"Cupo joven"
El oficialismo se inflamó en los últimos días de un reformismo poco usual. Ayer, el principal operador de Néstor Kirchner en el Congreso presentó otro proyecto para cambiar el código electoral e imponer un «cupo joven» y un límite a los cargos electivos de una sola reelección. Es una copia de un proyecto similar que venía explicándole Eduardo Duhalde a su tropa bonaerense, pero para uso interno del PJ y que pensaba utilizar para descalificar el continuismo de algunos adversarios dentro del peronismo. Difícil que caciques encallecidos en la continuidad y vacunados contra el cambio tengan una recaída así, pero la sola propuesta es alentadora.
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Quiero envido, vamos a proponerlas para todos los partidos.
Duhalde ordenó el lunes, en un alto del chequeo a que se sometió en la clínica Favaloro, que los armadores del PJ bonaerense organicen un congreso partidario para cambiar la forma de seleccionar candidatos que lo ponga a la cabeza de la «nueva política».
Cada vez que el ex presidente designado se pone el disfraz reformista, cruje el escenario. La última vez que lo hizo fulminó el sistema electoral enviando a las urnas a los partidos sin internas previas en un país con voto obligatorio y ballottage. Del cóctel surgió esa extrañeza de los analistas de todo el mundo que se preguntan cómo los argentinos tienen un sistema electoral que consagra presidente a quien perdió las elecciones. Antes, cuando dijo que se debían ir todos los políticos porque eran unos «hijos de puta» -se incluyó en el lote-terminó siendo el presidente de la devaluación.
Sus reformas, se sabe, buscan comprometer a los demás en un cambio al que nunca se sube para terminar como beneficiariode la continuidad -algo que logra en la política criolla desde 1973, cuando debutó como concejal de la democracia cristiana en la comuna de Lomas de Zamora-.
Esta vez, como adelantó este diario en Charlas de Quincho en la edición del lunes de la semana pasada, el misil reformista venía de un santacruceño, Kirchner. El menú que comenzó a hacer circular el ex presidente designado incluye un límite de mandatos en cargos electivos a una sola reelección y la imposición de un cupo juvenil de 50% para los menores de 35 años. Como admitió ante los contertulios que lo acompañaron en los raids gastronómicos por el conurbano -una pasión reciente, que explica en la necesidad de tener bien atada la nueva cúpula partidaria que se consagra en las internas del 21 de noviembre-, esta vez se conformará con que lo apruebe el congreso del PJ bonaerense y rija sólo para los peronistas de la provincia de Buenos Aires.
Si la idea cunde, explicó que quiere que lo trate un congreso nacional del PJ para que lo haga obligatorio además para todos los herederos de Perón en futuras elecciones.
«No puede ser que la gente se perpetúe en los cargos», musitó Duhalde con su típico gesto de ventilación, frunciendo levemente la nariz, ante auditorios de funcionarios perpetuos como Osvaldo Mércuri, Antonio Arcuri (para citar las casas que visitó en los últimos días con el pretexto de probarles la parrillada). «Y si un tipo es tan inútil como para pasar a un cargo más importante después de dos mandatos, mejor que se vaya a casa», dice en esas reuniones a las que asisten, entre otros, los también perpetuos José María Díaz Bancalari, Eduardo Camaño y una pléyade de intendentes reelegidos en forma compulsiva desde hace años.
• Cuando se les pregunta la reacción que sienten ante esas profecías reformistas de su jefe sonríen; «Negro» les asegura que habla de acá para delante y que quien tenga hoy un cargo puede aspirar a un mandato más. En cuatro años, el mundo será otro y nadie recordará ni ésta ni otras promesas.
La reforma partidaria no se cierra con esto: se agrega --siempre para al PJ bonaerenseel llamado «cupo juvenil» de 50% de los cargos para menores de 35 años. Duhalde necesita en este punto revestirse de reformismo porque ninguna de estas víctimas de sus ideas extrañas sobre la representación política olvida que en la última elección hizo diputado a su propio yerno -Gustavo Ferri-, a quien no se le conocen antecedentes (ni obras) en el terreno político.
