Cristina liberada
Día de mujeres ayer. La vida te despeina, podría haber dicho Cristina Kirchner, casi un eslogan de campaña capilar. Con look despreocupado, agitó las extensiones en el Ministerio de Educación para recibir, sin piqueteros antiglobales, una visita imperial que instaló una sede local de la New York University. No lejos de allí, en medio de lágrimas, Elisa Carrió fue protagonista en los Tribunales. La absolvieron en el juicio que le inició el empresario Héctor Antonio.
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En voz baja: Héctor Timerman,
cónsul en Nueva York,
cuchichea con la silente
Cristina de Kirchner ante un
Jorge Taiana que preferiría
no escuchar lo que dicen.
En estas materias como son la prensa, las academias o los negocios, los Kirchner prefieren el inglés en su rechazo a todo foro en donde se discuta política.
Después de gobernar en silencio durante casi cuatro años se han acumulado tantas preguntas y repreguntas que se entiende por qué los Kirchner huyen de cualquier lugar donde se debatan políticas, sea el CARI, IDEA, congresos profesionales, el Congreso, el partido oficial, fuera el PJ o cualquier otro, o un partido ajeno. Se explica también por qué tienen un vocero mudo, que no vocea, o una empresa cautiva de producción de imágenes para enlatar el material que se envía a la TV con actos oficiales y de campaña. Con tantos años de silencio, será noticia el día que algún Kirchner hable fuera de los formatos edulcorados por el poder. «Cristina habla», dirá la prensa, como cuando proclamó «Garbo talks» el día en que Greta Garbo abandonó, como lo tendrán que hacer alguna vez los Kirchner, el cine mudo. Fue en 1930, en la película «Anna Christie». Y siempre odió ese papel.
¿En qué hablarán? Seguro que en el único idioma que conocen, pero los recriminará alguien: «In english, please!». ¿Será tarde? Jorge Asís tiene un cuento oral (lo escribirá seguramente el día que la política lo abandone) que relata esta anécdota de juventud: se acercó una vez a conversar con los escritores de aquel Olimpo literario que fue alguna vez el Grupo Sur (Borges, Bioy, alguna Ocampo) pero éstos se pusieron a hablar en francés. Se prometió Asís a sí mismo aprender francés para nunca sufrir de nuevo esa humillación de clase.
Cuando lo aprendió años después ya era tarde, porque fue a buscar a esos escritores y ya estaban todos muertos. Les puede pasar lo mismo a los Kirchner.




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