Detalles y novedades del plan nacional del agua, el ambicioso proyecto de u$s 44.000 M
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José Luis Inglese y Pablo Bereciartúa.
P: ¿Cómo se viene desarrollando el plan?
José Luis Inglese: El año pasado gestionamos 280 obras por u$s 1.100 millones. Y tenemos un plan por delante muy grande, por u$s 12.000 millones en ocho años. El gobierno nos apoya fuertemente, al igual que los organismos de crédito multilaterales, pero es tanto el atraso histórico que hay que parece que el dinero no alcanza. Entonces tenemos que incorporar a los privados. Hay cuatro proyectos de entre u$s 100 millones y u$s 1.000 millones donde será posible la Participación Público Privada. Ya estamos preparando los documentos para ello. En breve, además, saldremos por primera vez al mercado a buscar préstamos directos para las obras menores. De todos modos, si hoy recibiéramos un cheque por u$s 12.000 millones no podríamos ejecutarlo, ya que el mercado no tiene la capacidad y lo saturaríamos: de hecho, en alguna obra tenemos problemas de entrega de cemento.
P: ¿Cómo se atrae al inversor privado?
JLI: A los inversores hay que darles seguridad que recobrarán la inversión. El problema es que, haciendo una comparación, fuimos alcohólicos y ahora debemos demostrar que dejamos la bebida y cumplimos los compromisos, por eso no licitamos obras que no tengan asegurada la financiación. El Banco Mundial y otros organismos nos otorgan las garantías para que los privados confíen, eso facilita los créditos y ayuda a bajar las tasas. Estamos recibiendo propuestas continuamente. El éxito de asistencia al Congreso demuestra el interés que hay.
PB: Debemos aplicar una dinámica de inversión con protagonismo del sector privado y reglas claras. Veíamos un rol demasiado central del gobierno y del sector público. Ningún país pudo modificar su infraestructura solo con inversión pública, porque ninguna sociedad puede pagar en un año y medio las obras que son para 50 años. Somos una potencia en recursos naturales, pero hay que potenciarlas con una visión moderna, porque es un vector estratégico para el desarrollo del país. Con las provincias, la regla en general es que 70% de la inversión la aporta el gobierno nacional y 30% la gobernación, pero a veces invertimos un porcentaje mayor.
P: ¿Las obras contemplan el cambio climático?
PB: Adaptar el territorio al cambio climático es algo muy importante. En los países del hemisferio norte el problema que tienen es la emisión de gases de efecto invernadero, pero nosotros tenemos emisiones bajas, por lo que tenemos que focalizarnos en la adaptación. Nuestras ciudades son altamente sensibles; tenemos que reclamar líneas de financiamiento para inversiones de adaptación. En definitiva, estamos sufriendo muchas consecuencias que no tienen que ver con nuestras acciones.
P: ¿Está proyectado un nuevo incremento de las tarifas de agua?
JLI: Si quisiéramos cargar las inversiones en las tarifas, tendríamos que multiplicarlas por cuatro, algo política y socialmente imposible. Habrá ajustes por inflación con algún pequeño incremento, pero no un 400% como debió hacerse luego de una década sin ajustar las tarifas. En ese momento eran las más bajas de América Latina: el promedio de las tarifas de agua de la Argentina estaban por debajo del promedio de las de África: si seguíamos con tarifas africanas, íbamos a terminar con servicios africanos.
P: ¿Qué diferencias encuentran entre este plan del agua con otros anteriores?
PB: La decisión de llevarlo a la práctica, incluso obras con poca rentabilidad política y que llevan mucho tiempo -como la del Riachuelo- que terminarán más allá de un período de gobierno, que no se ven, y complican al ciudadano. Para el sistema de cloacas en Córdoba estamos haciendo 40 kilómetros de túneles... está todo lleno de pozos. En Mar del Plata hicimos una planta depuradora que tiene 21 metro de profundidad, nadie verá la planta ni los caños, ni se le puede poner el nombre del presidente. Aunque si de alguna forma tuviera un impacto político será el que queremos: que tengan impacto las obras a largo plazo. También es importante que se sostengan las políticas más allá de los calendarios electorales, por eso las obras se hacen en provincias gobernadas tanto por Cambiemos como por la oposición.
JLI: El compromiso político. Hace 70 años que no se hace un plan así. Por suerte tenemos un presidente ingeniero al que no hay que explicarle qué es una obra ni un pliego de licitación. Una de las 5 cosas que Macri tiene en la cabeza es AySA. Porque, en síntesis, lo que 'pobreza cero' significa es: agua, cloacas y educación.




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