¿De la Rúa hoy igual a Menem hace 10 años?
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Lo que más lo desconcertó es la frase que dijo Carlos Menem a un grupo de dirigentes el lunes, que si él estuviera en el lugar de Fernando de la Rúa ya lo habría llamado hace rato a Domingo Cavallo. Esa frase, cuyo sentido no adivina del todo el ex ministro, parece reforzar la simetría de las situaciones.
*En ese estado de anarquía interna, maquina Cavallo, es inútil asumir responsabilidad alguna. Dice haber aceptado el pase a Economía con Menem cuando éste vio la necesidad de eliminar todas las disidencias tribales adentro del gobierno y de darle a él todo el poder. Esta versión alisada del pasado reciente sirve para el pronóstico: De la Rúa tiene que acallar a los sectores populistas de la Alianza, asentar su autoridad y recién entonces llamarlo a él. No responde a la repregunta: ¿para qué necesitaría entonces ese De la Rúa con autoridad de un Cavallo? Aparece entonces el técnico: eso va a ocurrir recién cuando De la Rúa esté lo suficientemente asustado y al borde del abismo. En ese estado de desesperación, Cavallo cree que recién De la Rúa lo va a llamar.
*El mismo Cavallo que hacia afuera dice que el país puede crecer el año que viene a 10%, ante los suyos hace un pronóstico más sombrío. El blindaje, apuesta de puertas adentro, no va a traer el crecimiento y después del verano el gobierno va a estar otra vez en serios problemas. La negativa de hoy a una candidatura para 2001 completa el escenario favorable a una convocatoria de la Casa Rosada, que se complicaría si el ex ministro ya estuviera corriendo tras una banca de senador o de diputado.
*Esta negativa de Cavallo a asumir candidatura sirve a ese proyecto de ser el salvador de De la Rúa, pero desbarata todo lo que el ex ministro armó políticamente en la Capital con Gustavo Béliz. La relación entre éstos es hoy de nuevo mala, aunque los dos insisten en negarlo. El ex ministro del Interior alardea que mantiene conversaciones con la peronista Irma Roy y también con el propio Aníbal Ibarra para ampliar su banda, algo que no puede gustarle a Cavallo porque cree que le quieren levantar el precio de la alianza. Que Cavallo no quiera ser candidato libera inmediatamente la nominación de Béliz para una senaduría nacional para la está tejiendo el apoyo del peronismo pejotista, algo que cree va a lograr con la venia tácita de antibelicistas rabiosos como Carlos Corach. También lo libera de una pelea inminente.
*Sin Cavallo enfrente, Béliz debe despachar esa candidatura sólo ante las aspiraciones del menemista Daniel Scioli, a quien cree puede desplazar con facilidad. No tiene plan para la even-tualidad, no descartada, de que el menemismo alce una alternativa más complicada para él como puede ser la de Mauricio Macri. El nombre del presidente de Boca Juniors ha estado siempre en los proyectos de Menem para una candidatura porteña nunca concretada. Macri nunca ha negado aspiraciones políticas; sus armadores reconocen que la idea de ser senador ha sido mencionada por el padre del empresario, Franco Macri, pero el hijo se ve más como challenger de Aníbal Ibarra para el puesto de jefe del Gobierno de la Capital Federal.
*Hay un último argumento que refuerza la negativa de Cavallo a ser candidato: su experiencia última en mayo pasado cuando peleó el gobierno porteño. Nada ha mortificado más en toda su vida más al ex ministro que ese calvario que arrancó con el caso Elena Cruz (candidata que hizo campaña con una defensa de Jorge Videla) y coronó él mismo con la rabieta por TV en la cual discutió el resultado electoral. Creyó que ese «blooper» había sido su tumba política; tanto que hizo traer a un asesor de los EE.UU. para que hiciera un diagnóstico de su futuro. ¿Se van a acordar de lo que hice por TV?, se afanó. «Con todo lo que va a pasar en la Argentina la gente se va a olvidar pronto», le vaticinó el experto. Cavallo festeja hoy que el público olvidó esa rabieta y no quiere dar un paso que exponga otra vez al desnudo, ahora que puede volver a ser el salvador.




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