José Manuel de la Sota cree que si compite el año que viene por una senaduría por Córdoba resentiría su relación con el actual gobernador Schiaretti. Prefiere eludir esa escala y trabajar desde marzo una candidatura presidencial.
Tendrá el formato de una campaña a la vieja usanza: un año de gira por el país, pueblo por pueblo, para examinar el clima político y colectar apoyos. En los primeros meses del año próximo, José Manuel de la Sota se pondrá el traje de candidato para competir, por el PJ alternativo, en la presidencial de 2011.
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Casi una década después de un frustrado intento en 2002, cuando cobijado por Eduardo Duhalde ensayó una postulación que quedó trunca, el cordobés busca ser el primer peronista que oficialmente se lanza a pelear la presidencia. Lo hará, claro, con una marcada improntaanti-K. En su hoja de ruta, De la Sota estipula un período de prueba de un año y medio. En marzo, comenzará su gira presidencial que planea extender mantener durante todo 2009 y parte de 2010. A mediados de ese año, según precisan a su lado, evaluará sus chances y decidirá si juega o no en 2011.
Ese esquema anula una alternativa inmediata: De la Sota tiene decidido no participar en la legislativa de 2009. El año próximo, Córdoba renueva a sus tres senadores nacionales, y su nombre figuró como candidato puesto. El ex gobernador anticipó a sus colaboradores que no competirá por ese cargo.
Es un dato sensible en el diseño del PJ díscolo. Los peronistas que combaten a los Kirchner lo anotaban en la trinchera cordobesa para asestarle una derrota al gobierno. De la Sota dijo no. «Después de ser gobernador, no voy a volver para atrás: lo único que me queda es ser presidente», bajó la persiana.
El ex gobernador expone sus motivos: pelear la senaduría en 2009 le quitaría, dice, tiempo y peso a su apuesta presidencial. Para calmar a los inquietos, pronostica que en Córdoba «es imposible» que el oficialismo gane una elección. «Aquel que aparece cerca de Kirchner se incinera», asegura.
Este movimiento forma parte del sutil equilibrio que De la Sota mantiene con su sucesor Juan Schiaretti. El gobernador se alejó de la Casa Rosada cuando estalló el conflicto del campo, pero, al igual que el grueso de las provincias, tiene altísima dependencia financiera del gobierno nacional.
Si en 2009 De la Sota peleara por una senaduría nacional, Schiaretti podría verse empujado a respaldar a otro candidato, quizá por presión de la Casa Rosada o también como maniobra de despegue y autonomía de su promotor. Eso quebraría al PJ de Córdoba, lo que perjudicaría a los dos caciques.
En ese ruido, Schiaretti se mueve con cautela: se vio con Florencio Randazzo, apagó algunas furias, pero rehúsa -por ahora- mudar de piel para kirchnerizarse. La Casa Rosada comenzó a explorar por su lado la posibilidad de que Cristina de Kirchner haga una visita a la provincia de Córdoba.
Remake
En 2002, patrocinado por Duhalde, que buscaba, desesperado, un cacique para bloquear el regreso de Carlos Menem, De la Sota fue por un rato candidato presidencial. No midió lo suficiente para pulsear contra el riojano. En el tramo final, Duhalde le soltó la mano y abrazó a Néstor Kirchner.
A medias, la historia se repite. Como entonces, aun con recelos mutuos, De la Sota y el bonaerense comparten un espacio peronista: pero esta vez el «enemigo» no es Menem, sino Kirchner. Hay otra diferencia puntual: el cordobés le escapa al estigma de ser «el candidato de Duhalde».
Antiguos conocidos, De la Sota y Duhalde confluyen como motores de un espacio PJ enfrentado a los Kirchner. Hubo citas de reconciliación en la casa del bonaerense en Lomas de Zamora y el cordobés disertó, luego, en el Movimiento Productivo Argentino (MPA) que gerencia el ex presidente.
Pero De la Sota, que valora algunas virtudes del bonaerense, le huye a la marca Duhalde. «Yo voy a aceptar el apoyo de los que me quieran acompañar, pero no voy a ser el candidato de nadie», aclara sin identificar al ex presidente interino pero, a su vez, dejando claro que se trata de él.
Escenario
Dibuja, en sus rondas con íntimos y colaboradores, un escenario de probabilidades que aporta los siguientes elementos:
En 2009, el oficialismo sufrirá una derrota a nivel nacional de la que le será «imposible» reponerse. Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Mendoza figuran, según el pronóstico de De la Sota, como batallas perdidas para el kirchnerismo. Sólo retendrá, especula, provincias del Norte y la Patagonia lejana.
Desde el Sur, presume -o desea- que llegará el candidato del oficialismo en 2011: no será, arriesga De la Sota, el bonaerense Daniel Scioli ni el chaqueño Jorge Capitanich. El postulante del kirchnerismo para la sucesión de Cristina de Kirchner será, siempre según la percepción que el cordobés expone en las charlas con sus colaboradores más cercanos, el chubutense Mario Das Neves.
El remanido teorema peronista de que a un peronismo es reemplazado y remozado por otro peronismo, diferente pero con los mismos actores -lo demostró, una vez más Kirchner, al hacer posduhaldismo con los históricos escoltas de Duhalde-, tienta a De la Sota a excluir de cualquier eventual armado del PJ a Mauricio Macri, figura en la que sectores anti-K quieren ver a un potencial candidato. Pero ya lo dijo, sanguíneo y dramático, Jorge Busti: «Si los peronistas tenemos que ir a buscar a Macri, estamos al horno», frase que detonó un llamado del porteño a Paraná para entender el malestar del entrerriano y tratar de acercar posiciones con el peronismo anti-K.
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