De la Rúa se fue, pero sigue el enigma del cogobierno
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El problema de la legitimidad, sin embargo, queda sin resolverse del todo con este tipo de pactos. Por eso se extendía cada vez más en el PJ la idea de que una elección anticipada sería casi inevitable para un gobierno que, de otro modo, tendría tarde o temprano dificultades para adoptar medidas severas, como las que tienen que ver con el control del gasto público (establecido en las leyes de responsabilidad fiscal y Déficit Cero). Sólo un gobierno surgido nítidamente de las urnas exhibiría la fuerza capaz de hacerlo prescindir de una coalición. Aunque, como sostenía Carlos Menem anoche, el país no está en condiciones de soportar una campaña electoral (que a él tampoco le convendría porque quedaría excluido). Es cierto que la idea de realizar comicios presidenciales en poco tiempo era anoche una picardía: lo prometían los candidatos a ser se-ñalados por la Asamblea para seducir a los que creen que podrían resultar electos en una compulsa popular.
• Datos
El episodio de la renuncia de De la Rúa tuvo que ver directamente con las dificultades del gobierno para articular un gobierno con peronistas. Bien temprano Colombo se reunió con el Presidente para informarle dos datos desafortunados. Por un lado, el clima callejero se volvía más irrespirable por la participación de activistas profesionales que aprove-charon la pueblada de la noche del miércoles. Por otro lado, el peronismo se mostraba muy esquivo para una experiencia de cogobierno (el «Vikingo» había estado reunido hasta las 3 de la mañana, parlamentando con hombres del PJ, en el departamento de Nosiglia). «Ya no queda margen», le hizo notar Colombo a De la Rúa, sugirién-dole la necesidad de renunciar. No era la primera vez que hablaban del tema, que ya había sido evaluado entre ellos una semana antes. Pero sí era la ocasión en que lo analizaban como inminente.
En la conversación anterior se elaboraron las líneas generales del discurso que hizo el mandatario llamando a la unidad nacional. Pero cuando se dirigió al país, De la Rúa intuía que su suerte estaba echada. Al finalizar sus palabras se lo hizo notar el presidente del bloque radical del Senado, Maestro: «Vengo de hablar con Ramón Puerta y me anunció taxativamente que el PJ no va a aceptar compartir el gobierno. Por lo tanto, la bancada de senadores radicales cree que la única salida que queda es la renuncia del Presidente». Así, conciso y frío, Maestro fue el primer dirigente político en reclamarle la dimisión a De la Rúa de manera categórica. Cuando cortó la comunicación con la Casa Rosa-da, habló con Alfonsín y le narró lo conversado. Enseguida, Maestro ofreció una conferencia de prensa y comunicó que De la Rúa se iría, aun cuando todavía no estaba redactada la renuncia.
Tardó el Presidente en hacerlo. Dejó que primero se resolviera una disputa dentro de su propio entorno. Porque mien-tras un sector, liderado por sus hijos, aconsejaba permanecer dos meses en el poder hasta que se realizara una elección presidencial, hombres como Colombo, Nicolás Gallo o Adalberto Rodríguez Giavarini le recomendaban dejar el poder para no agravar la responsabilidad sobre el estado de anarquía que dominaba la calle. Fue en ese momento cuando De la Rúa redactó el texto que enviaría al Congreso. Después subió a un helicóptero y se dirigió a Olivos. Allí se encerró con su familia después de pedir, muy especialmente, que nadie lo visi-tara.




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