12 de septiembre 2005 - 00:00

Cristina halagará otra vez a Stiglitz en un seminario

Joseph Stiglitz
Joseph Stiglitz
Nueva York (enviado especial) - La mezcla de improvisación y hermetismo que emplea el Presidente para darles envaramiento a decisiones prosaicas y de rutina, como es un viaje al exterior -aun para un hombre que descubrió los viajes recién cuando fue presidente-, les dio nervio a la integración de la comitiva y también a los últimos hilvanes a la agenda del Presidente y la primera dama.

El resultado, pese a ese tono de prisa que se vivió en Buenos Aires en el fin de semana, es previsible. Néstor Kirchner quiere mostrarle al país cómo la fórmula bonaerense recorre las estaciones de los estadistas y frecuenta el trato de algunos íconos del tercerismo, como el Premio Nobel Joseph Stiglitz, un personaje que parece adoptado por los Kirchner pese a que no hace más repetir el monólogo que todos le conocen sobre cómo despertó del sueño dogmático de la economía neoliberal recién cuando se retiró del puesto de comisario ideológico del Banco Mundial.

Estuvo en el coloquio de Pilar hace tres semanas, esta semana volverá a presentarse junto a Cristina en The New School para repetir que se puede vivir fuera del FMI, argumento que los Kirchner quieren transmitir pese a que han convertido al país en el más domesticado pagador de la deuda con el organismo
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La razón es obvia: la mitad de la encuesta que tiene Kirchner dice que en la Argentina, como en el resto del mundo, la imagen del FMI está por el suelo. El público, además, condena esa imagen del FMI dándoles órdenes a los gobiernos. Eso alimenta la política de no cerrar un acuerdo que le permitiría a este buen pagador que es el gobierno argentino acceder a créditos a la tasa más baja del mercado internacional, que es la que cobra el FMI.

La otra mitad de la encuesta dice que el público apoya un acuerdo con el FMI, y es lo que justifica que el gobierno siga honrando los pagos para mantener una identificación perversa con el organismo que, a su vez, festeja esta fidelidad kirchnerista que paga sin aprovechar la contrapartida.

Para Cristina, lo más importante de esta campaña por el conurbano del Primer Mundo es el seminario con Stiglitz en The New School -nuevo nombre de la conocida New School of Social Research University, un think tank de los liberals de la Costa Este- del cual participará el sociólogo y secretario de Cultura José Nun, jubilado de una universidad canadiense que se ha convertido en uno de los publicistas del gobierno en los ambientes académicos internacionales
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• Compensación

Es una especie de Braga Menéndez, pero para convencer a profesoras de sociología, algo que no sirve de mucho en La Matanza, pero halaga el espíritu y compensa de tanto agravio que reciben los Kirchner por su bizarra relación con el resto del mundo.

En ese seminario, que tiene como tema
«Etica y deuda, reflexiones sobre la experiencia argentina», participará también el intendente de San Pablo y candidato presidencial brasileño José Serra, que ha creado mucha expectativa con lo que dirá de la Argentina. Quizá sea lo único original que se escuchará: Cristina hablará de desendeudamiento, Stiglitz hará el número del arrepentimiento y Nun le echará incienso al gobierno, tarea que suelen cumplir los intelectuales de los países emergentes. Esto ocurrirá mañana entre 1 y 6 PM, tiempo que Kirchner dedicará a otros más serios: no a hacerse ver por un gastroenterólogo como dicen algunos (se cuenta por las dudas), sino a recibirlo a José Luis Rodríguez Zapatero en su suite del Four Seasons Hotel, que es donde se alojará parte de la comitiva (Presidente, esposa, ministros; el resto estará en el Drake Hotel de Park Avenue, donde mantiene una habitación permanente la hija de Hugh Heffner, el de la revista «Penthouse», a quien todos señalan cuando pasa).

La cercanía de Stiglitz es clave para Kirchner: este académico lo ha escogido como antes un
David Mulford -para decir un nombre- lo eligió a Carlos Menem como modelo de lo que en la metrópolis creen que se debe hacer en la periferia.

Kirchner, que castiga al FMI porque no quiere aparecer recibiendo indicaciones de cómo gobernar, no se ruboriza cuando Stiglitz lo muestra como el «buen salvaje» en sus seminarios.

Más aún, se ha prometido que lo hará coautor de un manifiesto más completo que el
«Consenso de Buenos Aires». En ese escrito ya trabajan los economistas que lo secundan a Stiglitz en el instituto que dirige en Columbia University y que tienen como contertulios a los criollos Roberto Frenkel (ideólogo de la devaluación de Eduardo Duhalde) y Bernardo Kosakoff.

• Sin precio

Para este santacruceño que creyó pasar a la historia de la economía como un matrero, haber encontrado a este Premio Nobel que le apadrine lo que hace no tiene precio. Dedicado como pocos a retocar fotos, Kirchner dará lo que no tiene para no bajarse jamás de la foto con Stiglitz, en la que, claro, no quiere ver a ningún otro economista, aunque se llame Roberto Lavagna (lo cual desmiente que fuera éste quien quiso desairarlo a Stiglitz en el viaje que hizo a Buenos Aires).

La otra actividad importantede Cristina en este viajeserá el viernes en Washington. Está comprometida a explicar la política de comunicaciones del gobierno. El título del seminario que organiza la George Washington University es pomposo, más que ambicioso:
«Gobiernos que comunican su relación con la prensa: experiencias exitosas».

• Audacia

Un abanico de curiosidades esta intervención de la senadora-candidata-primera dama. Primero, que se anime a poner la cara en este tema cuando el gobierno argentino ha caído en el ranking internacional de libertad de prensa bajo la administración Kirchner, es decir en una experiencia que más que exitosa es cuestionable. Segundo, que el gobierno confíe en un legislador y no en un funcionario del Ejecutivo su representación; esto expone a la senadora a que alguno de los seminaristas que han pagado u$s 800 para escucharla le pregunte si el sillón presidencial es un bien ganancial. (Bielsa cree que el de canciller sí lo es: el jueves se hizo representar por su esposa en un acto político por segunda vez).

En el anuncio de la presencia de Cristina en la George Washington se adelanta algo del libreto que usará: dice que el gobierno Kirchner tiene 77% de popularidad. Obviamente, la candidata defenderá las agresiones y discriminaciones a la prensa independiente por parte del gobierno (por caso, en la cobertura de viajes presidenciales), que el Presidente no se exponga a conferencias de prensa y limite su relación con el público a discursos ante auditorios adictos, que reserve los reportajes sólo a un círculo de cronistas amigos, con el argumento de la productividad.

Con todo eso, el gobierno es popular. Cuando baje del estrado le preguntarán cuál es la clave y si quiere, dará una pista, por ejemplo, comprar encuestas que digan eso.

Claro que esta intervención, como la de la New School, se hará ante un auditorio seleccionado y limitado a la comunidad hispana (dos actividades se anuncian en español), es decir en el conurbano del conurbano.

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