4 de diciembre 2001 - 00:00

De la Rúa ensaya hoy un abrazo a Puerta

Con la lógica de aquella fábula del zorro y las uvas, Fernando de la Rúa intentará hoy mostrarse complacido con la vecindad de un peronista como Ramón Puerta, quien ocupará a partir del 10 de diciembre la presidencia provisional del Senado y reemplazará al mandatario en la primera magistratura cada vez que éste se ausente del país o, Dios no lo permita, caiga enfermo. Decir, como dijo Ramón Mestre, que la elevación del misionero representa una merma en la gobernabilidad, puede ser sincero, acaso también veraz, pero sin duda inconveniente. Ahora se trata de demostrar que la relación será amigable y todo lo cooperativa que permita el propio Puerta. Como si la presencia de este misionero en el segundo escalón del Estado fuera la consecuencia de una aspiración personal y no de una política que se ha dado el peronismo frente a la crisis.

De la Rúa, experto en negar evidencias, lo sabe de sobra y por eso convocó a su nuevo segundo el viernes, cuando había que firmar decretos que afectarían la tranquilidad de los depositantes. No fue una picardía del Presidente para involucrarlo prematuramente en medidas desagradables, pero Puerta le explicó que no estaba en condiciones de viajar desde Apóstoles, su pueblo natal. El domingo, como informó ayer este diario, De la Rúa insistió con su «vice» y esta vez se pactó la cita de hoy por la tarde. El senador aceptó y dedicó las 24 horas siguientes a reflexionar en el formato que debe tener la cumbre. Después de todo, Puerta es un diplomático vocacional que alguna vez se imaginó canciller de un gobierno del PJ.

Intención

El nuevo titular del Senado decidió que iría al encuentro acompañado de su segundo en la Cámara, el también peronista Juan Carlos Maqueda, quien como De la Rúa es abogado, profesor de derecho y cordobés. Más que un acompañante, Maqueda parece un antídoto para entrar en «terra incognita». La intención de Puerta es darle a la entrevista un carácter absolutamente institucional: pactar con el Presidente cómo serán los reemplazos durante los interinatos, declarar que no se considera vicepresidente («si De la Rúa quisiera tener uno no le hubiera aceptado la renuncia a Chacho Alvarez o hubiera convocado a elecciones para cubrir la vacante» razona) y, cuando lo permita una humorada, advertir que no aceptará presentes griegos del radicalismo.

Esto último, en realidad, constituye el principal temor de Puerta y del PJ: que el gobierno los abrace demasiado. Por eso hoy el misionero le dirá a De la Rúa que «cuando usted esté ausente los que seguirán gobernando son sus ministros y si hace falta algún decreto se firmará a su regreso». La conjetura es razonable: piqueteros cortando las rutas, De la Rúa viajando a Montevideo y un peronista ordenando la represión. «Pésimo negocio» habrá pensado el nuevo jefe de los «padres de la Patria».

Zancadillas

No está mal rumbeado Puerta con estos temores ya que en el entorno presidencial se han comenzado a imaginar algunas zancadillas. Dejar al nuevo senador al frente del país durante alguna fiesta patria, de tal manera que tenga que pasar por el test de un Te Deum: sospechan que el cardenal Jorge Bergoglio estará contaminado por las versiones que lo presentan como un hombre mundano y que lo reprenderá por su vida de soltero empedernido. Leyendas que envuelven a este peronista y que los supersticiosos atribuyen a que, en Apóstoles, vive en la estancia de quien fuera (otro) gran play boy argentino, Arturo Gramajo, inventor del clásico revuelto.

Para quedar bien ubicado en la foto, el misionero no llevará hoy propuestas que lo hagan aparecer co-gobernando. Sí reclamos: que se haga ley el último pacto fiscal que asegura a las provincias la transferencia de LECOP y también que se prorrogue la finalización de sesiones ordinarias. En cualquiera de los dos casos, Puerta aspira a mostrarse como vocero del peronismo. Del de las provincias, en el primer caso; del parlamentario, en el segundo. La idea de que siga habiendo sesiones ordinarias perjudica al gobierno ya que mantiene la iniciativa legislativa en manos del PJ; Puerta, como Maqueda, saben que les será negada la solicitud y que De la Rúa convocará a extraordinarias, en las que sólo el Ejecutivo mantiene la capacidad de proponer leyes.

Con estos gestos, el nuevo presidente del Senado y Maqueda intentarán ubicarse en el lugar más aceptable para sus intereses políticos: no mostrarse tan solidarios con el gobierno como para que se los considere «colaboracionistas» ni tan agresivos que se los vea «golpistas». Finalmente, Puerta tomará un último recaudo y pedirá que De la Rúa lo reciba con cualquiera de sus colaboradores, menos con Chrystian Colombo. Mario Losada divulgó la versión según la cual Puerta llegó a la presidencia provisional por su amistad con el jefe de Gabinete. El peronista se ufana de haber vencido a Losada como candidato a senador, en Misiones, y como candidato a encabezar la Cámara, en Buenos Aires. Además de derrotarlo, ahora quiere desmentirlo.

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