7 de marzo 2003 - 00:00

De la euforia a la depresión

Córdoba (especial de «La Mañana de Córdoba») - El radicalismo cordobés se asemeja al pasaje de un Jumbo en estado de pánico total. El avión que lo conducía en un viaje placentero perdió la tripulación. Uno de los comandantes, Ramón Mestre, ha muerto; y el copiloto, Rubén Martí, está imposibilitado de tomar los comandos, afectado por una enfermedad que lo llevó a reiterar la negativa de ponerse el traje de candidato.

Sin tripulación que les asegure el aterrizaje, sólo queda el consejo que la torre de control Eduardo Angeloz, lejos del aeroplano, puede darles para corregir el rumbo.

Sin la conducción de los históricos jefes, perdida en menos de una quincena, los voluntarios de los primeros asientos asoman temerosos por la cabina de mandos.

Como la historia continúa (mucho más después del llamado a elecciones del próximo 8 de junio) mientras elaboran el duelo causado por el fallecimiento de Mestre garabatean en los bares aledaños las distintas fórmulas que puedan (¿podrán?) burlar la sensación de derrota que de golpe se apoderó de la herramienta política.

La decepción que los afiliados radicales tienen desde que su mejor candidato, el senador nacional Rubén Martí, abandonó la carrera con una recomendación firmada por sus médicos y la muerte se llevó repentinamente a Mestre, es la mayor preocupación que exhiben los que saben que es urgente la instrumentación de las primeras medidas de contención.

Una diáspora radical amenaza con coronar la feliz marcha que el partido llevaba hacia el campamento del perseverante gobernador José Manuel de la Sota.

Los dirigentes de la generación de los cincuenta que quedará por imperio de las circunstancias al frente de la estructura partidaria reaccionaron de distintas maneras ante al infortunio, con el común denominador de estar todos ganados por el miedo a lo desconocido. Mientras más piensan, más se distancian.

Era previsible: todos salieron disparados en la dirección que la incertidumbre los empujó. El mestrismo en secretos conciliábulos imaginó la posibilidad de un extrapartidario para asumir la responsabilidad vacante. Los primeros sondeos con los íntimos de
Mario Negri recibieron una tajante negativa de la tropa del entrerriano para entusiasmar a su jefe a mostrarse los dientes en una batalla electoral con De la Sota.

El negrismo cree que el buen posicionamiento de su referente en sus aspiraciones a la intendencia capitalina deben preservarse de cualquier aventura que termine en una catástrofe que pagarán demasiado cara.

De allí y sin términos medios se definió el perfil de un candidato que en 90 días recorra la provincia al frente de las tropas rojiblancas.

«Debe ser muy conocido, estar instalado y aceptado en la sociedad», mascullaban antes de dejar caer tímidamente sobre la mesa el nombre del cantante
Mario González, popularmente conocido como Jairo, de reconocida filiación radical.

La idea surgida del riñón mestrista que en otras épocas hubiera causado indiferencia en el resto de sus correligionarios esta vez fue escuchada con atención como si en realidad, lejos de esperar la llegada de un dirigente político que se ponga al frente del timón, existiese el fatalismo de sucumbir a los experimentos políticos impuestos por el menemismo.

Desde sectores más afines con el ex gobernador
Eduardo Angeloz descartan la posibilidad y reconocen que Córdoba es un territorio refractario a esos experimentos y que el partido aún no está en las condiciones que permitieron que personajes de la farándula se impusieran en territorio político.

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