Al frustrarse la cumbre de Néstor Kirchner con TabaréVázquez, el martes, la negociación por la instalación de dos procesadoras de celulosa en Fray Bentos volvió a sumergirse en una crisis. Desde temprano, ayer, volvió a hablarse de cortes de ruta y, con ello, se repusieron las conjeturas sobre una nueva ruptura en las tratativas. A los actores ya conocidos -los gobiernos de la Argentina y Uruguay, el de Entre Ríos, las «papeleras», los vecinos ambientalistas de Gualeguaychú- se les suman ahora otros, dentro del propio gabinete nacional:
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El fracaso de la reunión de La Anchorena fue, antes que nada, el de un método de trabajo. Néstor Kirchner apostó a la dinámica de la «diplomacia presidencial». El Mercosur, y sobre todo la relación entre la Argentina y Brasil, conoce bien las ventajas y riesgos de ese mecanismo desde su fundación. Las diferencias entre las burocracias acumulan tensiones hasta llegar al nivel presidencial. Puestas a esa altura, los entredichos deben tener un desenlace positivo sólo por la jerarquía de quienes los tramitan. La alternativa de un acuerdo es una crisis cuyos titulares son los jefes de Estado. Carlos Menem y Fernando Henrique Cardoso caminaron varias veces por la cornisa, como hoy lo hacen Kirchner y Vázquez. ¿O el riojano no debió aterrizar de urgencia en Brasilia, de regreso desde Estados Unidos, para reunirse con su colega y salvar la integración regional de un colapso por las barreras paraarancelarias que habían decidido Roque Fernández y Alieto Guadagni desde el Ministerio de Economía y la Secretaría de Industria? Una vez que los problemas llegan a la comunicación entre dos presidentes, mejor que tengan una salida exitosa. Así pensó Kirchner, así le respondió Vázquez, cuando se lanzaron en el Sheraton de Santiago de Chile, hace dos fines de semana, a un entendimiento sin red: es decir, sin que se hubieran levantado los cortes en las rutas internacionales de Entre Ríos, sin que las dos procesadoras de celulosa hubieran interrumpido las obras, sin que los técnicos se pusieran de acuerdo en la documentación que habría de suscribirse y sin que se identificara a los ambientalistas que deberán dictaminar si habrá o no contaminación en las aguas del Uruguay. Demasiadas carencias, es cierto. Más que apostar a las virtudes de una técnica diplomática, estos dos mandatarios parecen haber encontrado su «destino sudamericano» en una improvisación de las habituales.
A las cancillerías les molesta siempre el vértigo de estos métodos. Por volver a aquella noche en Brasilia: una vez acordada la eliminación de las vallas introducidas en Buenos Aires, Menem le propuso a Cardoso hacer el anuncio ante la prensa. Luíz Felipe Lampreia, el ministro de Relaciones Exteriores, se negó: « Firmemos los papeles mañana y, entonces sí, comunicamos lo decidido». El presidente argentino se puso de pie e hizo una pregunta difícil de responder para quienes conocían su condición de riojano pícaro. Dijo: «Luíz Felipe, ¿no confías en mi palabra?». Por suerte saltó Cardoso y ordenó hablar ante los ansiosos periodistas. Anteanoche en el Palacio San Martín había llanto y rechinar de dientes. «Se suspende la reunión por cuestiones menores pero se paga un costo político evidente por hacer anuncios sin tener atados los acuerdos de antemano», comentó un diplomático experimentado y, repentinamente, ambientalista (raro entre gente tan habituada a los puros).
