21 de diciembre 2001 - 00:00

De la Rúa se fue, pero sigue el enigma del cogobierno

Entre una noche y otra cayó un presidente, pero la incógnita política persistía: se trata de saber si de la Asamblea Legislativa que sesionará hoy saldrá un cogobierno o si la nueva administración del país será exclusivamente justicialista. El interrogante es el mismo de la madrugada de ayer, cuando Chrystian Colombo y Enrique Nosiglia negociaban la integración de un gobierno de unidad nacional que De la Rúa pidió en público y le fue rechazada. Estos mismos protagonistas seguían anoche las conversaciones, salvo que la coalición que podría surgir del Congreso tendría un presidente de otro signo.

La confluencia de ambas fuerzas responde a varias lógicas. La más elemental es que los distintos candidatos del PJ --Ramón Puerta, Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá, Carlos Ruckauf-disputan los votos parlamentarios de la UCR para desequilibrar la interna en su favor. Los alineamientos anoche eran los de siempre. En el PJ, el Grupo Federal de gobernadores y el menemismo tendían un puente hacia Nosiglia; el sector de Duhalde, hacia Leopoldo Moreau, quien ya mantiene un viejo pacto con el peronismo de la provincia de Buenos Aires. El propio Duhalde estimuló la simpatía de algunos radicales cuando, hacia el fin de la tarde, postuló a Angel Rozas para que se haga cargo de la Presidencia. Después, replegado en su propia candidatura, comenzó a ofrecer ministerios para los hombres del partido que abandonaba el poder.

La pretensión de Duhalde abrió una herida importante en el PJ de la provincia. El actual senador no apoyará, al parecer, las pretensiones de Ruckauf, a quien sus amigos avalan con argumentos curiosos: «Es el menos responsable, el que toma más decisiones sin mirar las consecuencias, ideal para estas circunstancias», dicen. A Duhalde le hicieron ver ayer que «si Ruckauf va a la Nación, te dejará a vos el desastre de la provincia. Quedará en manos de Felipe Solá por poco tiempo y también a él le estallará. Entonces el problema será tuyo. Encerralo a Ruckauf en la provincia y que haga el ajuste que vos necesitás si querés volver en 2003 o proyectarte a la Presidencia ese año». Así le habló a Duhalde uno de sus principales acompañantes políticos de la última década, ex diputado y enemigo declarado del actual gobernador.

La otra razón por la cual se exploraba anoche un gobierno de coalición es la necesidad de darle legitimidad a una gestión que, sin provenir de las urnas, tendrá que adoptar medidas drásticas durante los primeros meses. Fue al pensar en este problema que Puerta le ofreció ayer a Colombo quedar al frente de la Jefatura de Gabinete para garantizar la continuidad administrativa del gobierno e involucrar en la nueva gestión a los gobernadores de la UCR.

Anoche varios dirigentes principales de ese partido se convocaron en una comida para analizar esta posibilidad y definir una conducta común para la Asamblea Legislativa. En esa comida participaban, entre otros, Rozas, Horacio Pernasetti y Carlos Maestro.

La permanencia de Colombo en el gabinete del nuevo gobierno se analizó por anticipado en una cena de la que participó Puerta con varios sindicalistas. Era el cumpleaños de Juan Sanuzzi, y estaban allí Luis Barrionuevo (eufórico ayer porque se cumpliera su temprano pronóstico de interrupción anticipada del gobierno), Reinaldo Hermoso y Julio Ieraci. El misionero confesó por primera vez que su intención era involucrar a los radicales por lo menos durante una transición.

El problema de la legitimidad, sin embargo, queda sin resolverse del todo con este tipo de pactos. Por eso se extendía cada vez más en el PJ la idea de que una elección anticipada sería casi inevitable para un gobierno que, de otro modo, tendría tarde o temprano dificultades para adoptar medidas severas, como las que tienen que ver con el control del gasto público (establecido en las leyes de responsabilidad fiscal y Déficit Cero). Sólo un gobierno surgido nítidamente de las urnas exhibiría la fuerza capaz de hacerlo prescindir de una coalición. Aunque, como sostenía Carlos Menem anoche, el país no está en condiciones de soportar una campaña electoral (que a él tampoco le convendría porque quedaría excluido). Es cierto que la idea de realizar comicios presidenciales en poco tiempo era anoche una picardía: lo prometían los candidatos a ser se-ñalados por la Asamblea para seducir a los que creen que podrían resultar electos en una compulsa popular.

• Datos

El episodio de la renuncia de De la Rúa tuvo que ver directamente con las dificultades del gobierno para articular un gobierno con peronistas. Bien temprano Colombo se reunió con el Presidente para informarle dos datos desafortunados. Por un lado, el clima callejero se volvía más irrespirable por la participación de activistas profesionales que aprove-charon la pueblada de la noche del miércoles. Por otro lado, el peronismo se mostraba muy esquivo para una experiencia de cogobierno (el «Vikingo» había estado reunido hasta las 3 de la mañana, parlamentando con hombres del PJ, en el departamento de Nosiglia). «Ya no queda margen», le hizo notar Colombo a De la Rúa, sugirién-dole la necesidad de renunciar. No era la primera vez que hablaban del tema, que ya había sido evaluado entre ellos una semana antes. Pero sí era la ocasión en que lo analizaban como inminente.

En la conversación anterior se elaboraron las líneas generales del discurso que hizo el mandatario llamando a la unidad nacional. Pero cuando se dirigió al país, De la Rúa intuía que su suerte estaba echada. Al finalizar sus palabras se lo hizo notar el presidente del bloque radical del Senado, Maestro: «Vengo de hablar con Ramón Puerta y me anunció taxativamente que el PJ no va a aceptar compartir el gobierno. Por lo tanto, la bancada de senadores radicales cree que la única salida que queda es la renuncia del Presidente». Así, conciso y frío, Maestro fue el primer dirigente político en reclamarle la dimisión a De la Rúa de manera categórica. Cuando cortó la comunicación con la Casa Rosa-da, habló con Alfonsín y le narró lo conversado. Enseguida, Maestro ofreció una conferencia de prensa y comunicó que De la Rúa se iría, aun cuando todavía no estaba redactada la renuncia.

Tardó el Presidente en hacerlo. Dejó que primero se resolviera una disputa dentro de su propio entorno. Porque mien-tras un sector, liderado por sus hijos, aconsejaba permanecer dos meses en el poder hasta que se realizara una elección presidencial, hombres como Colombo, Nicolás Gallo o Adalberto Rodríguez Giavarini le recomendaban dejar el poder para no agravar la responsabilidad sobre el estado de anarquía que dominaba la calle. Fue en ese momento cuando De la Rúa redactó el texto que enviaría al Congreso. Después subió a un helicóptero y se dirigió a Olivos. Allí se encerró con su familia después de pedir, muy especialmente, que nadie lo visi-tara.

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