Avanzada de Colombo, falla en la Matrix para causa Memorándum, esparce temor por efecto arrastre

Política

Pedido de prueba del fiscal de juicio juega a exponer desaguisados en instrucción. Audiencia de Cristina se lleva la marca, pero lo relevante es pedido de pruebas que vuelve a subir a Hornos y Borinsky al ring con visitas incómodas. ¿Chivos expiatorios ideales para el fin de una causa política?

La decisión del fiscal general Marcelo Colombo respecto de la causa Memorándum con Irán provocó un sacudón en Tribunales. No por lo previsible del destino, que desde hace años lo señala como un caso político que podría llegar a implotar en el marco de un juicio oral. Sino por las implicancias de las medidas de prueba que el acusador público pidió incorporar al expediente y que despiden esquirlas que impactan 360°. Si la marca se la llevó la audiencia pública que ofrecerá una platea ideal para una exposición de Cristina de Kirchner en términos políticos que pueda superar la de “dólar futuro”, lo cierto es que lo más relevante es el pedido de informes a la jefatura de Gabinete y a la Casa Militar respecto de las reuniones que mantuvieron los camaristas de Casación Gustavo Hornos y Mariano Borinsky con distintas autoridades del Gobierno nacional y el propio Mauricio Macri, en momentos clave de la reapertura de la denuncia de Nisman, que posibilitó arribar a esta elevación a debate oral.

No debe perderse de vista que las defensas tapizaron de nulidades el inicio del juicio. Es decir que lo que está en juego es la anulación lisa y llana del caso por vicios que podrían estar presentes casi desde su nacimiento. Con este escenario, ¿podrían ser Hornos y Borinsky los chivos expiatorios a quienes colgarles la factura de los desaguisados propios y ajenos? La hipótesis encuentra base en la chance ideal de encapsular las irregularidades múltiples que estuvieron presentes en todo el desarrollo de la investigación, una suerte de dar “vuelta la página” en términos judiciales, y también de barrer bajo la alfombra las propias miserias del sistema judicial de instrucción, que se ha permitido todas las licencias. El riesgo es doble para quienes sostengan la enrevesada causa de la muerte del fiscal Alberto Nisman. La ausencia de un motivo que anidara en su denuncia deja sin motivación alguna la fantasía de un asesinato para intentar detener su avance. Todo ese andamiaje se ha mantenido con respirador artificial y encuentra en la indefinición el único modo de sobrevida. Para colmo, ambos camaristas de Casación serán convidados de piedra si se convalida la medida: estarán resignados a ser meros observadores de cómo pasa la pelota de un lado a otro de la red, sin chances de defenderse en este court.

La novedad es de gran impacto pero expone un malestar que estaba latente en los tribunales orales desde antes de que se sortee el expediente en el Tribunal Oral Federal N° 8. Los jueces prendían velas para evitar que el sorteo radique Memorándum en sus tribunales. La decisión de Colombo también tuvo buena recepción entre los fiscales de juicio. Hay hastío entre los acusadores que han recibido causas mal instruidas, atravesadas por una coyuntura política que no termina siendo relevante cuando se debate en el proceso a su cargo, y con plexos probatorios que comienzan a hacer agua por requerimientos de elevación parciales, mal confeccionados o imprecisos. Hubo respaldo al pedido de audiencia entre sus pares, un ejemplo que podría replicarse antes de mecánicamente comenzar a discutir los expedientes, como podía suceder en otros momentos históricos, donde los lamentos de lo que no se podía probar derivaban en sobreseimientos una década más tarde de haber sido escritos.

Colombo pidió además de los registros oficiales de las visitas de los jueces (primera solicitud que tiene impacto directo en un expediente), la declaración de los representantes de la DAIA, quienes en 2016 consiguieron de forma inédita que Casación los aceptara como pretensos querellantes cuando el caso tenía el mismo destino de archivo que en 2015. Ese proceso, como detalló Ámbito el 10 de noviembre de 2016, estuvo atravesado por antecedentes propios de Hornos y Borinsky rechazando intervenir en causas conexas al atentado a la AMIA (como podría ser el encubrimiento a los acusados iraníes de perpetrar el ataque), la intervención sin poderes como acusador privado de la DAIA, y el rechazo in límine de la recusación que había planteado Héctor Timerman, que incluyó que la jueza Ana María Figueroa se cruzara a gritos en un pasillo con Borinsky. Ese combo encuentra ahora un hilo conector que serían las “visitas” que podrían desencadenar nulidades.

