13 de diciembre 2001 - 00:00

Corta lista de posibles refugios

Kabul - Más de dos meses de guerra y cerca de 12.000 bombas después, los Estados Unidos siguen teniendo pendiente cumplir la misión que llevó a sus tropas a Afganistán. Osama bin Laden ha logrado escapar por ahora a la persecución de la mayor potencia militar y de las fuerzas tribales aliadas con Washington. La batida en las montañas de Tora Bora donde se cree que se oculta el fugitivo más buscado del mundo continúa, pero algunas fuentes de la Alianza del Norte aseguran que Bin Laden abandonó el país hace días. Si es así, ¿qué país acogería al enemigo número uno de los Estados Unidos? ¿Cuáles son sus posibles destinos si logra despistar, una vez más, a sus perseguidores?

Cachemira, Pakistán:
es sin duda el destino perfecto. Geográficamente, la disputada región del Himalaya queda relativamente cerca de Afganistán y cuenta con infinidad de escondites y montañas inaccesibles que durante años han sido una tumba para los soldados paquistaníes e indios. Bin Laden se encontraría, además, en su ambiente. Guerrilleros islámicos a los que ha financiado y entrenado personalmente luchan desde 1989 para expulsar a la India de la parte de Cachemira controlada por Delhi. Es una guerra santa prioritaria para él.

Sudán:
Osama bin Laden ya vivió en el país africano hasta que el régimen local decidió expulsarlo en 1996. El fugitivo saudita conoce bien el país, pero los dirigentes sudaneses no tienen ningún interés en volver a ver por su territorio a un hombre que les trajo muchos problemas.

Somalia:
varios grupos radicales asentados en Somalia estarían dispuestos a proteger a Bin Laden en sus campamentos. Este destino, sin embargo, es desaconsejable geográficamente. El país que más posibilidades tiene de ser visitado pronto por los B-52 norteamericanos carece del terreno montañoso y remoto que hace de Afganistán un lugar tan adecuado para esconderse.

Chechenia:
los rebeldes islámicos chechenos estarían dispuestos a acoger a Osama bin Laden, que en el pasado ha financiado sus operaciones. La creencia de que entre los hombres que defienden al fugitivo hay guerrilleros chechenos hace de ésta una opción creíble. Bin Laden tiene quien le enseñe el camino, pero de elegir este destino se encontraría frente a los ejércitos ruso y norteamericano, los más poderosos del mundo.

Yemen:
uno de los países donde Bin Laden cuenta con más contactos. Se ha especulado con que las tribus locales más radicales estarían dispuestas a ofrecerle protección, pero el gobierno, en plena campaña de relaciones públicas con EE.UU., no aceptaría tan incómodo invitado.

Indonesia:
la organización Al-Qaeda cuenta en Indonesia con una de sus bases de más reciente creación. El país con mayor población musulmana del mundo podría ser geográficamente ideal gracias a sus más de 13.000 islas. Inconvenientes: el complicado viaje desde Afganistán, un gobierno aliado de los Estados Unidos en Yakarta y una población musulmana tradicionalmente tolerante que no apoya sus métodos.

Irak:
los Estados Unidos no han podido probar hasta ahora que exista relación alguna entre Al-Qaeda y Saddam Hussein. ¿Quiere el líder iraquí dar nuevos motivos a los norteamericanos para bombardear su país? Seguramente no.

Filipinas:
en los últimos años, Bin Laden ha puesto al único país católico de Asia en su punto de mira. La milicia Abu Sayyaf, con base en el sur del país, forma parte de la red de grupos que reciben apoyo de Bin Laden. El viaje desde Afganistán a Filipinas es, sin embargo, demasiado difícil y arriesgado. Las guerrillas musulmanas del sur, además, se encuentran contra las cuerdas ante la ofensiva del ejército filipino.

Arabia Saudita:
Bin Laden cuenta en su país natal con un gran apoyo popular y la oposición de la familia real saudita, aliada de los Estados Unidos. Algunos miembros de la millonaria familia de Bin Laden podrían buscarle refugio entre las tribus cercanas a la frontera yemenita.

Irán:
si Bin Laden se encuentra en el sudoeste de Afganistán, como algunas fuentes sugieren, podría verse tentado de huir hacia Irán. Ni siquiera los islamistas más radicales de Teherán estarían dispuestos a acogerlo. Se trata de una opción muy improbable.

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