13 de agosto 2008 - 00:00

Cristina y la Glasnot 2

Un doble comando invertido: a las intromisiones de Néstor Kirchner en las cuestiones de gobierno ahora habrá que sumarles -quizá- ver a su esposa, Cristina de Kirchner, la Presidente, dedicada a las mundanas cuestiones del peronismo como hizo ayer en La Pampa, donde almorzó con peronistas díscolos que votaron contra el gobierno en el Congreso, en medio del conflicto del campo. No fue él sino ella la que dictó una amnistía a Manuel Baladrón y a Adriana García, diputados pampeanos que se opusieron a las retenciones móviles.

El operativo está en marcha. En persona, Cristina de Kirchner avanzó ayer en La Pampa el primer casillero en la maniobra de recaptura de peronistas díscolos que, entre los fuegos del conflicto del campo, votaron en contra del gobierno por las retenciones móviles.

Almuerzo de por medio, sin reproches -sin menciones siquiera a lo actuado-, la Presidente se sentó con Manuel Baladrón y Adriana García, diputados pampeanos que levantaron la mano contra el proyecto oficial. Oscar Jorge, el gobernador, ofició de celestino.

Faltó un protagonista estelar: Rubén Marín. El senador mandó saludos, pero no pudo estar porque se repone de una intervención quirúrgica. Antes, vía Angel Mazza, Marín envió señales a la Casa Rosada de que la disidencia por las retenciones no debe abortar planes compartidos.

Un dato esencial: sus diferencias con los Kirchner son múltiples, pero el pampeano, multigobernador, no concibe siquiera compartir un espacio con Eduardo Duhalde. Con el santacruceño, además, tiene un vínculo histórico de las tenidas compartidas en el CFI.

La contraofensiva K, que tuvo la primera escala La Pampa, se produce en varios frentes: en paralelo, Kirchner ordenórealizar antes de fin de año la interna para proclamar al nuevo jefe del PJ bonaerense. Ese movimiento apunta a aislar a Duhalde.

En la residencia oficial, la Presidente compartió almuerzo con Jorge, su segundo Luis Campo, los diputados Baladrón y García, Julio De Vido y el ministro de Interior, Florencio Randazzo, gestor en sintonía con el gobernador del acercamiento con los díscolos.

Antes, Cristina de Kirchner saludó -desde el auto-a un grupo de protectores autoconvocados que organizaron un asado a modo de protesta por las políticas nacionales para el campo. «Cris, vení, comé y charlamos», invitaba un cartel colocado por los chacareros.

A pesar del convite, la Presidente prefirió saludar desde el auto, sonriente, a través de la ventanilla baja, y luego se recluyó en la residencia del gobernador, donde la esperaba un menú bien cárnico: salamín pampeano, lomo grillé y, de postre, helados.

La Casa Rosada temió, en los días previos, por incidentes o protestas furiosas. No hubo. Por las dudas, unos días antes, una avanzada oficial llegó para testear el clima callejero. Se explica: La Pampa fue una de las provincias que más ardieron con el conflicto rural.

Esa tarea la llevó a cabo Rafael Follonier, coordinador de la Unidad Presidente. Al final, fue un acto tranquilo con todo un elenco oficial sobre el palco: allí estuvo, además, Carlos Cheppi, flamante titular de Agricultura.

Ex ministro de Economía y ex presidente del Comisión Federal de Impuestos, Jorge llegó a la gobernación luego de derrotar en las internas del PJ, con soporte de Carlos Verna, a Marín. Construyó, vía Randazzo, una relación fluida con la Presidente, con quien ni se conocía.

  • Críticas

    Fue, incluso, uno de los gobernadores peronistas que deslizaron críticas sobre el modo en que la Casa Rosada manejó el conflicto. Por entonces, aparecía muy cerca de Mario Das Neves. Se sabe que el chubutense mira a 2001 y se mueve pensando en el poskirchnerismo.

    El operativo de ir al rescate de disidentes como Marín, Baladrón y Díaz revela, sin embargo, cierta debilidad o, al menos, la intención manifiesta de Kirchner de no dejar jugadores «sueltos» que puedan en el futuro cercano animar un armado del PJ rebelde.

    Queda, en suspenso, Verna -a quien responde Díaz-. El ex gobernador planea volver en 2011 y trabaja, para eso, en línea con Duhalde.

    En esa línea, en los próximos días habrá otras cumbres. Hay, por ejemplo, nexos con Carlos Reutemann, quizá el peronista que menos le gustaría a Kirchner tener enfrente. Lo demostró cuando bajó a Agustín Rossi de la interna del PJ santafesino para evitar una derrota ante Reutemann.

    En otro marco, otro tono y otra agenda, el viernes la Casa Rosada retomará el diálogo con Juan Schiaretti. Por indicación presidencial, Randazzo recibirá al cordobés luego de dos semanas de ráfagas cruzadas entre el gobernador y Balcarce 50 por la crisis fiscal de Córdoba.

    Es un primer sondeo: quizá, más adelante, el operativo recaptura avance -o trate de avanzar-sobre algunos cordobeses para quitarle peso al esquema que ordena, en perfecta sintonía con Schiaretti, José Manuel de la Sota.
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