6 de febrero 2001 - 00:00

Crisis de conciencia para los "lamebotas" del Frepaso

Desde que abdicaron frente al radicalismo entregándose a la Alianza, los hombres del Frepaso debieron consentir bocados poco digeribles para su ideología (lo que Perón, numen de muchos de ellos en algún momento, calificó «tragarse sapos»). Aun así, por disfrutar las mieles del poder -lo que otro peronista más vigente alguna vez llamó «déjenme tocar al menos una billetera»- hicieron concesiones, hasta se involucraron en alguna de ellas. Pero hubo un episodio capital -las presuntas coimas en el Senado-que dividió aguas y apartó miembros: Alberto Flamarique fue condenado en el partido, extraditado, y Carlos Chacho Alvarez dejó la vicepresidencia de la Nación, asumió la curiosa figura de dirigir un partido que integra el gobierno al cual él somete a una incómoda crítica. Ventajas de la jefatura cesarista.

Pero esto de Fidel Castro los conmueve más -debe suponerse-, no afecta para bien o para mal el bolsillo sino la conciencia. Toda una vida, una carrera e historia dedicadas a la admiración secreta o proclamada de la revolución cubana y, ahora, de repente, soportar que Castro los trate de «lamebotas de los Estados Unidos» (que, en la jerga popular de los cubanos, viene a ser algo así como «comemierdas»). Duro insulto -«tremendo» traducirían en la isla-al corazón (por la zona donde está ubicado) herido de Alvarez, Nilda Garré, Graciela Fernández Meijide, Darío Alessandro, Aníbal Ibarra, Liliana Chiernajowsky, Juan Pablo Cafiero, Adriana Puigross, Eduardo Jozami y Alicia Castro, entre otros.

Ofendidos

Por un lado, humillados y mojados por la lluvia tropical (el «lamebotas» lo pronunció Castro entre otros epítetos en un discurso de 6 horas) y, por el otro, ofendidos con el líder cubano que no reservaba esas injurias a Carlos Menem, quien lo trataba igual o peor que la Alianza. Además, peor están por otras dos causas: una, se sienten dañados como argentinos (Castro se refirió al país más que al gobierno) y ellos, como se sabe, son de izquierda pero «nacional» y, otra, a la fenomenal eficacia de la inteligencia cubana que descubrió con suficiente anticipación que el gobierno De la Rúa votaría contra la isla en Naciones Unidas. El destino parece empujarlos a crear una filial local de los cubanos en Miami.

Esa falta de respeto que invocan también la comparten otros radicales de tendencia semejante al Frepaso, léase Federico Storani, Leopoldo Moreau, «Lilita» Carrió, el ala alfonsinista y otros del partido que, ocultándose en cierta afinidad generacional, siempre miraron con ojos enamorados la publicidad de La Habana. Ahora, desahuciados y hasta agraviados, el Frepaso con Alvarez se anotará con empeño en el voto contra Castro en Naciones Unidas, avalando a De la Rúa, Rodríguez Giavarini y al propio George Bush junior. En rigor, con el «lamebotas» o «comemierdas» con el que fueron caracterizados han encontrado una excusa para liberarse de cualquier atadura política o ideológica. Harán lo mismo que Menem, y sin culpa. Gracias a Castro, un hombre que en el poder siempre tuvo la característica de descubrir el secreto que anida en la conciencia de muchos hombres. Quizá sea una de las pocas cualidades que deben reconocérsele.

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