14 de diciembre 2001 - 00:00

Des-concertación: Chacho vuelve al PJ con Duhalde

Duhalde, Alvarez Cafiero y Kirchner
Duhalde, Alvarez Cafiero y Kirchner
Cualquier otra lectura es secundaria. Antes que nada, fue una traición. La de Néstor Kirchner y Carlos Chacho Alvarez a su amor Racing Club: los dos se sentaron ayer a la mesa de Eduardo Duhalde, dueño de la tienda futbolística llamada Banfield, que el domingo pasado gozó haberle complicado el campeonato al club de Avellaneda. Cómplice de esa capitulación, también participó del almuerzo y de la larga tertulia Juan Pablo Cafiero.

El encuentro se realizó en el San Juan Tenis Club, catedral deportiva y también política del barrio de San Telmo. Alvarez, reaparecido, fue doblemente visitante: primero, porque el socio del lugar es Duhalde, no él, que prefiere el «Club de Amigos» y la charla peripatética con Moisés Ikonicoff. Segundo, porque el San Juan es también refugio de José Octavio Bordón, ex socio de Alvarez en la aventura de 1995 y precursor suyo, en eso de homenajear a sus seguidores con el suicidio político.

Más allá de esta alienación, Chacho estaba en su salsa. Le encantan las charlas de vestuario -aunque ayer se instalaron en el comedor- y la camaradería con otros desocupados. Si se quiere, los demás contertulios de ayer lo eran: para Duhalde el ejercicio profesional de la política es un molesto entreacto entre dos vacaciones; Kirchner administra Santa Cruz, una provincia chica y ordenada (además, es notorio que quien trabaja en esa casa es su esposa, Cristina, la senadora); «Juampi» extiende una melancólica licencia desde que abandonó el gabinete de Fernando de la Rúa.

La fecha del encuentro fue especialmente significativa y no sólo por el modo poco convencional que eligieron estos cuatro «militantes» para pasar el día de huelga. Mientras ellos entraban en el San Juan, a pocas cuadras de allí, Carlos Menem salía de la Casa Rosada después de reunirse con el Presidente. La política tiene estas reglas secretas, casi físicas, de organización de las personas: la pintura de ayer, en ese sentido, fue casi geométrica hasta desde el punto de vista institucional. Dos presidentes se reunían a la luz pública mientras sus ex vices los censuraban en privado. Unos para la concertación, los otros en la ruta de la des-concertación.

Sentados en uno de los boxes del austero comedor, comieron sencillo: pollos y pescados con ensaladas, y agua mineral. La charla fue más apasionada, ya que hubo un previsible inventario de odios. Alvarez renegó de De la Rúa e ilustró las razones de su enojo con la reunión con Menem que acababa de realizarse. «Si piensan salir de la crisis recurriendo a quien ellos mismos acusan de haberla provocado, estamos perdidos», destiló. «Juampi» adhirió con alguna anécdota de su paso por el Ministerio de Desarrollo Social, mientras Duhalde ponía sobre la mesa sus propias contradicciones: «¿A quién se le ocurre reunirse con Cavallo el día que los trabajadores le hacen una huelga?».

Agotada esta etapa de la reunión, Duhalde insinuó su proyecto con una apuesta: «Si a mí no me dan el manejo del PJ y no me permiten llevarlo a las elecciones de 2003 en una alianza productivista, me voy por afuera y armo algo con ustedes». Kirchner lo frenó, haciéndole notar que se debe tender a un Frente Justicialista, como aquel Frejuli de 1973 que formó Juan Perón. Fue un centro hacia Chacho, quien estaría dispuesto a regresar al PJ: «Tengo una cuenta pendiente con la sociedad y estoy dispuesto a sumarme humildemente a un proceso de cambio». Cafiero casi se emociona, sobre todo por la mansedumbre con que todos volverían al peronismo. «Después de todo, es uno de los Kennedy», explicó después uno de los asistentes al almuerzo.

Sobre esa coalición imaginaria se hicieron algunos nombres, entre ellos el de Ignacio de Mendiguren, titular de la UIA y director del Banco Nación en la gestión De la Rúa. Alguna virtud ha de tener este sindicalista empresario: está en todos los asados y en cada uno lo postulan para un cargo distinto.

Alvarez escuchó las quimeras internas del duhaldismo y avanzó con su propio drama: «En el partido me armaron el 'circo de Moscú'», se quejó, melancólico, por el avance de Aníbal y Vilma Ibarra con un escuadrón de ex militantes de la Federación Juvenil Comunista. Mañana esa ala del partido amenaza defenestrar a Chacho mediante un congreso que se realizará en la Capital. Por eso el frepasista reclamó, sutilmente, algún «know how» de Duhalde en materia de congresos partidarios.

Al despedirse, Kirchner le dijo a Chacho: «¿El domingo te veo en la cancha?, vamos a festejar». Triste, Alvarez confesó: «Yo no puedo ir a la cancha». Las razones son obvias. Tampoco va a los restoranes. Teme que lo insulten: vive el calvario de Carlos Grosso.

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