Corregir a Néstor

Política

• Esposa pidió perdón en España por agresión a los empresarios en 2003. • Calificó a su marido como "tildado de progresista" cuando es un ortodoxo. • Vuelve ahora al barro de La Matanza.

Prosaico rol de las esposas este de pedir disculpas por los excesos de sus maridos. En el discurso ante los empresarios en Madrid, la señora del Presidente en dos momentos evocó la primera reunión de Néstor Kirchner con jefes de empresas reunidos por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales en julio de 2003. Cristina Fernández calificó aquella reunión como borrascosa -redicha, se sintió en la obligación de mencionar la novela de Charlotte Bronté- y que el público recuerda por la frase irónica del presidente de la CEOE, José María Cuevas: «Presidente, usted nos ha puesto a parir a todos». Kirchner había dedicado un discurso a reprocharles a los empresarios españoles haberse enriquecido en los años 90 por su amistad estratégica con el gobierno menemista.

Ayer la senadora-candidata dedicó varios párrafos a disculpar al marido, como las esposas que llaman el lunes para pedir perdón por los exabruptos del pariente en la fiesta del sábado. Como si quisiera sacar del auditorio la impresión bárbara que cree pudo haber dejado el Presidente entre gente a la que ella quiera halagar, insistió largamente en pedido de comprensión sobre el ánimo de los argentinos -incluido su esposo- en aquel momento.

  • Cumbre borrascosa

    «Tengo presente, y seguramente todos ustedes también, una reunión que protagonizó el presidente Kirchner a poco de asumir, aquí en Madrid, yo la definiría generosamente 'una cumbre borrascosa' como la novela 'Cumbres Borrascosas'. Fue una cumbre empresaria, política, de carácter borrascoso. Claro, el Presidente, asumido el 25 de mayo de 2003, vino aquí en julio, a menos de 2 meses de haber asumido con el 22 por ciento de los votos, en un proceso que tenía fuerte deslegitimación política, teníamos legalidad constitucional pero fuerte deslegitimación política, se entrevistó con los principales empresarios españoles, inversores en nuestro país, la República Argentina, y la reunión, como era con empresarios,también en la Argentina, no era una cuestión de nacionalidad, siempre es una cuestión de intereses cuando uno habla y está bien que asumamos que hay cuestiones de intereses, hay también que sacar de la política esta idea naif, estamos discutiendo intereses y cuando uno discute intereses, lo importante es tener en claro qué intereses se representan de un lado y qué intereses se representan del otro, porque de esta manera las conversaciones son claras, transparentes y se pueden articular puntos finalmente de equilibrio.»

    El mensaje fue: cuando mi marido los puso «a parir» no era nada personal con ustedes, estaba defendiendo intereses, como hacen ustedes. ¿Hacía falta la aclaración? No por el fondo, pero sí por el estilo, algo que valoran no sólo los empresarios españoles. Y siguió la disculpa: «Tal vez ese hombre del 22 por ciento tuvo que gritar más alto que todos los que gritaban al unísono, porque era tal vez la única manera de poder abordar con autoridad, no con autoritarismo, el grito no significa autoridad, al contrario, pero sí la firmeza en las posiciones, pero por sobre todas las cosas, cuando él decía 'las convicciones', porque él estaba absolutamente convencido de que un modelo económico diferente podía aplicarse en la Argentina y que esto iba a dar buenos resultados».

  • Congratulación

    Y el remate, antes de invitar a compartir el pan y la comida: «Vengo también a congratularme, tal vez una suerte que él no tuvo la primera vez que vino aquí a hablar con ustedes, es también diferente hacerlo desde esta situación».

    Es ley que quien manda eche culpas sobre sus antecesores. Lo había hecho Kirchner ante los empresarios españoles cuando les reprochó un presunto arreglo con Menem y ofreció -para cumplir puntualmente- la renovación del pacto con él, que acababa de asumir la presidencia.

    Con los tonos de ayer, Cristina Fernández hizo lo mismo: olviden los enojos con Néstor, «tildado de progresista» -así lo degradó para explicar que es un ortodoxo del superávit- y hablen ahora conmigo porque la Argentina -derramó sobre un auditorio de expertos en hacer negocios con el país- es un paraíso para los empresarios inteligentes.
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