz de la negociación con el gobierno bonaerense -por los 22.500 planes caídosque comenzó en conjunto, Castells y Pitrola terminaron distanciados. Castells desconfiaba de los negociadores de Solá, mientras Pitrola se mostraba dispuesto a una salida negociada. Esa diferencia se agudizó al punto que esta semana, Pitrola, con otras 22 agrupaciones, realizó cortes en la provincia, mientras Castells marchó a los tribunales porteños junto a Artaza. Juntos, ambos dirigentes se habían convertido en el frente con actitud más combativa contra Kirchner. Pero la alianza entró en proceso de disolución.
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