La estrategia que promovía Jorge Taiana era distinta de la que Kirchner le ordenó seguir a Alberto Fernández (sobre todo desde que Taiana fue excluido de las tratativas: la suspensión del encuentro lo encontró dialogando sobre Haití con Kofi Annan en Nueva York). El canciller hubiera preferido que se negociaran las condiciones del acuerdo inclusive hasta la redacción de los borradores y que, recién entonces, se pusiera a la luz del día el entendimiento con una «mise en scène» que los profesionales de las relaciones exteriores llevan a cabo de memoria. Dilema: ¿se podía seguir confiando en ese manual?, ¿no fue esa receta la que venía fracasando desde 2004? «A veces por comer con cuatro cubiertos se termina en la inanición», replican en la Casa Rosada. En otras palabras: si Kirchner no se hubiera tirado al vacío junto con Vázquez, los diplomáticos todavía estarían decidiendo el color de la red con la que deberían atajarlos desde abajo. En todos los casos, en esta peripecia se están poniendo a prueba, en una pantalla gigante, la creatividad y el profesionalismo de quienes conducen la política exterior de ambos países. En el caso de la Argentina, tal vez los diplomáticos no puedan servirse de la excusa de haber cedido sus facultades a otras áreas del Ejecutivo, como ya sucedió en otros planos de las relaciones internacionales.
Incertidumbre
Esta discusión entre la jefatura de Gabinete y la Cancillería, referida a los costos por el fracaso de la cumbre, es sólo uno de los flancos de la crisis que se reabrió el martes. Uno más importante es la incertidumbre sobre las condiciones políticas, tan precarias, que hacían posible esa reunión en La Anchorena. ¿Alguien puede garantizar que los cortes seguirán suspendidos hasta que los dos presidentes decidan encontrarse nuevamente? Si todo dependiera de que los vecinos de Gualeguaychú entiendan las perplejidades técnicas de la diplomacia, acaso sería sencillo conseguir que sus asambleas sigan realizándose junto a la ruta y no sobre ella. Pero en esa colectividad se razona de otra manera. Allí el reclamo ha sido puesto en una escala casi metafísica. En algo colaboró el obispo local, un discípulo de Jorge Bergoglio, quien beatificó los piquetes entronizando al Cristo de la Misericordia junto a los puentes (ahora habrá que ver cómo mueve las piezas su hermano de Fray Bentos).
También las contrariedades son vistas en una dimensión escatológica. Nada de fracaso en la redacción de los papeles ni de malentendidos técnicos entre burócratas. Si la cumbre presidencial no se realizó, se decía en la multitudinariaasamblea del martes pasado (15.000 personas) fue porque el gobierno argentino quiere arrastrar los pies de la negociación hasta después del feriado de Semana Santa, cuando cruzan al Uruguay decenas de miles de turistas. Vale la pena reproducir lo que uno de los dirigentes de la Asamblea dijo ayer a este diario: «El cronograma que armaron en Buenos Aires y Montevideo los llevaba a un callejón sin salida. En dos jueves, en la puerta de Semana Santa, cuando terminara la segunda cumbre en Mar del Plata, debían anunciar que las plantas se harán pero que serán controladas. Esa noche nosotros repondríamos el corte y se arruinaba el turismo uruguayo una vez más. Los intentos por postergar tienen que ver con ese error en la programación».
Esta forma de comprender lo que sucede en el terreno diplomático abre la incógnita principal de estas horas: ¿ llegarán Kirchner y Vázquez a su reunión o la frustrarán los vecinos con un nuevo corte de ruta? La pregunta se alimenta con otro dato. Todo el discurso bilateral en torno a la resolución del conflicto está basada en el control de la polución que produzcan las plantas de celulosa. No en la suspensión o relocalización de esos emprendimientos, como sueñan los ambientalistas entrerrianos. Ellos dicen, mientras levantan presión, que Alberto Fernández les había prometido otra cosa: hablar con el gobierno oriental de un cambio de emplazamiento de ambas fábricas. En la diferencia entre lo que sueñan los entrerrianos y lo que está dispuesto a sugerir Kirchner a los orientales está la hendija por donde se podría activar otro corte de ruta. ¿Qué harían en tal caso las papeleras? ¿Retomarían las obras? Por otra parte, el ritmo con que puede decidirse instalar o levantar un piquete no es equivalente al que demanda la puesta en marcha o la suspensión de los trabajos, sobre todo por la dificultad de mantener contratos con empleados y proveedores. Mientras entre los dos gobiernos se planifica un régimen de monitoreo ambiental satisfactorio, entre los asambleístas circula, alentando expectativas, el programa de relocalización de Botnia y ENCE que diseñó el ex senador Héctor Maya. No sólo fue enviado a todos los responsables del caso del lado argentino. También hay una copia en manos del presidente Vázquez.
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