17 de enero 2005 - 00:00

Cristina Kirchner habló sobre familia y gobierno

Interesó el reportaje, con más de un mes de antigüedad, de Cristina Kirchner, publicado simultáneamente por «El País» de Madrid y por «Página/12». No por lo que la primera dama hable sobre los dilemas de la política argentina, un terreno en el que prefiere no ingresar (cuando lo hace se limita a apreciaciones teóricas o históricas). Tampoco se destaca por lo económico, que no es su fuerte. Aun cuando haga una defensa de las privatizaciones (no de cómo se hicieron en la Argentina, claro), comete errores básicos como imputarle a la convertibilidad un rebrote inflacionario. Es cierto que defiende al gobierno con buenas cifras, como suele hacer su esposo el Presidente. En cambio, el extenso reportaje es revelador por otros aspectos. Por ejemplo, la larga rendición de cuentas de su biografía con el peronismo, al que se muestra muy adherida desde chica a pesar de los reproches que les hacen a los Kirchner quienes les piden más apego al folclore partidario. O las revelaciones sobre los avatares del matrimonio durante la última dictadura militar:confiesa, por primera vez, que estuvo presa con el Presidente durante un mes (siempre se dijo que fue sólo una noche la que pasó Kirchner en una comisaría). O que le pusieron una bomba en el estudio jurídico en 1980 y se lo incendiaron en 1982. Se extiende como pocas veces la esposa del Presidente (a quien llama «mi marido» y no «Kirchner», como de costumbre) en caracterizar a sus hijos y su vida familiar.Y hasta revela un rasgo de humor al contar, al final, un cuento «degallegos». Veamos algunos pasajes interesantes de ese reportaje:

Periodista: Dígame usted, si tuviéramos un « argentinómetro»...

Cristina Kirchner: ¡Si tuviéramos un « argentinómetro»! ¡Me encantaría tener uno de ésos! ¿Te imaginas, un «argentinómetro» midiendo en la Argentina, quién lo aguanta?


-Un «argentinómetro» que midiera el momento en que están los argentinos en ese proceso de sentirse los mejores a sentirse los peores. ¿En qué punto estarían los argentinos de autodestrucción y de sobrevaloración?

C.K.: El «argentinómetro» está reconociendo que tenemos cosas excepcionales, pero que también tenemos defectos. O sea, que las cosas que nos han pasado, nos han sucedido porque tenemos responsabilidades en lo que eclosionó en 2001; aunque tengamos que convenir que en esa debacle hemos tenido coprotagonistas estelares, nos han venido multinacionales de crédito que bueno... ¿Le prestaron a una Argentina que no crecía y quieren condenar a una Argentina que está pagando, que está demostrando que puedecrecer? Hemos ingresado con un 54 por ciento de pobres y hoy estamos con un 38, que es también un número terrible pero comprendamos que 54 es mucho peor. ¡Y esa reducción se produjo en año y medio! ¡Un gobierno que ingresó con 9.000 millones de dólares en reserva y creo que terminaremos el año entre 19.500 y 20.000 millones de dólares en reserva!
-Pero senadora, ¿qué ha tenido que pasar en la propia Argentina, qué han hecho los argentinos para que se produjera el desastre?

C.K.: Por lo pronto, llegar a creer durante 10 años que un peso valía lo mismo que un dólar. Eso trajo consigo otro problema estructural y cultural-de mi país, la inflación. Las cosas se valorizaban sin que nosotros hiciéramos nada para que se valorizaran. La cosa se prolongó en el tiempo y terminó como terminó. Y todo el mundo hace hincapié en si se privatizó o no se privatizó. El problema no fue la privatización, el problema es que se hizo monopólica y sin regulación, y no hay que explicar qué impacto tiene eso en la calidad de vida del usuario y el consumidor. Se abrió indiscriminadamente la competencia, sin ningún tipo de protección a la industria local.


• Eva Perón

-¿Y ahora quién es Eva Perón para usted?

C.K.:Algo irrepetible. Irrepetible en la historia y en el propio contexto. A los 26 años, en 1946, Eva Perón vivía en un país donde las mujeres no votaban, condenada ya por ser mujer. El lugar de la mujer era la cocina, y su obligación eran los hijos, nada más. Y ella además era pobre, una hija extramatrimonial.Y por si todo esto fuera poco, también era artista; hoy ser artista es un plus espectacular, pero ser artista en la Argentina pacata, mojigata e hipócrita de los años '40 era poco menos que ser una prostituta. ¡La pobre Eva no se salvaba por ningún lado! ¡Era una cuádruple condenada! Y a pesar de eso pudo ser lo que fue, algo irrepetible, como mujer y en el mundo en el que vivió; irrepetible en la Argentina.


-Usted dice que es irrepetible, pero siempre que en política destaca una mujer en la Argentina se dice que puede ser como Eva Perón.

