C uesta entender la agenda que despliega el gobierno argentino para la entrevista de hoy. Si, de ser cierto, se pudieran tratar todos esos temas (ALCA, integración, derechos humanos, deuda, FMI, etc.) entre George W. Bush y Néstor Kirchner, la reunión debería durar una jornada completa y sin dormir. Cuando, por lo que se sabe, el diálogo -con fotógrafos traductores y asistentes- quizá no supere media hora. O sea, que hay desconocimiento, imprevisión o un voluntarismo propio de los recién iniciados en esta actividad. Inclusive, hasta habría que meditar por la conveniencia de este encuentro: se moviliza medio gobierno, más por lo cualitativo que por el número, para unas instantáneas y saludos. Pero no es momento para pensar en gastos y, mucho menos, que el tratamiento determinado por Bush es incomparable con el que le brindó a Berlusconi (fin de semana completo, con pesca incluida en su rancho texano), a Tony Blair (dos días íntegros) y al propio Lula (una jornada entera con todos los ministros). Justo es admitir, para no ingresar en la devaluación argentina de los 30 minutos, que ésta no es una visita de Estado, apenas una bienvenida al Club de los Presidentes democráticos.
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Mantuvo el jefe de Estado la intimidad de su otro viaje (la esposa, el jefe de la SIDE), también a Roberto Lavagna -aunque ése no fuera su propósito inicial- e incorpora otro de sus preferidos, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, tutor de Daniel Scioli cuando Kirchner no está. Finalmente, son apenas dos días de ausencia, al vice ya lo disciplinaron y, si compartieron tantos viajes de cabotaje juntos, parece lógico que ahora lo premie con un mínimo vistazo a Washington y Nueva York. Nunca es despreciable una visita a «After words», cercano a la embajada, aunque el clima «progresista» del lugar quizás alarme a la familia Kirchner. Otras versiones indican que la incorporación de Fernández obedece a una entrevista de éste con Manuel Rocha, ex embajador de EE.UU. en la Argentina -ahora, un abogado de Miami en busca de nuevos negocios-, quien le habría advertido al jefe de Gabinete sobre el pensamiento y conveniencias del republicano Bush en el poder. Parece que Kirchner ni siquiera escuchó el informe de su funcionario: como lo supuso ya entendido en la cuestión por las revelaciones de un hombre con intereses en la otra Cuba, no santificada precisamente por Fidel Castro, le señaló un asiento en el Tango O1. Y allá van, hoy por la mañana, a recorrer tal vez monumentos, incluyendo el túmulo a los caídos en Vietnam.
También, quizá por obra de Fernández, llevan en el vuelo al titular de la Cámara de Diputados, el quilmeño Eduardo Camaño, hombre de almuerzo semanal con el jefe de Gabinete (más otro par de contertulios legislativos), duhaldista que hoy padece la presión de otro diputado del mismo cuño: José María Díaz Bancalari, interesado en su cargo. La invitación podría sonar como gratificación personal, apartamiento del gobierno de la interna legislativa y bonaerense, en última medida como muestra de que el Parlamento estaría dispuesto a confirmar proyectos de ley lanzados desde el oficialismo (como una nueva norma de coparticipación, engaño con varios años de retraso). Podría ser inclusive una compensación a Diputados, ya que la señora Kirchner viaja como senadora -ya que ella es primera ciudadana, no primera dama-y en Presidencia no quieren privilegiar a un cuerpo sobre otro.
Por supuesto, a la mínima comitiva de los grandes (6 en total) se agregan colaboradores y parte de la meritocracia periodística que alaba las bondades del gobierno. No falta, del lado de la Cancillería, un informe económico preparado por uno de sus departamentos (Martín Redrado) y alguna guía sobre los nuevos narradores de la literatura norteamericana, ya que como se sabe Rafael Bielsa se ha propuesto como método entrevistar a un escritor por país que visita: al menos que algo de cultura quede de estos viajes, como los turistas se obligan a un paseo por El Prado o el Louvre cuando en verdad prefieren los shopping.
Hasta ahora, es nutrida la lista en ese sentido del ministro: aparte de visitar a Augusto Roa Bastos en Asunción, intercambiar libros de poesía con el primer ministro francés, recitar versos de Drumond de Andrade en Brasil y dialogar con Antonio Tabucchi en Portugal, para los Estados Unidos Bielsa pensó en consagrados tipo Norman Mailer -quizás hacer unos rounds si la artritis se lo permitiera al viejo-o el cuentista Paul Auster. Sin embargo, le han recomendado que empezara a visitar otros novelistas menos reputados, más cercanos al progresismo literario -que nada tiene que ver con la ideología-, como Nicholson Baker o Rick Moody, el más disolvente Jeffrey Eugenides, o los étnicos Ha Jin o el nacido en Sarajevo, y traducido al español, Alexsander Hemon.
Para él, quien viajó antes para acompañar a José Octavio Bordón, sin duda una entrevista de ese tipo podría ser más sabrosa que la de mañana, con empresarios -en el Council de las Américas-, cita que de lejos se ha convertido como lo más interesante del viaje de Kirchner, superando sin duda al encuentro de media hora con Bush.
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