27 de marzo 2001 - 00:00

De la Rúa recibe a jefes de partido

Fernando de la Rúa aprovechó la pausa del viaje de Domingo Cavallo por unas horas de Madrid para diseñar un escenario auxiliar al que ocupa de manera dominante el ministro de Economía aun sin haber designado la totalidad de su equipo.

En austerísimo almuerzo con Ramón Mestre y Ricardo Ostuni dejó caer una idea que por la noche empezó a tomar cuerpo en Olivos: llamar a los jefes de todos los partidos para colocarlos en el retrato del consenso.

Según les explicó a los dos funcionarios a quienes brindó una degustación de yogur con gelatina conviene a su figura empezar a mostrarse sin Cavallo y para eso es bueno planear una agenda de visitas a Olivos de los jefes del peronismo y de la Alianza.

Esa ronda le servirá para agradecerle a Carlos Menem, Raúl Alfonsín y Chacho Alvarez la mano que le dieron en el Congreso para votarle la reforma fiscal y, hasta anoche, la sanción en general de la ley que le concede poderes especiales al Poder Ejecutivo.

En este punto la mesa que se tendió en el área presidencial de Casa de Gobierno coincidió en la mala imagen que proyecta sobre el ya deshilachado Presidente la noticia de que los poderes se le conceden al ministro de Economía, quien condiciona a esa cesión su continuidad en el gobierno y en hasta la designación de su equipo de colaboradores.

Esa cesión, quiere hacer decir ahora el gobierno, es para el Presidente, y es lo que le quiere agradecer personalmente y en público a Menem, Alfonsín y Alvarez. Ninguno de estos dio el apoyo a esas leyes de buena gana sino que respondieron a la presión insoportable que les hizo Cavallo desde la calle. De la Rúa cree que aliviará su enojo que él les agradezca como un favor propio el apoyo legislativo.

Respuesta

La mesa en gobierno se pareció algo a un festejo. Mestre venía de Catamarca, adonde había celebrado el triunfo aliancista de «Oscarcito» Castillo en las elecciones provinciales del domingo. De la Rúa felicitó a su ministro del Interior, además, por el triunfo en la interna de la UCR de Córdoba, provincia de los dos. Mestre respondió con un gruñido de cambio de tema. No quería abundar detalles: la liga que formó con Angeloz y Marti ganó, pero la dupla Mario Negro--Luis Molinari Romero le arrancaron la minoría con 47% de los votos.

Esa tarea de recibirlos a los jefes partidarios del PJ, UCR y Frepaso, además le dará al Presidente una ocupación y una «photo opportunity» hasta que la semana que viene viaje a Roma a entrevistarse con el papa Juan Pablo II.

A
De la Rúa le está pasando lo que a la mayoría de sus ministros: desde que se incorporó Cavallo al gabinete han cesado los llamados por teléfono, las agendas se han vaciado de compromisos, como si nadie quisiera hablar con ellos. El propio Presidente extraña que llama menos gente a Olivos, que ha pasado a ser una residencia y no ya una sede de gobierno. Los que tienen un problema, o una solución, parecen haber encontrado otro lugar, que no es la cabeza del Ejecutivo.

Inevitable que un sector de la burocracia se pliegue a este ritmo entre frenético y de sentido enigmático que le pone Cavallo a su tarea: el Presidente, por caso, espera a que hoy regrese el ministro para firmar el decreto que reglamenta la ley del cheque, algo que podría haber hecho con la firma de Carlos Bastos, a cargo de Economía mientras Cavallo visitaba Madrid.

Tampoco confió en que
Adalberto Rodríguez Giavarini le llevase a la firma el decreto de modificación de aranceles negociado con Brasil. La Cancillería dio un vistazo a la norma, pero De la Rúa sólo la firma si se la trae su autor y en realidad el único que la entiende y puede explicársela a alguien.

Sobre la ronda de visitas la decisión es que los presidentes de partidos vayan de a uno a Olivos.
Menem y Alfonsín se toleran entre sí, pero si se les suma Alvarez puede haber un incidente. El riojano ha sentado doctrina sobre la inconveniencia de que el Frepaso se mantenga dentro del gobierno y sobre la mala influencia de Chacho sobre De la Rúa, el gobierno y el resto del planeta.

Diferencias

Alfonsín, por su lado, cree lo contrario. Insiste en que la Jefatura de Gabinete debe ser para un frepasista, aunque no sean Alvarez ni Darío Alessandro. Es la manera que ha encontrado de marcar diferencias con el Presidente y también con amigos como Enrique Nosiglia, valedor tanto de Chrystian Colombo como de Cavallo en el gobierno.

La presión de
Alfonsín por ese cargo es en realidad una manera de proteger a los alfonsinistas en el gobierno sobre los que puede caer el dedo eléctrico de Cavallo. Las apuestas sobre cuándo pedirá Cavallo la silla de Federico Polak en el PAMI están a la orden del día. Este funcionario logró ayer que la ley de cesión de poderes al Ejecutivo librase al PAMI de la mano cavallista.

Un problema similar tiene
Enrique Olivera --y De la Rúa, que es su valedor--en el Banco Nación. Sólo la intención de Cavallo de eludir que alguien recuerde la gestión de sus delegados en el affaire con IBM puede demorar el reclamo del ministro de que un hombre propio se siente en el Nación.

Para distraerlo a Alfonsín y también a Chacho en las presiones que le acerquen a Olivos, De la Rúa mantendrá stand-by la situación en el Ministerio de Desarrollo Social. Por de pronto ya ordenó que se paralicen los trabajos que coordinaba Patricia Bullrich para crear la trajinada «agencia».

Este era un pergeño imaginado por
Alvarez para esmerilar a Graciela Fernández Meijide concentrando en una oficina que bautizó con ese nombre --fruto de una malograda traducción--todos los programas de reparto de ayuda para los pobres. Por dos semanas mantendrá la cartera de Desarrollo Social en manos de Héctor Lombardo, quien tiene la misión de entregarle un informe al Presidente sobre cómo se ayuda a los pobres en otros países del mundo.

Hasta que eso ocurra
De la Rúa cree tendrá tiempo para mejorar sus relaciones con Alvarez y éste aceptará que un hombre propio asuma la cartera del reparto. El ex vicepresidente se encarga por ahora de decir que su relación con De la Rúa está arruinada para siempre y que no tiene retorno. Una oportunidad para volver.


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