C.K.: Eso debe de ser porque tienen poca imaginación para decir otra cosa, o porque desgraciadamente somos demasiado pocas las mujeres que tenemos la suerte de poder hacer realmente lo que queremos. Tenemos más posibilidades ahora. Hemos logrado un fuerte avance con la ley del cupo femenino; pero le confieso que a los lugares que ocupo no llegué por ser mujer, sino por mi militancia.

Cuando llegué al Parlamento me di cuenta de que este requisito de la capacidad se aplica a las mujeres y no a los hombres: llegan también los que no tienen capacidad.

-Si usted fuera estudiante, ¿tendría un retrato de Perón en su cuarto?

C.K.: Nunca los tuve. Kirchner tampoco. Hay dirigentes radicales que tienen los de Alem o Yrigoyen, y peronistas que tienen cuadros de Perón o Evita.


-¿Y su hijo Máximo los tiene?

C.K.: El de Evita, el de su padre y el de su madre, debo confesarlo. Máximo tiene una gran admiración por sus padres, y creo que lo más grande que ha pasado en mi vida es que mi hijo esté orgulloso de mí.


-¿Y su hija Florencia?

C.K.: Florencia, mi hija, es todo un personaje del posmodernismo. Máximo es el modernismo, Florencia es el posmodernismo, ¡hay una diferencia de 13 años entre ellos! La adolescencia de Máximo fue muy parecida a la mía. Florencia ha tenido una niñez y tiene una adolescencia ligada a la computadora, a la protección ambiental, a la protección de las especies... Es muy fuerte ver el cambio de épocas en los propios hijos.

-¿A qué se dedica Máximo?

C.K.: Administra nuestras cosas, trabaja en una inmobiliaria. Quise que fuera abogado, pero no tuve suerte, y después estudió periodismo, pero no alcanzó a terminar la carrera. El me dice que me va a hacer el gusto y se va a recibir de abogado.


-Además, con la impresión que tiene usted de los periodistas, mejor espera el chico y se hace abogado... ¿La persiguieron a usted?

C.K.: Sí, claro. Estuvimos detenidos durante un mes. Luego hubo atentados, intentaron volar nuestro estudio con una bomba en 1980, y cuando el conflicto de Malvinas hubo otro atentado, incendiaron el estudio.


-¿Qué impresión le dejó todo eso?

C.K.: Me dejó admiración por quien es hoy el presidente de la República. En los dos atentados, yo estaba fuera de la provincia. En 1980, él me estaba esperando en el aeropuerto con mi suegra, algo que me resultó raro. Pensé que era una broma cuando me dijo que habían puesto una bomba en el estudio. Mi suegra venía a corroborar a que yo me lo creyera. Querían que supiéramos que estábamos marcados. Y tengo una imagen de ese día, de mi marido en medio de las ruinas, dando órdenes para la reconstrucción.


-Como cuando se hizo cargo de la Argentina.

C.K.: Y como cuando se hizo cargo de la provincia de Santa Cruz. Cuando llegó al cargo de gobernador llevaban tres meses sin pagar los sueldos. La provincia estaba devastada, no tenía salud, no tenía educación, estaba superendeudada. Y dejó un sistema de salud pública que es un orgullo para nosotros, y con 550 millones de dólares depositados en el exterior.


-Como es lógico, usted tiene una ambición política. C.K.: No creo absolutamente nada a la gente que está en política y dice que no tiene ambición; es una hipocresía tremenda. La lucha política es la lucha por el poder. Lo importante es para qué quieres el poder y qué se quiere hacer desde el poder.

-Nosotros decimos muchos chistes de argentinos, pero, dígame, ¿qué chiste de esos que cuentan los argentinos de los españoles, o gallegos, cree que nos hace más justicia?
C.K.: Ah, son dos clásicos, los de acá y los de allá. Creo que hay tantos chistes de un lado y de otro porque somos muy parecidos.

-Cuénteme el que más gracia le hace con respecto a nosotros.

C.K.: Uno que me contó Felipe. El de los tres cafés. Pero que se lo cuente él. Lo supimos luego. Un parroquiano acude a un bar y le pide al camarero que le sirva tres cafés. «¿Tres cafés?», se extraña el camarero. «Sí -dice el cliente-, uno para mí, otro para ti y otro para tu puta madre.»Al día siguiente, el mismo parroquiano: «Tres cafés». «¿Tres?» «Sí, uno para mí, otro para ti y otro para tu puta madre.» El camarero no aguanta más, salta al otro lado y le da una paliza al cliente. Este regresa al día siguiente, y el camarero le recibe con ironía. «¿Tres cafés?» «No -responde el lesionadísimo cliente-, no, sólo dos: uno para mí y otro para tu puta madre, porque a ti el café te pone nervioso.»

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