Colombo está lejos de ser identificado como un fiscal afín al kirchnerismo. Ocupa además la titularidad de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX). Por algún motivo, ese lugar ha estado en el foco -desde su creación- de la Embajada de Estados Unidos. El mismo fiscal pidió una condena a Amado Boudou de cinco años y medio de prisión por el caso Ciccone ante el Tribunal Oral Federal N°4. Pero Colombo también expuso una operación de la DEA que había tenido años de sobrevida y le puso nombre y apellido a “La Morsa”, con el que se había intentado vincular al exjefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en el marco de un juicio que reveló los operativos de la agencia antidroga norteamericana que se valía de electrones libres de la exSIDE, como Julio Cesar Pose.

Sus conclusiones en ese juicio repercutieron más fronteras afuera que internamente. Sorpresa. En el juicio al exvicepresidente, Colombo trabajó junto al fiscal Santiago Eyherabide, cuyo último destino resonante fue intervenir en la causa de espionaje ilegal de Lomas de Zamora. Fue en ese lugar donde el juez Federico Villena secuestró el teléfono del exsecretario presidencial Dario Nieto. Parte de esa prueba la solicitó ahora Colombo, específicamente la que refiere a las reuniones de Padel con Borinsky y los recordatorios que Nieto preveía para su jefe. Incluso conversar sobre la denuncia “penal y administrativa”. Mientras Hornos resiste en su cargo de presidente de Casación y junto a Borinsky veían amainar el tornado alrededor suyo por las revelaciones sobre sus accesos y el revuelo judicial que causaron, nació un cisne negro desde Memorándum. Munidos de buzo antiflama, ambos asistieron a la última reunión virtual de superintendencia en Casación, donde no hubo mención alguna al asunto Colombo.

Esta causa melliza nació con una grabación clandestina que nunca fue validada como prueba entre Timerman y el expresidente de la AMIA, Guillermo Borger que nunca nadie se atribuyó. Una acuarela de la doctrina del fruto del árbol envenenado. Cuando la DAIA logró acceder a ser querellante en Casación (sin impulso fiscal) y merced a Hornos y Borinsky, simplemente se le pegoteó la misma denuncia de Nisman que había sido desestimada en instancias anteriores. Pujaban por conservarla (en su versión duplicada) los jueces Ariel Lijo y Claudio Bonadio. Fue Martín Irurzun quien, a sola firma, optó por el segundo. Prisiones preventivas mediante, el fallecido juez no se conmovió por ninguna de las probanzas que pudieran percutir en el escrito de Nisman, ni por la intrascendencia de los involucrados como supuestos negociadores del pacto, que vendían más humo que influencias con lo que leían del diario. En todo momento se buscó evitar la declaración del exsecretario general de Interpol, Ronald Noble.

Otra innovación de esta causa: debe ser la primera donde un testigo, directamente involucrado en el conocimiento de un hecho (las alertas rojas) no solo no es llamado a declarar -a pesar de haberse presentado-, sino que a la postre es acusado de formar parte de la maniobra asociado a los dirigentes kirchneristas. No solo es insólito, sino inverosímil. Eso le puso fecha de vencimiento al tema. Lo extraño es por qué no se optó por aceptar esa declaración y poder endilgarle un factor exógeno a la caída del caso, cuyo mayor peso hubiese quedado en cabeza de Nisman por no haber sometido a cuestionamiento su hipótesis delictiva. Ahora la responsabilidad si el caso cae por visitas de jueces a Macri (acreditadas en registros oficiales y reconocidas por los propios magistrados) -una variable cuyas chances se convierten en favoritas- los devuelven al centro del ring, con consecuencias que podrían propagarse como una mancha de aceite, que deje pringosas -para temores varios- otros expedientes.

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