Cristina se muestra con socios de visión crítica
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Cristina de Kirchner trata de arrimarse a los buenos del oficialismo, que ahora parecen ser los sectores más críticos. Ayer ensayó acercarse al bochín en Tristán Suárez; hoy va a Salta y la esperan en La Pampa y en Santiago del Estero.
Un consuelo para el gobernador: luego de su votación en el Senado, Romero se distanció del ex presidente, con quien siempre ha tenido una relación especial. Juntos han compartido toda una vida como mandatarios de provincias petroleras. Eso les ha hecho superar más de un escollo.
Romero arrastró a Sonia Escudero, la otra senadora del PJ, a sumar su foto contra las retenciones móviles. Urtubey, igual, no tiene nada que reprochar: Agustín Pérez Alsina, senador por su boleta, renovador aliado al vice Andrés Sottos, también levantó la mano en contra.
La de Salta es, en rigor, la primera gira de Cristina a provincias ardientes, luego de su paso -breve, a horas del piñazo de Julio Cobos en el Senadopor el Chaco. Tuvo, además, apariciones en el conurbano, junto a Daniel Scioli, como ayer en Ezeiza.
En la agenda presidencial, todavía sometida a los vaivenes de las novedades y los ánimos, está previsto que la Presidente viaje a La Pampa, Santiago del Estero y Mendoza. Las tres rondas, según se precisa, se concretarían a lo largo del mes de agosto.
Con el pampeano Oscar Jorge la historia es similar. Lo abruma la presencia de Rubén Marín, que desde el Senado militó contra las retenciones móviles. En cambio, la otra peronista, Silvia Gallegos, se alineó con los intereses de la Casa Rosada y votó por el sí.
Jorge integró, además, por un rato, un club crítico junto a Mario Das Neves. Intervino el locuaz ministro del Interior, Florencio Randazzo, para evitar palabras ácidas. Igual, hay recelos y sospechas por suturar.
Un caso aparte es el de Celso Jaque. El mendocino convive en el día a día con el estallido de adhesión que despertó Julio Cobos en su provincia, donde se recluyó luego de votar contra el gobierno en el Senado. Jaque tuvo que acostumbrarse a las comparaciones odiosas.
Se contentó, luego, con que las caravanas y bienvenidas al vice que dio un voto no positivo tuvieron algún condimento prearmado. Y se encargó, además, de difundir aquí y allá que detrás de esos operativos anduvo el sempiterno Enrique «Coti» Nosiglia.
A Gerardo Zamora, quizá el último radical K que perdura en pie entre los gobernadores -rankea, apenas abajo, Miguel Saiz y orbita Maurice Closs-, lo tiene en lista de espera. A Zamora todavía le imputan por el comportamiento silvestre de Emilio Rached, senador que en teoría le respondía y terminó, incitado por un telefonazo de Raúl Alfonsín, poniendo el voto del empate que luego terminó de desajustar el vice Julio Cobos.




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