19 de diciembre 2001 - 00:00

De la Rúa: "No estoy atado a este plan y tampoco a Cavallo"

Raúl Alfonsín y Angel Rozas al salir ayer del Comité Nacional de la UCR
Raúl Alfonsín y Angel Rozas al salir ayer del Comité Nacional de la UCR
Fernando de la Rúa pronunció ayer una frase osada, comprometida para lo que son sus costumbres verbales. Mientras comía con varios legisladores de su partido, aclaró: «Yo acepto propuestas y alternativas para salir de la situación en la que nos encontramos porque no soy esclavo ni de esta política ni de este ministro». Raúl Alfonsín, Angel Rozas, Pablo Verani, Sergio Montiel, Roberto Iglesias, Carlos Maestro, Raúl Baglini, Jorge Pascual, Fortunato Cambareri, Jesús Rodríguez y Walter Cevallos levantaron la vista desde las achuras, sorprendidos. Igual que Chrystian Colombo, Ramón Mestre y Nicolás Gallo, los funcionarios que escoltaban al mandatario en Olivos.

De la Rúa podrá aclarar que, cuando se manifestó emancipado de cualquier compromiso con el programa o con Domingo Cavallo estaba, en realidad, lanzando un desafío a la mesa de correligionarios que le reclama habitualmente cambios de rumbo sin proponer ninguna receta concreta. Pero varios de los hombres que lo rodeaban conocen que, en la intimidad, el Presidente realiza consultas desde hace días sobre las consecuencias que tendría un desplazamiento del ministro de Economía.

Los visitantes de Olivos venían del Comité Nacional de la UCR, donde se encerraron toda la mañana imaginando la manera en que podría integrarse una comisión de enlace entre el Ejecutivo y el partido para avanzar con algún plan para paliar la crisis social. Los contertulios, como se desprende de la lista, son de distinto pelaje interno, lo que garantizó desde temprano una carencia absoluta de sinceridad en los planteos. Puede resultar poco creíble, pero a cualquier persona que conozca bien el radicalismo le resultará verosímil que varios dirigentes políticos importantes, entre ellos un ex presidente, pase varias horas entre cuatro paredes, en días como los que corren, sin hablar de dolarización, devaluación, default, rechazo del presupuesto o cualquier otra cuestión de las que inquietan al común de los ciudadanos.

En la casa de la calle Alsina los únicos desvelos que se expresaron abiertamente fueron los de los gobernadores. El entrerriano Montiel, por ejemplo, estaba inquieto por si Cavallo estaría invitado al almuerzo de Olivos. Fue necesaria una gestión de Baglini, quien consiguió rápidamente que, por las dudas, se garantizara la exclusión del ministro de la mesa. Tanto Montiel como Iglesias, de Mendoza, dejaron flotando algunas sospechas sobre los saqueos que se realizaron en sus provincias: todas imputaban subliminalmente a Carlos Ruckauf, el padre de todos los males para los radicales de estos días (lo conectan con Hugo Moyano y a éste con el ex militar carapintada Gustavo Breide Obeid). Iglesias fue más preciso: dijo que hay concejales de los departamentos de Guaymallén y Godoy Cruz que estuvieron organizando asaltos a supermercados y que pertenecen a la línea interna del PJ que se reporta a Ruckauf.

• Inquietud

Todos los jefes de provincia que integraban la mesa se inquietaron también por otra alarma: en el ajuste presupuestario hay una economía de $ 1.500 millones de dólares que no saben a qué «víctima» imputarla. Creen, con cierta lógica, que podría haber un recorte equivalente en los fondos que remite la Nación mensualmente en concepto de coparticipación ($ 1.364 millones).

De todo esto hablaron los radicales en el Comité Nacional y con estas inquietudes fueron hacia Olivos. En el camino, Jesús Rodríguez -acaso el mayor experto en psicología delarruista gracias a tantos años de conflicto interno con el Presidente- abrió el paraguas: «Nos van a pedir una propuesta alternativa pero es una trampa. Nosotros no debemos demostrar que lo de ellos es malo sino que ellos deben explicar por qué es bueno y demostrarlo».

Un minuto después De la Rúa desafiaba pidiendo una opción a las medidas de su ministro de Economía pero Rodríguez, respetuoso de la investidura presidencial, no se animó a exponer su silogismo. El Presidente fue bastante claro si se lo mide contra sus propios récords. Dijo que «tenemos que conseguir la aprobación del presupuesto porque si no el Fondo nos va a negar los u$s 1.260 millones» y recomendó que «no se dejen llevar por lo que se está diciendo por ahí porque el presupuesto no es dramático en los recortes».

Los legisladores están intrigados por la naturaleza de los ajustes porque, en rigor, sólo detectaron la supresión del incentivo docente. Ante esa inquietud, Alfonsín salió como de costumbre en defensa del gobierno -su oficialismo es directamente proporcional a la intimidad que envuelve las reuniones- y concedió que «se entiende que existan presiones porque el país asumió compromisos en distintas oportunidades; por otra parte, no podemos tomar una postura rígida con el presupuesto porque, al menos en mi caso, admito que no lo estudié todavía. Además depende más del PJ que de nosotros». «Vizcacha», como se lo conoce en Olivos (por aquel astuto aunque poco edificante personaje del «Martín Fierro») sabe que la última es una verdad a medias: la distancia entre el peronismo y el gobierno nunca será menor que la establecida entre la UCR y De la Rúa.

• PJ asustado

Colombo ofreció un resumen de sus últimas conversaciones con el PJ: «No soy pesimista porque los noto asustados. Pero es cierto que en las charlas reservadas dicen una cosa y públicamente se vuelven más intransigentes y duros». Los legisladores le recordaron que desde la oposición están desafiando al gobierno con medidas de asistencia social pero «el Vikingo» recogió el guante: «Nosotros vamos a proponer un plan que consiste en asistir a los chicos de padres desocupados y a desocupados de más de 75 años. Es un programa mejor que el de ellos y supone reorganizar partidas sociales por unos $ 2.100 millones».

Insatisfecho, Maestro reclamó un gesto compensatorio por tanto ajuste y pidió por la aprobación de su proyecto para gravar los inmuebles que están en la Argentina a nombre de sociedades radicadas en el exterior. También defendió el de Beatriz Nofal (quien a esa hora compartía el «garden party» de despedida a Sebastiao do Rego Barros, el embajador de Brasil) para castigar a las empresas que llevan dividendos al exterior. De la Rúa puso «peros» a ambas iniciativas, en especial a la segunda porque -sostuvo, naïf- «después vienen todas las empresas a quejarse». Se inquietó, en cambio, por otro tema, el de la prórroga de las sesiones ordinarias. Sabe que es una flecha envenenada del PJ para activar juicios políticos y restricciones a los poderes del Ejecutivo. Para tranquilizarlo le aplicaron su propia medicina, con una respuesta de las que a él le gustan: «Vamos a ir a la Corte para que se preserven las instituciones».

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