13 de diciembre 2001 - 00:00

Dilema del PJ: un motor viejo o un automóvil nuevo

¿Conviene gastar plata en mejorar un motor viejo o invertir en un auto nuevo? Esta pregunta, de creciente repetición en el mundo empresario, también planea en el justicialismo. Y en ese núcleo político, el principal del país, el interrogante desata posiciones diversas, matices distintivos. Y hasta enfrentamientos. Conviene observar lo que los acerca y lo que los divide.

Nítidamente, por intereses y proyectos, hay varios candidatos que piensan con la mirada en su futuro presidencial. Por lo menos, el cuadro se fracciona obviamente en 6 nombres para el apetecido cargo: Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann, Carlos Ruckauf, José Manuel de la Sota y algún conspicuo del Frente Federal (Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Juan Carlos Romero y Rubén Marín). Con esa mira, hoy unos guardan silencio ante la precipitación de la crisis (caso Duhalde), otros reserva porque deben congeniar con el gobierno nacional políticas y aportes (De la Sota y Reutemann), hay quienes objetan y negocian en un vaivén desesperado por sus urgencias presupuestarias (Ruckauf), también los que por administrar una provincia sólida proceden con autonomía (Rodríguez Saá) y los que sin apremios por tener poco o nada a cargo manifiestan su opinión con extrema libertad (Menem y Puerta).

Además de estos intereses, existen otros pleitos, situaciones de índole personal que en apariencia sólo podrán resolverse en la medida en que uno pueda imponer su voluntad a otro. En este caso, es notoria la distancia abismal, casi ideológica, que separa a Menem de Duhalde, y viceversa. El resto, para ser justos, mantiene pugnas pero no las manifiesta con tanta intensidad.

Se registran además oposiciones en la interpretación del tiempo: está claro que la situación de emergencia que atraviesa la provincia de Buenos Aires -hoy con dificultad cierta para pagar los sueldos si no recibe un auxilio del gobierno nacional-lo obliga a Ruckauf a actuar con más aceleración política (vincularse con sectores más desestabilizadores, tipo Hugo Moyano, aunque nadie sabe si realmente lo controla al sindicalista). Partidario de invertir en un auto nuevo.

Otros gobernadores exhiben dificultades menos angustiantes, ninguna con carácter de catástrofe, por lo tanto no comparten ese criterio de «aquí, ahora, ya». Temen en consecuencia por no poder afrontar las cuotas por un nuevo vehículo y se inclinan por asistir el viejo motor con la convicción de que tal vez puede recorrer kilometraje hasta 2003. Mucho más en las antípodas se encuentra Menem, quien además de razones institucionales para sostener a Fernando de la Rúa, no puede escaparse de otra realidad: si se trunca el actual proceso, el ex mandatario no podría postularse a la sucesión. Al menos, sería discutible esa posibilidad y lo debería zanjar la Corte Suprema. Como se sabe, Menem puede volver a la Presidencia si se cumple el «período» completo de De la Rúa; es de controversia en cambio si este «período» no dura 4 años. Juan Perón, por ejemplo, fue elegido por cuatro años en 1973 porque se consideró que con 43 días de Héctor Cámpora se había completado su mandato.

De ahí los criterios dispares de uno y otro. Menem a favor del actual sistema de ley de acefalía (nombrar transitoriamente al vice, Puerta en este caso, y dejar que la Asamblea Legislativa se pronuncie a favor de alguien con cargo electivo que complete el mandato), mientras Ruckauf estima que al margen de ocupar él esa vacancia más le interesaría una nueva ley que permita llamar a elecciones generales. En este método, también discrepa con De la Sota, impulsor del proyecto del senador cordobés Nicolás Di Cola que plantea la convocatoria a comicios generales con ley de lemas si se pierde la cabeza del Ejecutivo. Más que este método, Ruckauf se inclinaría -en el caso de acefalía-por imponer inter-nas dentro del justicialismo (45 días), para luego sí ir a elecciones con un único candidato (otros 45 días). Entre tanto, el gabinete de transición podría formarse con hombres de los dos partidos surgidos del Congreso, según le atribuyen. Como se advertirá, el gobernador bonaerense apuesta a que las encuestas presuntamente lo favorecen para ganar, alia-do a Duhalde, en esa confrontación del justicialismo.

•Pregunta

Las conductas peronistas, entonces, hay que ubicarlas en este contexto, del que poco se habla en público pero mucho en tertulias privadas. Tanto en el plano político como en el sector empresario, quienes con alguna visión más mediata -como ocurrió hace 5 días con la media docena de empresarios argentinos más importantes del país-se preguntaron: si todo fuera bien, se negociara el canje externo, hubiese un acuerdo político y se elaborara un presupuesto razonable a las demandas del FMI, ¿cambiarán las condiciones económicas de la Argentina? Menos respuestas que para el cambio o no del motor.

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