La Cámara de Diputados mantiene un récord desde el 10 de diciembre: el de la cantidad de bloques, que alcanzan a 39 reconocidos a la fecha, un número que impide, entre otras cosas, obtener consensos generalizados o reducir gastos.
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Semejante prodigalidad estructural -equivalente a una escudería con empleados y oficinas por cada 6,5 legisladores- deriva en que no haya suficiente tiempo para exponer tantos puntos de vista, tal cual sucedió en la última sesión del cuerpo, cuando sectores de izquierda y de la transversalidad oficialista terminaron por retirarse disconformes del recinto porque, según denunciaron Alicia Castro, Miguel Bonasso, Luis Zamora y otros, les cortaron el micrófono (ver aparte).
De acuerdo con el reglamento, a cada bloque, aun cuando fuese unipersonal como sucede en la mayoría de estos casos, le corresponde 30 minutos para exponer en la sesión, un exceso de tiempo y de saliva. Y no hay discriminación entre el PJ, que ronda el quórum propio de 129 diputados, e Izquierda Unida, que apenas cuenta a Patricia Walsh como jefa y solitaria animadora.
Si no se altera esta cláusula, los discursos de los casi 40 caciques de bancada, sin contar debates y otras alternativas (cuestiones de privilegio, interrupciones, mociones y hasta las intervenciones de los miembros informantes de las comisiones), insumirían 1.170 minutos, equivalentes a 19 horas y media, por cada ple nario. Algo insoportable para los diputados, que tendrían que dormir más de lo habitual en sus bancas, arrollados por colegas a los que no quieren prestar atención. No hay que imaginar el trabajo de taquígrafos, ya de por sí insalubre. Del público, en general, ni hablar.En estas circunstancias, cualquier votación relevante llevaríaun preámbulo de un día completo sólo para tantos e inconducentes speeches. Ni siquiera la conformación de interbloques modificó el panorama. Hay 5 en la actualidad: Federal (allí convive el grueso de los provinciales que siguen al neuquino Jorge Sobisch, Luis Patti y Ricardo López Murphy), Provincias Unidas (que comanda Adolfo Rodríguez Saá, escoltado por peronistas y radicales disidentes), ARI (núcleo de centroizquierda opositor a Néstor Kirchner), Desarrollo Federal (una facción cercana al lopezmurphismo y a Mauricio Macri) y Convergencia, del transversal Bonasso.
Los federales, de centroderecha, pueden jactarse del despliegue de sellos unipersonales. Disponen de 8, razón por la cual casi la mitad de la veintena de miembros del interbloque se presenta en versión solista, como Alberto Natale (PDP), Guillermo Cantini (Unión por Argentina), Guillermo Alchouron (Acción por la República), Gabriel Llano (PDMendoza), los correntinos Carlos Macchi (Partido Nuevo) y Gustavo Canteros (Proyecto Corrientes), Hugo Martini (Recrear) y Mauricio Bossa (UCeDé-Córdoba).
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