La idea es también la renovación de los cargos legislativos donde se perpetúan -según Duhalde para su desagradobiografías como las de María Laura Leguizamón, que ha pasado de diputada nacional por la provincia de Buenos Aires a la Legislatura porteña y ahora al Senado de la Nación. De paso, la pasión renovadora de esta legisladora se anotó un récord: votó por la destitución de Eduardo Moliné O'Connor pocas horas después de haber jurado la banca y sin leer ninguno de los numerosos cuerpos de la larga causa contra ese juez de la Corte.
• ¿De dónde saca Duhalde estas ideas? El límite de mandatos lo recogió de la experiencia que le cuentan de los Estados Unidos donde es bandera proselitista de candidatos que piden el voto.
Algunos estados -como California para el nivel del Senado-han impuesto el límite de mandatos; otros han propuesto el tema en plebiscitos, pero la idea no ha avanzado por la resistencia esperable de los profesionales de la política a volver a casa.
En ese país, el límite a la cantidad de períodos de un legislador tiene otros propósitos, además de la renovación vegetativa de los cuadros. Como allí los representantes en el Congreso (Diputados) se eligen por el sistema uninominal, es decir que representan a vecindades, se trata de impedir la desigualdad que resulta entre distritos representados por veteranos políticos con reelección perpetua frente a otros que son representados por novatos en el Congreso.
Un primer remedio ya se impuso y fue establecer que las circunscripciones debían tener la misma cantidad de habitantes. Un segundo remedio es este límite a los mandatos que, como se dijo, es una propuesta de candidatos que no siempre cumplen cuando ya fueron elegidos.
• Realismo
Piden el voto para un solo mandato y una reelección, pero sufren de un ataque de realismo cuando se les termina la banca. Apelan a nuevos mandatos alegando situaciones de excepcionalidad o, más peronísticamente, que se lo piden los muchachos.
Una norma así tendría suerte quizá dentro del partido, aunque no faltarán críticas por la experiencia de la UCR en la materia.
La carta orgánica del partido impone que para la reelección de un mandato legislativo el postulante debe superar una interna partidaria con por lo menos 66%, y esa norma mandó a la casa a algunos de los mejores legisladores que ha tenido el partido, como César Jaroslavsky, Raúl Baglini o Rafael Pascual. No es feliz esa experiencia en cuanto a calidad de representación. A propósito de estas prácticas partidarias, se recuerda en las sobremesas radicales una anécdota de Manuel Jaroslavsky, tío de César, que fue presidente de la UCR de la Capital en los años '60. Fueron a visitarlo unos jóvenes del partido, entre ellos, quien después fue senador, José María García Arecha, para reclamarle candidaturas para los jóvenes con el pretexto de renovar el partido. «Manolo» Jaroslavsky les respondió: «En la política argentina la renovación se hace en cuatro lugares: la Recoleta, la Chacarita, Flores y La Tablada, ¿soy claro, chicos?».
Si la norma se impusiera -como quiere Arnold-a todos los partidos por ley nacional, no faltarían los reproches constitucionales por una eventual limitación al acceso a la tarea política.
La segunda idea, la del «cupo joven», es vieja en el Congreso. Existen proyectos de legisladores y ex legisladores, como el rionegrino Julio Accavallo, el porteño José Luis Fernández Valoni y el bonaerense Hugo Toledo. El proyecto kirchnerista se inspira, además, en una ficción histórica: dice que hasta 1990 la Argentina contó con jóvenes con «función decisoria» que trabajaban en las empresas del Estado y que eran verdaderas «usinas técnicas» que desaparecieron con las privatizaciones.
Este subsidio a las nuevas generaciones mediante el «cupo joven» remediaría ese «daño» recreando esas usinas técnicas en el Congreso. Rara explicación cuya aclaración le debe Arnold a la República. ¿Por qué reacciona el kirchnerismo? Porque sabe que la intención del duhaldismo es provocar, sin decirlo explícitamente, a los Kirchner, que son dos veteranos en la renovación de mandatos de gobernador (él) y legisladora (ella) y deberán responder al desafío de no reelegir e irse a casa por cuatro años. «Eso hice yo», dice Duhalde, que sigue mandando desde su casa.




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