26 de noviembre 2001 - 00:00

De la Rúa dio instrucciones sobre cómo tratar al Fondo

Chrystian Colombo lo vivió como una fiesta personal: finalmente, su proyecto de concertación sectorial tenía algún tipo de realización, aunque más no sea bajo la forma de un simulacro. Anoche, en Olivos, sesionaron largamente funcionarios del gobierno, presididos por Fernando de la Rúa, empresarios y sindicalistas de la CGT dialoguista para avanzar en una agenda de coincidencias que se conocería el jueves. El objetivo principal de esta ronda tiene que ver con la coyuntura: impresionar a la misión del Fondo Monetario Internacional que visita el país con alguna demostración de poder de convocatoria por parte del gobierno. De la Rúa lo pidió explícitamente: «Quiero que los que estén con la misión del Fondo no digan que esto no da para más, que no tenemos destino; hay que dar una imagen de optimismo, presentar el canje de deuda como una manera de obtener recursos genuinos para crecer y todo en el marco de la racionalidad fiscal y el déficit cero». Le faltó decir que «así se trata a las visitas». Tan didáctico estuvo.

Además de De la Rúa y Colombo, de la reunión de anoche participaron Domingo Cavallo, Adalberto Rodríguez Giavarini y José Gabriel Dumón. Ajeno al gabinete, Enrique Nosiglia, quien desmintió con su presencia que esté distanciado de De la Rúa. Entre los empresarios estuvieron José Ignacio de Mendiguren, Eduardo Escasany, Eduardo Baglietto, Manuel Cabanellas, Aldo Roggio, Héctor Massuh, Gregorio Chodos, Alberto Alvarez Gaiani y Enrique Olivera. Entre los sindicalistas estuvieron Rodolfo Daer, Oscar Lescano, Armando Cavalieri, Carlos West Ocampo y Gerardo Martínez.

• Ideólogo

La idea de congregar discretamente a estos sectores nació de Colombo y se la comunicó a De la Rúa telefónicamente el sábado, mientras el Presidente se encontraba en la reunión Iberoamericana de Lima. Ayer, Colombo visitó a De la Rúa para repasar, como todos los domingos, la agenda de la semana venidera. Durante la charla se produjo la invitación para que los empresarios y sindicalistas que estaban en lo de De Mendiguren (ver recuadro aparte) concurrieran a Olivos.

El encuentro pretendió inaugurar una serie de trabajos para que, durante esta semana, se pueda configurar una agenda para la reactivación. Por eso anoche, en Olivos, los empresarios trasladaron algunas sugerencias que habían discutido durante la tarde en la casa de De Mendiguren, como el relanzamiento del programa de infraestructura y la posibilidad de un tipo de cambio especial para exportaciones, que podría ser flotante.

El gobierno, en la voz de Cavallo, predicó las bondades del canje de deuda tal como lo están llevando adelante a nivel local. Y propusieron que se aprovechen las reuniones que se van a realizar en los próximos días para hacer aportes al presupuesto nacional de 2002 que se discutirá en el Congreso.

Los visitantes del Presidente se mostraron sorprendidos por un comentario que realizó informalmente con uno de ellos, respecto de cómo la Argentina es víctima del maltrato de las agencias calificadoras de riesgo «por la defección de los organismos multilaterales de cumplir con su papel de orientadores del mercado; ahora ese papel lo juegan estas empresas privadas que ya se quemaron en el sudeste asiático y en Rusia y que por eso se vuelven despiadadas con países como el nuestro». Un entendido informó que esos conceptos de De la Rúa se inspiraron en una conversación con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias, quien viajó con él desde Perú.

Cavallo se mostró optimista respecto del cumplimiento del programa de «déficit cero» aunque Cavalieri le reprochara el nombre: «Dejen de hablar de eso y hablen de equilibrio fiscal».

Los empresarios hicieron sus propuestas. De Mendiguren volvió a plantear que el problema central de la Argentina es la inestabilidad cambiaria brasileña y que para corregirla se debería adoptar un tipo de cambio flotante para las exportaciones. Nadie le dio una respuesta.

• Ministerio

En cambio, el ultrakeynesiano Baglietto (Cámara de la Construcción - Techint) propuso la creación de un ministerio de la producción. Colombo sonrió, Cavallo movió la cabeza pero no desaprobó y De la Rúa asintió. Es decir, no se sabe bien qué recepción tendrá dentro del gobierno la propuesta del hombre de los Rocca en la mesa.

Colombo hizo gala de haber estudiado «pactismo comparado», por llamar de alguna manera a la materia que está impulsando. Cuando escuchó que Olivera (funcionario del gobierno -Banco Nación-, que concurrió como titular de la asociación de banca pública) mencionó el Pacto de la Moncloa, el «Vikingo» subió al árbol genealógico de su experimento y, desde allá arriba, mencionó las tres o cuatro concertaciones más famosas de los últimos 40 años, lo que lo fue transformando en una especie de profesor de ciencia política delante de los invitados de Olivos (cada uno encuentra su manera para evadirse de la frustrante cotidianeidad: Colombo, dignamente, optó por la docencia).

En cambio, los sindicalistas no saben de evasiones -al menos de éstas, de tipo intelectual-y cumplieron su papel a la perfección. Cavalieri dijo que «es la CGT la que viene haciendo el aporte más importante, con la baja de las jubilaciones, del salario de los empleados públicos y, por lo que se dice ahora, con la postergación del aguinaldo». Al salir de la reunión, pasaron la factura reclamándole a Colombo que les entregue los bonos prometidos para salvar una deuda que reclaman como para sus obras sociales.

El jefe de Gabinete los volvió a tranquilizar con un «esta semana», mientras trataba de que sintieran el valor de la convocatoria a su pacto: «Me llamaron muchos políticos que no quieren quedarse afuera, así que aprovechen» tentó el «Vikingo». El, como De la Rúa, tiene un objetivo central esta semana: que la foto de ayer no se descomponga por siete días, es decir, mientras los irritables burócratas del Fondo estén de paso por Buenos Aires realizando su inspección.

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